La extraña meritocracia que aplica Mourinho con Mbappé y Vinicius

A escasos minutos de que eche a rodar el balón en el Santiago Bernabéu entre el Real Madrid y el Villarreal, el once inicial blanco ha detonado un auténtico seísmo deportivo. José Mourinho ha sacudido la pizarra con una decisión de impacto al concederle la titularidad a Yan Diomande en detrimento de Vinicius Jr. La suplencia del astro brasileño rompe una jerarquía ininterrumpida que se prolongaba desde el pasado 4 de abril, fecha en la que fue relegado al banquillo por última vez.

La determinación del técnico portugués despierta tantas suspicacias como debate en el entorno madridista por la evidente asimetría en su baremo de exigencia. Mientras el estratega de Setúbal saca pecho y exhibe mano dura sentando a Vinicius, la vara de medir parece relajarse por completo cuando se trata de Kylian Mbappé. El doble rasero del entrenador luso deja expuesta una política disciplinaria selectiva que chirría dentro del vestuario de Chamartín.

El agravio comparativo cobra mayor gravedad si se repasan los recientes episodios protagonizados por el atacante galo durante la ventana internacional. Mbappé limitó al máximo su participación en los compromisos de la Nations League alegando molestias físicas; sin embargo, poco después fue cazado de fiesta junto a la actriz Ester Expósito y paseando en bicicleta por la vía pública. Se trata de actividades de ocio que el propio Mourinho había vetado de forma tajante en su código de conducta interno, pero que en el caso de Kylian han sido pasadas por alto bajo el socorrido argumento de un supuesto permiso del club.

Así se articula la particular meritocracia del técnico portugués en esta segunda etapa en la capital española. Los comentarios satíricos en redes sociales que retratan a Mbappé como el verdadero jerarca y mandatario del vestuario cobran cada vez más fuerza y verosimilitud, con independencia del nombre que Florentino Pérez siente en el banquillo. Nadie discute que Vinicius atraviesa un momento de forma discretísimo y alejado de su techo competitivo, pero la condescendencia mostrada hacia los deslices del astro francés demuestra privilegios inaceptables para el resto del grupo.

La gran incógnita que sobrevuela Chamartín reside en averiguar qué ha sido de aquel sargento de hierro inflexible que prometía mano dura para gobernar los egos del vestuario merengue. Lejos de actuar como un general despiadado de la Segunda Guerra Mundial, este Mourinho se parece bastante más a un pacificador al estilo de John Lennon a la hora de lidiar con su máxima estrella. La suplencia de Vinicius puede ser una llamada de atención táctica, pero la impunidad de Mbappé evidencia que en el Bernabéu sigue habiendo intocables por decreto.

Bernardo ni por asomo y Curella pierde su pulso con Carreras

De nuevo José Mourinho apuesta por el hormigón en lugar de los pinceles para sostener el andamiaje del Real Madrid. Pese a que las previsiones del diario As situaban a Bernardo Silva como el director de orquesta idóneo junto a Aurélien Tchouaméni, el preparador portugués ha preferido archivar la sutileza. En su pizarra manda la coraza: el despliegue incombustible de Fede Valverde volverá a escoltar al tanque francés en una medular concebida para la refriega antes que para la pausa.

La sacudida en el once no termina en la sala de máquinas. En el lateral izquierdo, el técnico luso ha propinado otro golpe de timón al dejar a Marc Cucurella en el banquillo. El campeón del mundo, que aterrizó en Chamartín con el cartel de fichaje estrella para adueñarse de esa banda, ha perdido el pulso frente a Álvaro Carreras, quien saltará de inicio ante el Villarreal para asumir la marca en una de las parcelas más comprometidas del choque.

La decisión de relegar al catalán puede explicarse, en parte, por el peaje físico derivado de su intensa actividad durante el reciente parón internacional. Sin embargo, no deja de sorprender que en una cita de máxima exigencia liguera, donde cualquier tropiezo dinamita la persecución al líder, Mourinho prefiera fiar su suerte al teórico suplente antes que a su flamante incorporación veraniega.

El mensaje que trasciende desde el vestuario blanco es diáfano: en la corte de The Special One los galones no se compran con traspasos rimbombantes ni con reputación previa. El técnico prioriza las piernas frescas, la obediencia táctica y la agresividad en el duelo individual por encima de cualquier consideración estética o estatus de mercado.

Frente al Submarino Amarillo, el Madrid no saldrá a encandilar con violines ni con posesiones eternas; saldrá con el cuchillo entre los dientes y blindado de arriba abajo. Porque cuando la presión aprieta y el margen de error no existe, Mourinho nunca se disfraza de poeta: prefiere levantar un búnker inexpugnable y ganar la guerra desde las trincheras.@mundairio