El Liverpool vive uno de esos momentos en los que el ruido exterior empieza a pesar tanto como los problemas internos. La derrota por 4-0 ante el Manchester City en la FA Cup no solo supuso una eliminación dolorosa, sino que abrió una grieta evidente entre el equipo y parte de su afición. El síntoma más claro fue ver a los ‘supporters’ abandonar el Etihad antes del final, una señal inequívoca de ruptura.
Arne Slot es el principal señalado. El técnico neerlandés, que llegó con la misión de dar continuidad al proyecto, se encuentra ahora cuestionado por la falta de respuesta del equipo en partidos clave. La imagen ofrecida ante el City, sin intensidad ni reacción, ha encendido las alarmas. Incluso en la grada ya se escucha el nombre de Xabi Alonso, una sombra incómoda que crece con cada tropiezo.
El vestuario tampoco es ajeno a la situación. Virgil van Dijk, capitán del equipo, reconoció tras el partido que “decepcionaron a la afición” y que el momento es “muy duro” a nivel mental. La autocrítica refleja un grupo tocado, que ha perdido la solidez que le permitió conquistar la Premier la temporada pasada y que ahora transmite dudas en cada línea.
En lo futbolístico, el bajón es evidente. Mohamed Salah, referente ofensivo durante años, atraviesa un momento preocupante, desconectado y sin impacto. El sistema que parecía funcionar semanas atrás se ha desmoronado, especialmente por las debilidades defensivas. Ni Slot ni sus jugadores han logrado encontrar soluciones a un equipo que concede demasiado y genera cada vez menos.
El calendario no da tregua. La eliminatoria ante el PSG y el inminente derbi frente al Everton marcarán el futuro inmediato del proyecto. Más allá de los resultados, lo que está en juego es la credibilidad de un entrenador que ya no tiene margen de error. En Anfield, la paciencia existe, pero no es infinita. Y ahora mismo, el Liverpool parece caminar sobre una línea demasiado fina. @mundiario
