La Selección española ya se encuentra instalada en el lugar que por peso específico, plantilla y jerarquía le corresponde en la jerarquía internacional: el primer puesto de su sector. El combinado nacional ha cumplido con el expediente prioritario de la fase de grupos de la Copa del Mundo de 2026, asegurando un cruce teóricamente más benévolo en las rondas de eliminación directa. Sin embargo, el trayecto de la Roja en territorio norteamericano se ha completado con muchísima más efectividad que fútbol, quedando muy lejos de la excelencia y el brillo estético al que tiene acostumbrados a sus aficionados.
Gran parte de las dudas que orbitan alrededor del proyecto de Luis de la Fuente se concentran en la alarmante falta de fluidez que ha arrastrado la medular en las últimas jornadas. El juego de posesión y desgaste que caracteriza al ADN del equipo se ha visto seriamente resentido por el rendimiento marcadamente irregular de futbolistas llamados a dar un paso al frente, como el centrocampista del Barça Pedri González, quien no ha terminado de encontrar la regularidad necesaria para llevar las riendas de la creación en la zona de tres cuartos.
A este atasco monumental en las salas de máquinas se ha sumado un preocupante déficit de contundencia en los metros finales de la parcela ofensiva. El bloque español genera volumen de juego, pero se nubla por completo al pisar el área rival. La viva imagen de este bache futbolístico la encarna el delantero valenciano Ferran Torres, quien atraviesa una severa crisis de confianza de cara a portería. El atacante azulgrana se ha mostrado totalmente peleado con el gol, errando ocasiones manifiestas incluso en el corazón del área chica y dejando a España huérfana de pegada.
Por fortuna para los intereses del banquillo ibérico, este evidente cortocircuito en el engranaje ofensivo no ha llegado a traducirse en un problema mayor en el marcador gracias a la aparición providencial de la segunda unidad.
Ante los días grises de las teóricas referencias del ataque, la Roja ha encontrado sus particulares salvadores en el talento diferencial de Lamine Yamal, el colmillo competitivo de Mikel Oyarzabal y la pegada desde la media distancia del mediocentro Álex Baena, cuyas producciones realizadoras rescataron los puntos en los momentos de mayor incertidumbre.
Las «benditas» lesiones a la orden del día
Existe una corriente de opinión muy extendida entre los analistas que sitúa el gran problema de España en la sala de máquinas de su zona medular. No obstante, a pesar de que el rendimiento individual de Pedri y el del propio Rodri no han estado para lanzar cohetes en las últimas citas, la realidad táctica es muy distinta. El verdadero dolor de cabeza para el sistema de Luis de la Fuente no nace en la creación, sino en los costados: las «alas infernales» de la Roja han vivido mermadas desde que arrancó el torneo.
El factor diferencial que deslumbró al planeta fútbol se ha visto frenado en seco por la peor de las fortunas. Tanto Lamine Yamal como Nico Williams, los extremos titulares y piezas angulares del esquema ofensivo, han encadenado pesadillas médicas junto a sus teóricos relevos, Yeremy Pino y Vïctor Muñoz. Esta plaga de lesiones no solo ha roto el ritmo de la selección, sino que la gravedad de algunas dolencias amenaza seriamente la continuidad de alguno de ellos en el torneo.
Esta alarmante falta de efectivos en las bandas obliga a una lectura profunda del juego español. La conclusión es clara: España no se ha alejado de su mejor versión ofensiva por un fallo de motor en el centro del campo, sino por la alarmante falta de continuidad en el desborde. Sin la electricidad y el vértigo de sus extremos sanos, el juego se vuelve previsible, privando al equipo del factor sorpresa que desequilibra los partidos de máxima exigencia.
Es imposible no mirar atrás con cierta nostalgia al analizar el bache actual. Este mismo modelo de juego, basado en la velocidad pura y el uno contra uno por las bandas, fue el que tantas alegrías dio en un pasado sumamente cercano. De hecho, fue precisamente esa fórmula exterior la que alcanzó la excelencia absoluta y maravilló al continente durante la impecable conquista de la pasada Eurocopa, un listón que hoy parece lejano debido al parte médico.
El desafío para el cuerpo técnico es mayúsculo en lo que resta de campeonato. Luis de la Fuente se ve obligado a reinventar su pizarra o a buscar soluciones de emergencia para reactivar los extremos si quiere mantener vivas las aspiraciones del país. Solo recuperando el vuelo por las bandas, ya sea con la milagrosa recuperación de sus estrellas o con un cambio de dibujo forzado, podrá España recuperar la pegada y volver a postularse como la temible potencia que fue hace apenas unos meses. @mundiario
