Friedrich Merz afronta este domingo una de las jornadas más delicadas desde que llegó a la Cancillería alemana. Los ciudadanos de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental votan para renovar sus respectivos parlamentos regionales, pero el resultado será leído también como un examen sobre la fortaleza política del canciller y de la CDU. Apenas dos semanas después del fuerte resultado de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, cualquier retroceso adicional de los conservadores puede alimentar el debate interno sobre el rumbo del partido y sobre el futuro de su dirigente.
La dimensión nacional de estos comicios explica incluso una decisión poco habitual: Merz canceló su viaje previsto a Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas y decidió permanecer en Berlín. Reuters informó de que la decisión respondió a la necesidad de atender la situación política interna, mientras la CDU convocaba una reunión especial coincidiendo con la jornada electoral.
Eso no significa que las elecciones regionales puedan destituir directamente al canciller. Alemania tiene un mecanismo constitucional mucho más complejo. El Bundestag solo puede retirar la confianza al jefe del Gobierno mediante una moción de censura constructiva: al mismo tiempo que se pretende sustituir al canciller, el Parlamento debe elegir a un sucesor por mayoría absoluta. Por tanto, una derrota de la CDU en un estado federado puede aumentar la presión política sobre Merz, pero no provoca automáticamente su salida de la Cancillería.
La situación más comprometida para el partido de Merz se encuentra en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Allí la batalla principal se libra entre el Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por la presidenta regional Manuela Schwesig, y AfD.
La última encuesta de Forschungsgruppe Wahlen, realizada entre el 14 y el 17 de septiembre, situaba al SPD en el 37% y a AfD en el 36%. La CDU aparecía con apenas un 6%, seguida por la ultraizquierda de Die Linke con un 9% y Los Verdes en el umbral del 5%. El propio instituto advertía de que esos porcentajes son una fotografía de la intención de voto y no una predicción del resultado, además de señalar que un 21% de los entrevistados todavía no había decidido su voto.
El problema para la CDU es doble. Por una parte, un resultado en torno al 6% supondría un retroceso muy considerable respecto a sus resultados anteriores. Por otra, existe el riesgo de que el partido quede cerca de la barrera del 5% necesaria para acceder al Parlamento regional. Si finalmente quedara por debajo, el impacto político nacional sería mucho mayor que el tamaño de ese estado federado.
El liderazgo de Schwesig constituye, además, un factor específico de esta elección. La encuesta mostraba que el 61% de los consultados prefería que continuara como presidenta regional frente al candidato de AfD, Leif-Erik Holm, que obtenía el 30%. La popularidad de la dirigente socialdemócrata ha permitido al SPD concentrar parte de la campaña en una competición directa con AfD.
Para Merz, el problema consiste en que la CDU aparece prácticamente como un actor secundario en una disputa que puede terminar siendo decisiva para la lectura nacional de la noche electoral.
Berlín: la CDU también pierde terreno
Berlín plantea un problema diferente. Aquí la CDU no está en riesgo de desaparecer del Parlamento regional, pero sí de perder la primera posición y, con ella, parte del capital político obtenido en la capital alemana.
La encuesta de Forschungsgruppe Wahlen situaba a Die Linke en el 22%, a la CDU con un preocupante 20%, a Los Verdes en el 15%, a AfD en el 18% y al SPD en el 12%. En otras palabras, la CDU aparece en una pugna muy ajustada por el primer puesto, mientras AfD consolida una posición relevante y la izquierda recupera terreno.
El contraste con las elecciones anteriores es significativo. En 2023, la CDU obtuvo el 28,2% en Berlín, mientras que SPD y Verdes lograron cada uno el 18,4%. Die Linke consiguió el 12,2% y AfD el 9,1%. La fotografía de 2026 muestra, por tanto, una capital mucho más fragmentada y con una CDU claramente por debajo de aquel resultado.
Berlín tiene además un valor simbólico especial para los conservadores. No se trata únicamente de una administración regional, sino de la capital federal y de uno de los principales escaparates políticos del país. Un mal resultado de la CDU reforzaría la percepción de que el partido está teniendo dificultades para convertir su posición en el Gobierno federal en un respaldo territorial sólido.
El elemento más relevante de estas elecciones es que el deterioro de la CDU no puede explicarse únicamente por el avance de AfD. Merz llegó al poder con la promesa de impulsar reformas y sacar a Alemania del estancamiento económico, pero su Gobierno se ha encontrado con problemas persistentes relacionados con el coste de vida, la transformación industrial y la presión sobre determinados sectores económicos. Reuters señala que esas dificultades, junto con reformas impopulares y problemas de comunicación política por la peculiaridad de una coalición parlamentaria tan heterogénea, han contribuido al desgaste del canciller.
Al mismo tiempo, AfD ha conseguido convertir el malestar económico, la inmigración, la seguridad y el rechazo a determinadas políticas del Gobierno federal en elementos centrales de su discurso. Su avance en los estados orientales ha dejado de ser un fenómeno aislado y se ha convertido en una cuestión nacional.
La cuestión que estas elecciones vuelven a colocar sobre la mesa es, por tanto, qué capacidad tiene la CDU para recuperar a electores que se desplazan hacia AfD sin modificar las líneas políticas que Merz ha defendido desde la Cancillería. La llamada estrategia del cordón sanitario —la negativa de los principales partidos a formar coaliciones con AfD— también vuelve a estar bajo discusión política, especialmente a medida que aumenta el peso electoral de la formación.
¿Puede caer Merz?
La posibilidad de que estas elecciones desencadenen inmediatamente la salida de Merz debe manejarse con cautela. No existe un mecanismo por el cual un mal resultado regional obligue al canciller a dimitir. Además, dirigentes destacados de la CDU han expresado públicamente su respaldo a Merz y el propio canciller ha insistido en que pretende completar su mandato de cuatro años.
Pero la política también funciona a través de la presión interna. Una sucesión de derrotas territoriales puede modificar la relación de fuerzas dentro de un partido, especialmente cuando coincide con malos datos de popularidad y con un crecimiento sostenido de AfD en las encuestas nacionales.
Ahí reside la verdadera importancia de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. No decidirán por sí mismas quién ocupa la Cancillería, pero sí pueden determinar con qué autoridad política afrontará Merz los próximos meses. Para la CDU, además, representan dos pruebas distintas: Berlín mide su capacidad para conservar peso en una gran capital; Mecklemburgo-Pomerania Occidental pone en cuestión incluso su presencia parlamentaria regional.
La noche electoral, por tanto, no se reducirá a saber quién gobierna dos estados federados. También permitirá medir hasta qué punto el desgaste de la CDU es coyuntural, cuánto espacio está ocupando AfD y qué margen conserva Merz dentro de su propio partido para mantener su proyecto político hasta las elecciones federales previstas para 2029. Los resultados serán los que permitan determinar el alcance real de ese desgaste. @mundiario
