Catorce días después de la entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos, Ceuta continúa en una situación excepcional. La cifra oficial de entradas ha ido creciendo hasta situarse en torno a las 80.000, aunque el número de personas que permanecen en la ciudad es mucho menor. El problema ahora consiste en determinar cuántas siguen allí, identificar a quienes tienen derecho a permanecer y ejecutar los procedimientos de retorno de quienes se encuentren en situación irregular.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha situado esa cifra residual en unas 5.000 personas y ha elevado a 1.898 los menores identificados. El dato contrasta con la estimación del Gobierno de Ceuta, que continúa manejando una horquilla de entre 8.000 y 11.000 personas.
La prioridad de Interior ha sido hasta ahora la identificación y el registro de los menores, pero el Gobierno pretende acelerar ahora la segunda fase de la respuesta. En el CATE de El Tarajal se ha reforzado el dispositivo y se han incorporado funcionarios de la Oficina de Asilo y Refugio. Marlaska asegura que ya se han resuelto más de 500 expedientes de protección internacional, en su mayoría desestimados.
El mensaje político del ministro ha sido particularmente contundente: “Ninguna persona que pretenda entrar irregularmente en Ceuta y Melilla, ninguno se va a quedar en Ceuta, ninguno va a ser regularizado”. Interior sostiene que quienes no tengan derecho a protección internacional serán devueltos a Marruecos y que quienes hayan cometido delitos podrán afrontar procedimientos de expulsión con mayor rapidez.
La cuestión decisiva, sin embargo, no es solo el anuncio, sino la capacidad administrativa para convertirlo en hechos. Una expulsión o devolución requiere identificar correctamente a la persona, determinar su situación jurídica y cumplir los procedimientos establecidos por la legislación española y las obligaciones internacionales. El propio refuerzo anunciado por Interior responde precisamente a ese cuello de botella: 20 agentes de la Brigada de Extranjería y Fronteras trabajarán en la tramitación de expedientes y está prevista además la llegada de una Unidad de Prevención y Reacción con 45 policías.
El refuerzo de seguridad también es significativo. Marlaska ha señalado que Ceuta cuenta actualmente con 880 policías nacionales, 270 más que antes de la crisis, y 714 guardias civiles, con casi 200 efectivos adicionales. El objetivo declarado es doble: recuperar el control de la frontera y evitar que una situación como la del 30 de julio vuelva a producirse.
El sistema de acogida español —especialmente en Canarias y Ceuta— continúa sometido a una presión asistencial extraordinaria. A pesar del descenso en las llegadas y del traslado de más de 1.750 jóvenes a la Península en el último año, el archipiélago canario sigue tutelando a más de 2.700 menores, triplicando su capacidad ordinaria fija de 737 plazas. Mientras el Ministerio de Juventud e Infancia avanza con lentitud en los registros de filiación, las organizaciones sociales advierten sobre brechas críticas de desprotección.
Específicamente, Save the Children ha alertado de que más de 940 menores constan como ausentes tras abandonar voluntariamente los centros saturados, quedando fuera de los dispositivos de protección. Ante esto, la ONG reclama corregir los fallos sistémicos en las pruebas de determinación de edad, acelerar las derivaciones autonómicas financiadas y blindar plazas de emergencia específicas para perfiles de alta vulnerabilidad, como niñas y adolescentes solas.
En este punto aparece una de las principales dificultades de la crisis: Ceuta no dispone de capacidad suficiente para absorber por sí sola una emergencia migratoria de estas dimensiones. La ciudad autónoma puede gestionar una parte de la primera respuesta, pero la acogida de menores, la protección internacional, los retornos y la atención sanitaria requieren necesariamente coordinación entre administraciones.
La dimensión humana de la crisis también ha quedado reflejada en el número de fallecidos. La Guardia Civil ha localizado 83 cuerpos en aguas españolas desde el inicio de la llegada masiva, mientras Marruecos ha informado de otros cadáveres recuperados en sus aguas. El balance sigue siendo provisional y evidencia el riesgo extremo asumido durante aquellos desplazamientos.
🔴 Marlaska planta cara a los inmigrantes.
Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, ha comparecido ante los medios antes de reunirse con el presidente de Ceuta. En una rueda de prensa ha querido defender el mensaje del Gobierno sobre su presencia en la frontera de Ceuta… pic.twitter.com/BAzQhY6VAx
— Vozpópuli (@voz_populi) August 13, 2026
Marlaska, además, ha evitado responsabilizar públicamente a Marruecos por lo sucedido y ha defendido que la cooperación bilateral constituye una pieza esencial de la respuesta. El ministro habla de una relación basada en “confianza” y “lealtad” y atribuye a esa cooperación operaciones contra las redes de tráfico de personas y otros delitos. Es una posición que explica también la prudencia del Gobierno español a la hora de formular reproches públicos a Rabat, pese a que el control ejercido por las autoridades marroquíes antes y durante la crisis constituye uno de los elementos centrales todavía pendientes de esclarecer.
A dos semanas de aquel 30 de julio, por tanto, Ceuta ha pasado de la emergencia inmediata a una segunda fase mucho más compleja. La frontera está más reforzada, miles de personas han abandonado la ciudad y el Gobierno prepara un plan urgente para acelerar los expedientes y los retornos. Pero la normalidad que Marlaska dice perseguir todavía no coincide plenamente con la realidad sobre el terreno.
El propio ministro ha matizado su anterior afirmación de que se había alcanzado una “relativa normalidad” en 24 horas: ahora reconoce que recuperar la situación del 29 de julio «llevará tiempo». La diferencia entre las cifras oficiales y las estimaciones locales, la situación de los menores, la saturación de los dispositivos y la necesidad de ejecutar legalmente miles de expedientes muestran que la crisis no terminó cuando disminuyó la presión sobre la frontera. Simplemente cambió de naturaleza. @mundiario
