La amistad como un símbolo de amor,

EN TU SEMANA.

Mensaje  semanal del pastor  Héctor Contreras.

PARA:  EL GRAN SANTO DOMINGO . COM

Santiago 2:23 y I-Samuel 18:1-4.

¿Qué es la amistad, cómo se forja en las personas? Santiago declara en su carta que, cuando Abraham le creyó a Dios, le fue contado por justicia; siendo llamado también “amigo de Dios”, Santiago 2:23, que es nuestra primera cita del encabezamiento.

En su oración intercesora delante de Dios en favor de  sus pueblos, Judá y Jerusalén, el rey Josafat le recordó al Señor acerca de lo que era el significado de la amistad, diciéndole: “Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la descendencia de Abraham tu amigo para siempre?”, II-Crónicas 20:7.

Sería algo hermoso, maravilloso y deseable, que cada persona en el mundo fuera llamado amigo de Dios, tendríamos y viviríamos en un mundo muy diferente al actual. Al inicio, sobre este tema, utilicé dos  palabras: 1-) “amistad” y 2-) “cómo se forja ésta”.

La verdadera amistad es el fruto maduro de ese amor de lo eterno y verdadero que se da en la vida”, San Agustín de Hipona. Tengo un gran amigo, llegó a la Iglesia siendo un mozalbete, es decir, un jovencito entre 17 o 18 años de edad, sobresalía por encima de los demás.

Hablaba muchísimo, era extremadamente extrovertido; entiendo que aún lo es.

Recuerdo que cuando le saludaba con un estrechón de manos, siempre realizaba un chasquido con su dedo pulgar, porque se creía poseer muchas fuerzas y por ende, le puse el sobrenombre de: “El alicate”.

Como la amistad de Abraham con Dios, como la que describe San Agustín como “fruto maduro”, nuestra   amistad aún perdura en el correr del tiempo.

Fui invitado por la Sociedad de Jóvenes de nuestra Iglesia en “Las cañitas”, Sabana de la Mar, con el propósito de impartir allí un estudio bíblico.

Le pedí que me acompañara, porque él tenía un carro de los denominados “cepillo”, color verde botella. El estudio estaba programado para las 08:00 de esa noche,       que era sábado. Salimos del Ensanche 0zama alrededor de las 03:00 de la tarde.

Fue un viaje placentero para nosotros, hasta que, unos kilómetros antes de llegar a Hato Mayor, el motor del carro comenzó a fallar. Nos detuvimos y, al observar el motor y chequearlo, pudimos notar que el coil estaba caliente, originando esto el calentamiento y fallas del motor.  

Como pichón de mecánica que soy, buscamos agua en uno de los vecinos cercanos en donde nos habíamos detenido y enfriamos el coil con paños húmedos.

Arrancamos de nuevo, al llegar a Hato Mayor, hicimos lo mismo y así, sucesivamente, continuamos nuestro viaje. Ya de noche, se nos apagó de nuevo el motor del carro, esta vez en plena Cordillera Oriental, siendo aproximadamente las 7 o 7:30 de la noche.

No había luna con la que pudiéramos ver algo a nuestro alrededor, solamente estrellas y el croc croc de las ranas, el ruido estridente de las chicharras y grillos; ya no teníamos   agua, porque se había agotado.

A la distancia, en medio de la oscuridad que nos rodeaba, pudimos escuchar el correr de las aguas de un pequeño riachuelo.

Nos adentramos por las malezas de aquel monte, hasta localizar aquel riito bendito, para que así pudiéramos llenar los dos potes plásticos que teníamos y regresar al vehículo, haciendo la misma ceremonia de enfriamiento.

Llegamos a Sabana de la Mar muy avanzada la noche, por lo tanto, no pudimos cumplir con nuestro compromiso con la Iglesia de Las Cañitas. Esto fue mis amados  del Señor, en el año 1987.

Han pasado días, semanas, meses y años desde aquel entonces. ¿A dónde quiero llegar con esta historia del pasado? Escribí al principio sobre “forjar”.

Para forjar una pieza, esta debe pasar por el fuego, el herrero debe tomarla con una tenaza y golpearla sobre un yunque, a veces una gran prensa hidráulica o un martillo, hasta llevarla a la dimensión de lo que solamente el herrero puede saber la forma en que está concebida o dibujada en su mente.

La amistad se va forjando con el tiempo, por supuesto, manteniendo siempre la distancia y el respeto mutuo como amigos, sabiendo entender que cada persona es diferente a la otra.

Esto también nos lleva a conservar y respetar el derecho o los derechos del uno y del otro. La amistad de Abraham con Dios, lo llevó a ser llamado: “El padre de la fe”, también se le bautizó con el nombre de que en él “serían benditas todas las naciones de la tierra”; todo porque obedeció a la voz de Dios cuando le ordenó sacrificar a su hijo Isaac, Génesis 22:1-18

El relato bíblico del encabezamiento de I-Samuel 18, nos muestra el significado de lo que representa una verdadera amistad. Dice al final del verso uno, que el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. Esta amistad les llevó a formalizar un pacto, al final, este pacto condujo al joven Jonatán a quitarse su manto, otras ropas, su espada, el arco y por último, su talabarte.

