El resultado de ese viaje, al infierno de los miserables, es una serie de cuatro capítulos donde se recorre un camino de corrupción, torturas, muerte, robo, violaciones, abusos de menores y estafas públicas y a privados. En ese marco, el poder de turno que ejerció durante más de una década el kirchnerismo (2003-2015), intentó crear un mito, modelo Evita indígena, donde sólo había crimen. Sin la complicidad del Gobierno que hizo del latrocinio una forma de entender la vida y la política, el ascenso de Milagro Sala no hubiera sido posible, como recoge el docudrama. Tampoco, si el Poder Judicial y el Legislativo, hubieran cumplido con su deber, aunque siempre hay excepciones.
Ver ‘Jujuy desoído. Las víctimas de Milagro Sala’ es revivir la muerte a golpes de Luca Arias y recordar el correo de millones entre la Casa Rosada y ‘la mamita’ (así la llamaba algún Ministro). Darle al botón de ‘play’ significa volver a mirar esas casitas descuadradas que repartía la flaca como si fuera la evita indígena del siglo XXI. Recurrir a los subtítulos, cuando el que habla se atraganta de dolor, es ganar terreno a la verdad ocultada o tergirversada por ideologías falsas.
La verdad sobre lo que hizo, Milagro Sala y la Tupac, como se conoce, sin más, a aquella red mafiosa tejida en las entrañas de la pobreza, empezó a conocerse a partir del 2015, cuando la decadencia del Kirchnerismo se traduce en derrota en las urnas y el radical y actual gobernador, Gerardo Morales, gana las elecciones en Jujuy. Es, entonces, cuando se comienza a escribir, con esfuerzo, sudor, lágrimas y sangre, el gran desfalco al Estado y a los pobres.
Pablo Racioppi, director de otros documentales como ‘El Olimpo vacío’ (2013) y ‘El Diáologo’ (2014), consigue testimonios que parecían imposibles por el miedo, latente todavía. El terror a que ‘la flaca’ salga y vuelva a las andadas no se ha disipado. Sólo una persona habla con el rostro en la sombra. Los que conocemos Jujuy y Argentina sabemos que hay que ser muy valiente para ofrecer tu voz o poner la cara, en un documental histórico. Entre otras razones, porque la historia no ha terminado.
Lo que la cámara de Racioppi atrapa es, en definitiva, la renuncia del Estado a existir y su cesión a una mafiosa (de origen muy triste pero cruel y sanguinaria) convertida de facto en la gran ministra de Obras Públicas de Jujuy. El documental reconstruye ese espejo deformado donde una mujer pobre explota y sacrifica a los pobres en compañía del apellido Kirchner y en ausencia de la justicia.

