Los daneses han venido pagando unos de los más altos impuestos del mundo para financiar su sacrosanto estado de bienestar, que si bien es cierto ofreció a varias generaciones una protección única en el planeta, se ha convertido en una cadena para los nietos de aquellos privilegiados y hoy en día suscita una mayoritaria sensación de lastre en la ciudadanía. Tanto es así que la socialdemócrata Mette Frederiksen , que acaba de formar Gobierno con el Partido Liberal y los Moderados , ha presentado como principal objetivo de esta legislatura comenzar a desmontar un sistema «indiscutiblemente insostenible». Para empezar, planea una rebaja de impuestos de 5.000 millones de coronas danesas (672 millones de euros) para impulsar la economía y animar a los ciudadanos «a trabajar más». «Nos encontramos en un momento incierto en Dinamarca y en toda Europa y es necesario asumir responsabilidad y cooperar entre todos», dijo ayer durante la presentación de la nueva composición del gabinete de ministros. La coalición que une en un solo Ejecutivo al centro izquierda y al centro derecha del espectro político, ha sido precisamente bautizada como ‘Responsabilidad por Dinamarca’. Si hubiese que resumir el problema económico de Dinamarca en una grosera simplificación, podría decirse los daneses disponen de tantas ayudas que les faltan incentivos para trabajar. Esta situación, sumada a la demografía menguante, tiene consecuencias perversas sobre el crecimiento económico, pero también sobre la propia sostenibilidad del sistema. La escasez de mano de obra en los sectores de la sanidad y de la atención social copan a diario titulares y centraron la campaña electoral. Noticia Relacionada estandar No Frederiksen confirma que se apoyará en el centro para formar gobierno Rosalía Sánchez Los resultados de Groelandia permiten al bloque de centroizquierda, liderado por la socialdemócrata, obtener los escaños suficientes para confomar el ejecutivo con ayuda de los Moderados liberales «Estamos preparados para un proyecto de gobierno liderado por los socialdemócratas y que trabaje para proporcionar un aumento continuo del empleo en Dinamarca, de manera que podamos adquirir mano de obra cualificada que necesitan muchas industrias», aceptó durante las negociaciones para formar gobierno el ya exministro de Trabajo, Peter Hummerlgaard , a sabiendas de que la solución al problema pasa por un cambio radical. Los socios han pactado, de hecho, una reforma que «obligará a repensar el estado de bienestar desde cero», según el editorial del periódico danés Politiken. Eliminación de días festivos Serán reformados el sistema sanitario, el sistema educativo, el sistema tributario, el sector público y la Defensa. Incluso serán eliminados días festivos del calendario laboral para lograr una mayor productividad y ayudar a financiar los nuevos gastos militares. La nueva coalición ha dado la espalda, por otra parte, a los objetivos más ambiciosos en reducción de emisiones para 2030 y no introducirá el nuevo impuesto sobre CO2 a la agricultura, que según varios informes emite un tercio del total. Las medidas tienen como objetivo más urgente impulsar el crecimiento y aumentar la oferta laboral en 45.000 personas hasta 2030. «Creo desde hace tiempo que esto es lo que necesita nuestro país. Debido a las crisis actuales a las que nos enfrentamos, la inflación y una guerra en Europa, pero también porque tenemos que tomar decisiones que nos obligan a observar las cosas de manera diferente», justificó Frederiksen tras informar a la Reina Margarita II del acuerdo de coalición y tras reconocer que le programa de gobierno incluirá una extensa reorganización del sector público, con afán de reducirlo, que afectará especialmente a los hospitales. También ha sugerido que puede haber nuevos cambios en la política migratoria para facilitar la entrada de trabajadores extracomunitarios, en la línea de la reforma en la que trabaja también el gobierno de Alemania. No es que Dinamarca no haya intentado antes solucionar la escasez de mano de obra por la vía de la inmigración, pero las consecuencias resultaron contraproducentes para el sistema de bienestar y la problemática de la integración llevó a Frederiksen en su anterior legislatura a duras medidas, como la retirada de las ayudas sociales a los inmigrantes que se nieguen a trabajar 37 horas semanales , si es que llevan al menos varios años recibiendo subsidios. La medida iba dirigida especialmente a unas 20.000 mujeres: seis de cada diez mujeres inmigrantes, que proceden en su mayoría de Oriente Medio, Turquía, Pakistán, Afganistán y el norte de África, viven sin trabajar en Dinamarca. Frederiksen llevó a cabo además medidas de reubicación forzosa para lograr que en 2030 ningún distrito tenga más de un 30% de población inmigrante. Los efectos de las grandes reformas, sin embargo, tardarán en apreciarse. Antes de que se cumplan los largos procesos legislativos por delante, según el economista jefe de Nordea, Jan Storup Nielsen, «es posible que veamos un nuevo a umento del desempleo en los próximos meses debido a la crisis de la inflación». El problema perdurará también porque «en los próximos años, se espera que la población en edad laboral del os daneses nativos disminuya sustancialmente, y los vientos de cola de las pasadas reformas del mercado laboral hasta cierto punto se extinguirán», según el último informe del Banco Nacional de Dinamarca. Este lapsus pondrá a prueba a la nueva coalición. Y la última vez que gobernaron juntos socialdemócratas y liberales, en 1978, el experimento duró solamente ocho meses.

