La segunda venida de José Mourinho pierde brillo con el paso de las jornadas. El técnico portugués agota su crédito a marchas forzadas, lastrado por marcadores adversos como la dolorosa caída en el derbi del Metropolitano y por decisiones tácticas incomprensibles. Dejar a Bernardo Silva en el banquillo y empeñarse en un doble pivote infame con Fede Valverde y Aurélien Tchouaméni no solo dinamitó el centro del campo, sino que encendió todas las alarmas en el madridismo.
Ante semejante descalabro, el luso tiene ante sí la oportunidad de resetear la pizarra para rescatar al equipo del pozo anímico y futbolístico en el que se encuentra. La reacción exige medidas valientes y contundentes, y la primera de ellas apunta directamente a una de las vacas sagradas de la caseta blanca.
Definitivamente, Vinicius Júnior no puede seguir siendo titular por decreto. El brasileño parece haber extraviado la chispa durante las vacaciones y todavía no aterriza en la temporada: hoy no queda ni rastro de aquel atacante indescifrable que destrozaba defensas y lideraba las noches mágicas de Champions League. Antes, aunque se desentendiera del repliegue defensivo, compensaba con goles, desborde y un vértigo constante que lo volvía intocable; hoy, esa renta se ha esfumado y la cruda realidad dicta que debe ser carne de banquillo.
¿Qué mejor respuesta para este bache que mandar a Kylian Mbappé a la banda izquierda? Sería el movimiento que media afición sueña con ver de una vez por todas. El astro galo arrancando desde el costado para trazar diagonales letales, quebrar defensas al espacio gracias a su punta de velocidad y castigar a los rivales con su demoledor disparo de media y larga distancia devolvería al Real Madrid el filo que ha perdido.
Para redondear la fórmula, Mourinho debe sacarse otro as de la manga: darle la alternativa en punta a Carlos Espí. Apostar por el ariete valenciano sería el premio definitivo a la meritocracia; hablamos de un goleador de área como la copa de un pino, con un colmillo insaciable en los últimos metros. En estos momentos, nadie en la plantilla exprime cada minuto de juego con la eficacia del ex del Levante, y otorgarle la titularidad representaría la sacudida táctica que este Madrid necesita a gritos.
Ya llegó la hora de Yan Diomande
Esta reestructuración ofensiva no solo desatascaría el frente de ataque, sino que le abriría de par en par las puertas de la titularidad al fichaje estrella del verano blanco. Entre los escombros de la derrota en el Metropolitano, los únicos brotes verdes llevaron la firma de Yan Diomande. Con apenas 19 años y una personalidad arrolladora, el marfileño demostró en solo 36 minutos un descaro impropio de su edad, completando más regates que todas las figuras consagradas del Madrid juntas en el derbi.
Lejos de dejarse intimidar por el escenario y la inferioridad numérica tras la expulsión de Huijsen, el atacante africano encendió la rebeldía del equipo. Su irrupción desnudó de inmediato la falta de nervio de sus compañeros, exhibiendo un despliegue sin balón, un criterio asociativo y una agresividad táctica que en estos momentos representan un lujo innegociable para un plantel falto de electricidad.
Aunque en su etapa formativa descolló partiendo desde el carril zurdo —el feudo natural donde Vinícius forjó su jerarquía—, Diomande demostró que puede resultar igual de indescifrable a pierna cambiada por la derecha. Su capacidad para ganar la línea de fondo, encarar sin complejos y arrastrar marcas lo convierte en el socio perfecto para completar un tridente de autor que devuelva el vértigo al Santiago Bernabéu.
El contexto no admite titubeos: con el FC Barcelona a seis puntos de distancia y el margen de error reducido a la mínima expresión, este parón internacional obliga a José Mourinho a definirse. El entrenador luso se encuentra en la disyuntiva de sostener las vacas sagradas por decreto y respeto al pasado, o premiar el hambre voraz de quienes, como Diomande o Espí, tiran la puerta abajo a base de rendimiento puro.
La cita frente al Villarreal dictará sentencia sobre el rumbo del proyecto. En Chamartín se comprobará si Mourinho tiene el pulso firme para revolucionar el ataque alineando a Kylian Mbappé por la izquierda, Carlos Espí como referencia en el área y Diomande desbordando por la derecha, o si prefiere seguir hipotecando el curso al pasotismo de Vinícius mientras el futuro le pasa por encima sin pedir permiso. @mundiario
