La estrategia europea entra así en una nueva fase. Después de más de cuatro años de guerra, la UE ha impuesto 21 paquetes de sanciones y ha incluido a cerca de 3.000 personas y entidades en sus listas restrictivas. Sin embargo, cada nueva ronda resulta más complicada de negociar.
El principal obstáculo es la necesidad de mantener el acuerdo entre los Estados miembros. Las diferencias nacionales han reducido en ocasiones el alcance de las medidas. Grecia, Austria, Alemania, Portugal, Francia e Italia han defendido intereses propios durante las últimas negociaciones, obligando a modificar o limitar algunas propuestas.
Por eso, Bruselas estudia combinar los grandes paquetes con medidas centradas en sectores, empresas y personas concretas. El objetivo es evitar que las diferencias entre países terminen debilitando la respuesta común.
La Comisión Europea prepara además una nueva lista con alrededor de 1.600 nombres para la próxima reunión de ministros de Exteriores prevista en octubre. Paralelamente, trabaja para cerrar vías que permiten esquivar las restricciones actuales.
Las lagunas permiten mantener negocios con Rusia
Uno de los principales problemas para la UE está en el cumplimiento de las sanciones. Ucrania sostiene que ha localizado miles de componentes occidentales y asiáticos en armamento ruso utilizado durante la guerra.
Para Bruselas, impedir ese flujo se ha convertido en una prioridad. No basta con añadir nuevos nombres a las listas negras si las empresas rusas siguen teniendo acceso indirecto a tecnología, piezas y productos extranjeros.
La cuestión también afecta a los visados. El número de documentos expedidos a ciudadanos rusos ha caído de forma considerable desde el inicio de la invasión, pero todavía existen diferencias entre los Estados miembros sobre hasta dónde debe llegar la restricción.
La alta representante europea, Kaja Kallas, ha defendido revisar nuevamente esta política. Sin embargo, algunos gobiernos mantienen dudas jurídicas y políticas sobre nuevas limitaciones.
Mantener la unidad se convierte en el principal reto
La UE afronta ahora una contradicción. Quiere elevar el coste de la guerra para Moscú, pero necesita evitar que las disputas internas reduzcan la eficacia de sus decisiones.
El debate sobre los activos rusos congelados para financiar a Ucrania refleja esa dificultad. España, Suecia, Países Bajos y Polonia han intentado reabrir esta cuestión, aunque Bélgica mantiene importantes reservas.
El caso de Leipzig ha añadido presión al debate. Alemania ha señalado a Moscú por el supuesto ataque frustrado, mientras Rusia rechaza las acusaciones. Para los Veintisiete, el episodio refuerza la necesidad de responder también ante acciones que consideran parte de una estrategia de presión contra Europa.
La UE no parece dispuesta a abandonar las sanciones. El cambio está en la forma de utilizarlas. Bruselas apuesta por medidas más precisas, por cerrar las vías de evasión y por mantener una posición común que permita prolongar la presión sobre Rusia.
Las sanciones no han conseguido hasta ahora llevar al Kremlin a negociar el final de la guerra. Sin embargo, siguen teniendo un valor político: demostrar que los países europeos mantienen una respuesta coordinada frente a Moscú. @mundiario
