La contundente victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt no ha provocado una reacción unánime entre las fuerzas de la derecha radical europea. Mientras Santiago Abascal y otras formaciones aliadas han recibido el resultado como una señal de que el viento político sopla a favor de sus posiciones, el Reagrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen ha optado por una comedida distancia.
La AfD obtuvo el 43,8 % de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional (Landtag), quedándose a tres diputados de la mayoría absoluta. El resultado la coloca ante la posibilidad de intentar formar el primer Gobierno regional encabezado por una formación clasificada como de extrema derecha en la República Federal. La BSW, la formación de izquierdas populista de Sahra Wagenknecht, con cinco escaños, puede convertirse ahora en una pieza decisiva.
El terremoto en Alemania, por tanto, trasciende Sajonia-Anhalt. También mide hasta qué punto las distintas familias de la derecha radical europea están dispuestas a compartir estrategia la misma estrategia de confrontación con el establishment, desde sus propias realidades.
La prudencia francesa no es casual. Hace dos años, el RN rompió con la AfD en el Parlamento Europeo después de las declaraciones del candidato alemán, Maximilian Krah, que aseguró no todo el que llevaba un uniforme de las SS de la Alemania nazi era “automáticamente un criminal”. El escándalo, desatado poco antes de las elecciones europeas, provocó una ruptura y la expulsión de los ultras alemanes del grupo europeo de Le Pen, Identidad y Democracia (ID), que se extinguió para dar paso a Patriotas por Europa (PfE), la familia política del ex primer ministro húngaro Viktor Orbán, presidido por Abascal.
Ambas formaciones terminaron integradas en grupos diferentes, y AfD decidió fundar la bancada de Europa de las Naciones Soberanas (ESN), la bancada ubicada más a la derecha de la Eurocámara. El delfín de Le Pen, Jordan Bardella, lo recordó recientemente en Cernobbio. El presidente del RN admitió que existían “desacuerdos” que habían llevado a su partido a tomar distancias con la formación alemana y descartó cualquier reconciliación inmediata: un acercamiento con la AfD, dijo, “no está previsto”.
Le Pen mantiene la distancia con Weidel
Bardella sí reconoció que el ascenso electoral de la AfD había ejercido presión sobre el Gobierno del democristiano Friedrich Merz y había contribuido a endurecer determinadas políticas, especialmente por la imposición de controles fronterizos. Pero esa constatación no se convirtió en una felicitación política.
Tras las elecciones de Sajonia-Anhalt, el silencio del RN ha sido todavía más significativo. La excepción ha sido el diputado Philippe Tanguy, que, sin reivindicar la victoria de la AfD, habló de un voto de hartazgo contra partidos tradicionales incapaces, a su juicio, de resolver la inmigración, la economía o el coste de la energía.
La cautela responde también a una cuestión estratégica. El RN aspira a llegar al poder en Francia y lleva años intentando transformar su imagen, alejándose de las posiciones y de la estética más extremas asociadas al legado de Jean-Marie Le Pen, padre de la actual líder del partido que lidera las encuestas de cara a las el. Vincularse demasiado estrechamente con la AfD —una formación alemana diversa que da cabida a dirigentes y discursos que han provocado fuertes controversias por su relación con la memoria del nazismo— podría dificultar ese proceso de normalización.
Vox sí ve una oportunidad para Europa
En España, el diagnóstico ha sido prácticamente el contrario. Abascal felicitó a Alice Weidel y a Ulrich Siegmund por el resultado y calificó el avance de la AfD como una “esperanza para Alemania y para Europa”. Jorge Buxadé, jefe de la delegación europea de Vox, insistió después en las coincidencias entre ambos partidos, especialmente en inmigración y en su oposición a determinadas políticas climáticas europeas.
Vox aprovechó además el resultado alemán para lanzar un mensaje a la derecha tradicional europea. La cuestión, según Buxadé, será comprobar si el Partido Popular Europeo (PPE) mantiene el veto a la AfD y si la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Merz busca cualquier fórmula alternativa para impedir que el partido de Weidel llegue al Gobierno regional.
La paradoja es que Vox y AfD ni siquiera comparten grupo en el Parlamento Europeo. Vox forma parte de Patriotas por Europa, mientras que la AfD lidera Europa de las Naciones Soberanas, situado más a la derecha del tablero comunitario. Pero las diferencias organizativas no han impedido que Vox celebre abiertamente el resultado alemán.
También Aliança Catalana se sumó a las felicitaciones. El partido de Sílvia Orriols considera desde hace tiempo a la AfD una formación próxima en cuestiones relacionadas con inmigración, identidad nacional y soberanía. Su mensaje tras las elecciones presentó la victoria alemana como una oportunidad para abrir una nueva etapa política en Europa.
Un ciclo electoral que mira hacia Francia, Italia y España
El entusiasmo de Vox no es aislado. Orbán presentó la victoria de la AfD como el comienzo de algo mayor. En Portugal, el líder de André Ventura (Chega) habló de un resultado histórico. En Italia, Matteo Salvini (Liga) lo interpretó como una expresión de la demanda de cambio, seguridad y empleo, mientras Roberto Vannacci (Futuro Nazionale) aprovechó el resultado para cuestionar que pueda calificarse de extremista a una fuerza respaldada por una parte tan amplia del electorado.
El fenómeno llega además en un momento especialmente sensible para Europa. Francia afrontará sus próximas presidenciales con el RN situado en una posición central del tablero; Italia se encamina hacia un nuevo ciclo electoral mientras Giorgia Meloni convive con fuerzas todavía más radicales a su derecha; y España afrontará también el camino a las elecciones generales, con Vox buscando consolidar su crecimiento y convertirse en un actor determinante para la formación de mayorías.
El resultado alemán, por tanto, no significa que la AfD vaya a gobernar automáticamente Sajonia-Anhalt. Le faltan tres escaños para la mayoría absoluta y necesita encontrar una fórmula de investidura. Pero sí ha cambiado el punto de partida de la política alemana y ha demostrado la magnitud de su capacidad electoral. @mundiario
