El fútbol de élite tiene una extraña capacidad para reinventar a aquellos futbolistas a los que muchos dan por amortizados antes de tiempo. En una época donde los laterales parecen obligados a elegir entre el repliegue robótico o la carrera desbocada sin criterio, João Cancelo sigue reivindicando la figura del carrilero anárquico, creativo y determinante en el último tercio del campo. Lo que está protagonizando el internacional portugués en este inicio de otoño no es un simple repunte de confianza, sino una auténtica eclosión realizadora que redefine por completo su impacto en los esquemas tácticos de Hansi Flick.
La incertidumbre que rodeaba el lateral zurdo del FC Barcelona en la antesala del choque europeo parecía justificada. La irrupción meteórica de un joven talento como Xavi Espart, que venía adueñándose prácticamente de la titularidad en la competición doméstica, generaba un bendito dilema en el banquillo culé. Sin embargo, Flick ha sabido gestionar con bisturí la abundancia de recursos: mientras el descaro y la frescura de Espart custodian el torneo de la regularidad, la jerarquía, el empaque y el oficio de Cancelo se han convertido en la brújula elegida para navegar por las exigentes noches de Champions League.
El técnico germano no solo ha encontrado en el luso a una garantía posicional, sino a un recurso desatascador de partidos de máxima tensión. La confianza de un preparador de la exigencia de Flick nunca es una dádiva gratuita; se conquista a base de rigor defensivo y de ese factor diferencial en ataque que los grandes estrategas valoran como oro en paño. Cancelo ha ido acumulando sensaciones, ganando presencia en el once y devolviendo cada minuto con una productividad que roza registros históricos para un zaguero.
El empate frente al Galatasaray en el infierno turco fue la confirmación categórica de este idilio. Cuando el conjunto de Estambul mordía con una intensidad asfixiante que amenazaba con descarrilar el plan blaugrana, emergió la frialdad de João para cambiar el rumbo del encuentro al borde del descanso. Aprovechando una asociación milimétrica nacida tras la internada de Lamine Yamal y la cesión medida de Dani Olmo, Cancelo apareció en el balcón del área para colocar el balón con el interior de su bota diestra en una definición digna del delantero más cotizado del mercado.
Ese tanto no fue una casualidad aislada, sino el cuarto eslabón de una racha descomunal y sin precedentes en su carrera. Jamás en su trayectoria profesional el zaguero había encadenado cuatro dianas en un lapso de tiempo tan estrecho como este último mes. Su pólvora ya había prendido fuego frente al Racing de Santander con un zapatazo marca de la casa, y el parón internacional con Portugal solo sirvió para ratificar su idilio con la red, firmando tantos decisivos tanto frente a Dinamarca como contra Noruega en las primeras jornadas de octubre.
Un registro para la historia y la madurez táctica en Can Barça
El instinto ofensivo de Cancelo siempre ha sido su rasgo identitario más reconocible, pero lo que vemos ahora es una madurez quirúrgica de cara a la meta rival. Aquel lateral que deslumbró bajo la tutela de Pep Guardiola en el Manchester City —con nueve goles y más de una veintena de asistencias en su cuenta— o que firmó cuatro dianas en el Barça de Xavi Hernández, ha dado un salto cualitativo. Con ocho tantos acumulados en su etapa como culé, su peso en la producción ofensiva del equipo compite de tú a tú con la de los atacantes de primera línea.
A esa cifra realizadora hay que sumarle una visión de juego que continúa intacta cada vez que cruza la línea divisoria. Su vocación no se agota en el disparo; sabe cuándo pausar, cuándo profundizar y cuándo actuar como generador puro, tal y como demostró arrancando como titular frente al Feyenoord con una asistencia que abrió el camino del triunfo. Cancelo no interpreta el carril como un límite geográfico, sino como un punto de partida para desordenar cualquier estructura defensiva contraria.
Su romance con la máxima competición de clubes adquiere, además, tintes de club selecto y prestigio continental. Con su acierto en tierras turcas, Cancelo ha logrado el registro de marcar en la Champions League defendiendo la camiseta de tres escuadras de peso: una diana con el Valencia, tres con el City y tres con el escudo azulgrana, sumando siete festejos en la cumbre europea. Son números que retratan a un futbolista con personalidad sobrada para los escenarios donde la pelota más quema y las pulsaciones se disparan.
La gestión de vestuario de Hansi Flick encuentra en esta resurrección un refuerzo mayúsculo para sus aspiraciones en todos los frentes. Lejos de alimentar un debate estéril sobre titularidades fijas, la sana competencia entre Cancelo y Xavi Espart eleva el techo competitivo de la plantilla. El Barça dispone ahora de un lateral con colmillo de ariete que ofrece soluciones cuando los circuitos habituales de ataque se colapsan, regalándole al preparador germano una variante táctica letal.
El momento de João Cancelo invita al optimismo más desbordado en Can Barça. Su versión actual combina la experiencia de quien ha transitado por los campeonatos más duros de Europa con el entusiasmo renovado de un futbolista que se siente protagonista absoluto de un proyecto ganador. Desatado, certero y con la puntería más afilada que nunca, el portugués ha dejado de ser únicamente un recurso de desborde por la banda para erigirse en un goleador insospechado que no para de derribar sus propios récords.@mundiario
