La guerra ya no se libra solo en Ucrania: estas son las zonas de Europa bajo presión rusa

Durante años, Europa ha observado las operaciones atribuidas a Rusia como episodios aislados: un ciberataque, una interferencia de GPS, un sabotaje o una incursión aérea. Pero la acusación formulada por Alemania tras el incidente con drones explosivos en Leipzig apunta a una evolución mucho más inquietante.

Berlín considera que Moscú está utilizando herramientas capaces de causar daños dentro del territorio europeo mientras mantiene una distancia suficiente para dificultar una respuesta militar directa. La reacción alemana, respaldada políticamente por la UE y la OTAN, refleja precisamente el problema: determinar hasta dónde puede llegar Rusia sin provocar una confrontación abierta con la Alianza.

La llamada guerra híbrida ofrece al Kremlin esa zona de ambigüedad. No pretende necesariamente ocupar territorios, sino elevar los costes para sus adversarios, generar incertidumbre y comprobar cuánto tardan en reaccionar.

El flanco oriental es el principal campo de pruebas

Polonia y los países bálticos aparecen entre los escenarios más delicados. Estonia, Letonia y Lituania están expuestos a campañas de desinformación, sabotajes y ataques digitales que buscan erosionar la confianza en las instituciones y poner a prueba la cohesión de la OTAN.

Polonia, por su parte, se encuentra en una posición especialmente sensible por su proximidad a Rusia y Bielorrusia. Varsovia ha acelerado el rearme y está reforzando sus fronteras ante la posibilidad de que una crisis híbrida desemboque en una confrontación convencional.

En el norte, Finlandia y Suecia han cambiado también su concepción de seguridad tras incorporarse a la OTAN. El Ártico, el mar Báltico y determinadas islas estratégicas podrían adquirir una importancia creciente si Moscú intenta dificultar el movimiento de tropas y suministros aliados.

Rumanía tampoco queda al margen. Su posición frente al mar Negro la convierte en un punto relevante para las comunicaciones militares y energéticas de la Alianza. Los incidentes con drones y la proximidad del conflicto ucraniano elevan el riesgo de nuevas acciones en la denominada zona gris.

Moldavia puede convertirse en el eslabón más vulnerable

Fuera de la OTAN, Moldavia presenta un escenario todavía más complicado. Rusia dispone de una herramienta de presión especialmente sensible en Transnistria y puede combinar influencia política, presión energética, desinformación y operaciones encubiertas.

Para Moscú, frenar el acercamiento de Chisináu a la Unión Europea tendría un valor estratégico que va más allá del propio territorio moldavo. También serviría para demostrar que Rusia conserva capacidad de influencia en el espacio postsoviético.

El patrón podría repetirse en otros países europeos: interferir en procesos electorales, alimentar la polarización, atacar infraestructuras críticas o utilizar redes criminales para ejecutar operaciones difíciles de atribuir directamente al Kremlin.

El objetivo, por tanto, no tendría que ser conquistar nuevos territorios. Bastaría con conseguir que los gobiernos europeos gasten más en seguridad, sufran mayor presión política y comiencen a desconfiar unos de otros.

Ahí reside el mayor riesgo para Europa. Si Rusia logra provocar respuestas diferentes entre los aliados, habrá conseguido algo que una operación militar convencional difícilmente podría garantizar: abrir una grieta en la unidad occidental sin necesidad de declarar una guerra a la OTAN. @mundiario