El choque más rutilante y esperado del inicio de la campaña continental ya se vislumbra en el horizonte del Parque de los Príncipes. Paris Saint-Germain y FC Barcelona medirán sus fuerzas este martes en una fase de liga de la Champions League que adquiere tintes de final anticipada, sirviendo al mismo tiempo como escaparate inmejorable para Lamine Yamal a tan solo siete días de la coronación del Balón de Oro en Londres. El bando parisino encara la contienda condicionado por el peaje físico de su último compromiso doméstico, acusando la sensible ausencia de Nuno Mendes por problemas musculares, considerado el zaguero que con mayor solvencia ha conseguido maniatar las diabluras del atacante catalán en citas precedentes.
Lejos de encender alarmas o modificar su filosofía identitaria ante la baja de su cerrojo predilecto, Luis Enrique compareció en sala de prensa con su habitual discurso proactivo y desacomplejado. El preparador gijonés restó trascendencia táctica al hueco que deja el carrilero luso en el flanco izquierdo, argumentando que la fórmula idónea para desactivar el peligro rival pasa por privar al conjunto de Hansi Flick de la pelota. «La mejor manera de defender a Lamine es tener el balón. Sabemos que tienen a jugadores de mucha calidad. Raphinha, Cubarsí, Joan García», analizó con convicción el estratega español, dejando claro que no piensa refugiarse en su área.
El desafío para la retaguardia gala se presenta hercúleo ante los guarismos que adornan el arranque de curso del internacional español. Lamine Yamal aterriza en la capital de Francia luciendo una imponente tarjeta de presentación compuesta por 9 goles y 10 asistencias entre el torneo doméstico y la competición europea, desarmando defensas con una madurez impropia de su edad. Su candidatura al cetro dorado vivirá un examen de prestigio frente al vigente monarca continental, en una velada diseñada para calibrar si su desequilibrio también puede someter a la escuadra más poderosa del fútbol francés.
En sintonía con las advertencias del entrenador, el mediocentro portugués Vitinha compareció ante los micrófonos para respaldar el diagnóstico táctico y ensalzar la jerarquía del prodigio culé sin olvidar la fortaleza del bloque visitante. «Junto a Mbappé, Lamine Yamal es el mejor del mundo. Es increíble. Es interesante jugar contra él, pero no solo por Lamine. El Barça es un gran equipo, con grandes individualidades», argumentó el timonel luso, advirtiendo de que focalizar toda la atención defensiva en un único elemento abriría grietas mortales para el resto de la artillería blaugrana.
El emparejamiento depara una colisión de trenes en el momento de mayor plenitud deportiva para ambas entidades. La escuadra catalana aterriza en París con un pleno demoledor de once triunfos en sus once apariciones oficiales del curso (nueve jornadas de Liga y dos citas continentales), mientras que el PSG domina la Ligue 1 con autoridad tras superar las dudas del arranque y viene de exhibir una pegada brutal en su última noche europea pasando por encima del Manchester City.
La batalla por la posesión y el blindaje ante el clima de tensión social
Para Luis Enrique, el guion de la contienda se decidirá en la pugna directa por adueñarse de la medular y marcar el ritmo de circulación. El técnico asturiano puso especial énfasis en los lazos estilísticos que unen a ambos proyectos, volcados con descaro hacia el fútbol de posición: «La clave será controlar la posesión. Nos enfrentamos a un equipo con la misma mentalidad y filosofía que nosotros: jugar un fútbol atractivo y siempre buscando marcar. Veremos qué pasa mañana», sintetizó el asturiano, augurando un intercambio de golpes donde el conjunto que logre mandar con el esférico tendrá medio billete hacia la victoria.
Sin embargo, el espectáculo deportivo discurrirá rodeado por una atmósfera social sumamente enrarecida en territorio galo. Las calles de las principales urbes del país vecino vivieron el pasado fin de semana una oleada de violentas manifestaciones y disturbios callejeros, saldados con un balance oficial de 2.000 detenciones y más de 600 agentes policiales heridos, según el balance aportado por el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez. Las autoridades parisinas han ratificado la disputa del compromiso tras desplegar un perímetro de máxima seguridad en los aledaños del coliseo para prevenir réplicas de los altercados.
Requerido de manera insistente por los medios de comunicación acerca del convulso contexto que sacude a la capital francesa, Luis Enrique prefirió marcar una distancia tajante y circunscribirse a su estricta labor técnica en el banquillo. «No soy la persona adecuada para hablar de eso, solo soy entrenador de fútbol», despachó el gijonés con sequedad, eludiendo cualquier intromisión en el terreno político y concentrando todas las energías de la caseta en el apartado táctico.
El vestuario parisino asume que neutralizar el vendaval azulgrana sin Nuno Mendes obligará a un esfuerzo coral de ayudas permanentes. La velocidad de repliegue de los centrocampistas y la presión asfixiante sobre la salida de Pau Cubarsí se erigen en mandamientos indispensables para impedir que Lamine Yamal reciba en situaciones de ventaja espacial, donde su cambio de ritmo y precisión en el golpeo suelen dictar sentencia frente a las marcas escalonadas.
El Parque de los Príncipes acoge así una batalla sin reservas entre dos aspirantes con vocación de reyes continentales. Con Hansi Flick dispuesto a extender su racha triunfal antes de recibir al Real Madrid en El Clásico y Luis Enrique decidido a demostrar que la posesión es el mejor antídoto frente a las genialidades individuales, la Champions League se viste de gala para un pulso inolvidable donde el dominio del balón determinará quién impone su ley en la noche parisina. @mundiario
