La cruzada de la Supercopa de España

La celebración de la Copa de Asia en Arabia Saudí, del 7 de enero al 5 de febrero de 2027, había dejado cierto atisbo de una posible vuelta de la Supercopa de España a terreno español, con Madrid, Barcelona o La Cartuja como escenarios que podían aparecer en el debate, aunque no constaba ninguna candidatura española oficial.

La Real Federación Española de Fútbol ya se ha encargado de borrar de un plumazo esas expectativas. La RFEF sacó un comunicado esta semana confirmando la celebración de la Supercopa en Turquía. El torneo se celebrará en el Estadio Olímpico Atatürk de Estambul, del 2 al 7 de febrero de 2027, y contará con Barcelona, Real Madrid, Real Sociedad y Atlético de Madrid como contendientes.

Y hablando de cruzadas, el destino elegido por la RFEF no puede resultar más curioso. La actual Estambul, entonces Constantinopla, fue protagonista de uno de los episodios más célebres de la Cuarta Cruzada. Aquella expedición había nacido con Jerusalén como gran objetivo, pero terminó desviándose de su camino original en medio de problemas financieros e intereses comerciales venecianos hasta acabar en Constantinopla, conquistada y saqueada por los cruzados en 1204.

Más de ocho siglos después y salvando todas las distancias, la cruzada de la Supercopa también parece haberse desviado de su camino original con los intereses económicos nuevamente como uno de los grandes protagonistas. Un título español que durante décadas se disputó en España acabó marchándose a Arabia Saudí y, cuando las circunstancias abrían una oportunidad para volver a casa, ha terminado desembarcando precisamente en Estambul.

La RFEF no ha publicado cuánto percibirá por esta edición en Turquía, pero sí ha dejado claro cuál es uno de los argumentos fundamentales de la elección: mantener los beneficios económicos que genera la competición.

El órgano español tenía la oportunidad de volver a probar la Supercopa en España, debido a no poder celebrarla en Arabia Saudí, pero el dinero llama al dinero y Estambul permitirá mantener los beneficios económicos que genera actualmente la competición, según la propia Federación.

El argumento de la RFEF es de peso, debido a las cantidades ingentes de dinero que perciben por la celebración de este evento fuera del territorio español. Un dinero seguramente mal repartido y que llega a cuentagotas donde más se necesita, pero como argumento tiene mucho peso.

Y después están los mayores perjudicados: los aficionados, los que más se quejan de este exilio de un título nacional. Los más perjudicados son cada vez más veces los que menos importan a la RFEF y a los equipos, los cuales suelen estar calladitos —pocos clubes se han quejado hasta hoy— debido a la cantidad que perciben o pueden llegar a percibir si juegan la Supercopa de España.

 

Los propios participantes reciben una compensación económica por disputar el torneo, algo que ayuda a entender el escaso enfrentamiento institucional contra este modelo. Que no nos engañe nuestro presidente y/o entrenador de turno.

La federación gana más, los clubes ganan más, pero el aficionado es el que pierde. Es el cuento de nunca acabar con el fútbol moderno, que cada día se parece más a la sociedad y vida de ahora y menos al fútbol que nos enamoró antaño. @mundiario