Con este gesto, Jonatán estaba traspasando a David, su amigo, todo el derecho de sucesión al trono de su padre Saúl. El pacto de amistad entre entre estos dos jóvenes, llegó tan lejos que, Jonatán, en contra de su mismo padre y en favor de su gran amigo David, llegó a decir: “Si mi padre intentare hacerte mal, Jehová haga así a Jonatán, y aun le añada, si no te hiciere saber y te enviare para que te vayas en paz. Y esté Jehová contigo, como estuvo con tu padre. Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera”, I-Samuel 20:13-14. La verdadera amistad nos lleva muchas veces al sacrificio personal para beneficio del amigo. Jonatán entendió en su espíritu interior, que su amigo David llegaría al reinado de Israel.

Por eso él dijo: “Cuando Jehová haya cortado uno por uno a los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de Jontán sea quitado de la casa de David. Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David. Y Jontán hizo jurar a David otra vez”, I-Samuel 20:15-17

Mucho tiempo pasó para que David llegara al reinado de su pueblo Israel. Estando establecido ya como rey, recordó el pacto y alianza con su gran amigo  Jonatán. Dijo David: “¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia?II-Samuel 9:1. Había un hombre que conocía acerca de aquella pregunta. El mismo fue invitado por el rey David y al llegar le informó acerca de un hijo de su amigo Jonatán. El nombre del hijo de su amigo era “Mefi-boset”.

Este, después de la muerte de su padre, fue acogido por la comunidad de Maquir, en Lodebar. Este lugar, Lodebar, era una comunidad inhóspita, donde se refugiaban los endeudados, los despojados, acosados, perseguidos y golpeados por el azote mismo de la vida. Cuando mataron a su abuelo Saúl y a su padre Jonatán, Mefi-boset tenía la edad de 5 años. A la muerte de sus familiares, la joven nodriza que lo atendía, salió huyendo de la casa al suceder la matanza del rey y su familia. En su carrera, se le cayó el niño, es decir, Mefi-boset, quedando lisiado de ambos pies. 

Hasta Lodebar llegaron y el significado de este nombre es: “Tierra de miseria y dolor”. Desde allí fue enviado a buscar por el rey David y, estando ya   ante el rey, le dijo estas palabras: “¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”, II-Samuel 9:8. De Lodebar, tierra de miseria y dolor, pasó Mefi-boset a vivir y comer en la casa y la mesa del rey en Jerusalén

David le devolvió todo lo que era de sus antepasados, cumpliendo así con lo pactado con el padre de este joven, hijo de su amigo Jonatán. ¡Maravilloso es Dios! Hoy, ahora y en este tiempo, Dios quiere sacarte a ti de Lodebar, tierra de miseria y dolor; entendiendo que, no estando  tú en miseria, mucho menos en dolor, pero si posees cargas que te convierten en una persona miserable, porque no has podido encontrar la ayuda, el soporte o la dirección para salir del lugar en que hoy te encuentras y sólo Dios puede darte la dirección para llevarte a la cúspide más alta que puedas llegar. Es un tiempo maravilloso para llegar hasta el palacio real y sentarte junto al Rey, esta vez no es David, sino el Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo, el Hijo de Dios.

De la amistad de Abraham con Dios, pasó de ser llamado  Abram, que significa “Patriarca” o padre “Supremo”, a ser “Abraham”, que significa en el idioma hebreo: “Padre de muchedumbre de gentes”. Génesis 17:5.

La amistad de David y Jonatán, al final del tiempo, después de la muerte de sus progenitores, Mefi-boset, el único sobreviviente de la familia real, de estar en tierra de “Miseria y dolor”, pasó a ser parte del reino del amigo de su padre. En cuanto a mi y mi amigo, nuestra amistad se solidifica en la medida en que pasa el tiempo.

Este tiempo, parecido al lugar donde vivió el hijo de Jonatán, donde existe un mundo lleno de miseria espiritual, en lo humano, miseria, estrechez, hambre, muertes por doquier, violaciones de niñas y niños, adolescentes, asesinatos de mujeres por sus ex-parejas o maridos; en medio de todo esto, amados del Señor,, amigos, familiares todos, existe una esperanza viva.

Lo único que se necesita es afianzar nuestra fe, nuestra esperanza en el único que puede llevarnos a alcanzar una vida plena, llena de amor, de gozo y bendición y es, en Jesucristo el Señor. ¡A Él sea la gloria por los siglos de los siglos!. Antes de finalizar este mensaje, debo destacar que, además del amigo de la historia, tenía dos más, digo que tenía, porque uno de ellos partió con el Señor cuando el Covid 19, fué muy doloroso para mi. El otro, aún seguimos compartiendo nuestra amistad, que también viene desde los años 70, por allá en Barahona. ¡Dios es Bueno

Les bendigo en Cristo Jesús, mis amados del Dios Viviente.

 

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