La dimisión del primer ministro moldavo, Alexandru Munteanu, marca un punto de inflexión para uno de los países que con mayor determinación ha apostado por integrarse en la Unión Europea desde el estallido de la guerra de Ucrania. Su salida, anunciada este viernes, no solo supone el relevo del jefe del Ejecutivo, sino que refleja la profunda erosión política que atraviesa el Gobierno proeuropeo encabezado por la presidenta Maia Sandu, obligado ahora a recomponer su credibilidad en plena negociación con Bruselas.
Munteanu abandona el cargo tras apenas ocho meses al frente del Ejecutivo y lo hace en un contexto especialmente delicado. Moldavia acababa de abrir formalmente el proceso negociador para ingresar en la UE, un paso considerado histórico por las autoridades comunitarias y por el propio Gobierno moldavo, que mantiene como horizonte el año 2030 para culminar la adhesión. Sin embargo, ese éxito diplomático ha quedado eclipsado por una sucesión de crisis internas que han debilitado al Ejecutivo.
En un mensaje publicado en redes sociales, Munteanu explicó que aceptó la jefatura del Gobierno con la convicción de impulsar cambios profundos, pero aseguró que había llegado el momento en que ya no podía ejercer el cargo “de acuerdo con sus principios y convicciones”. Permanecerá al frente del Ejecutivo únicamente de manera interina hasta que el Parlamento apruebe un nuevo primer ministro.
La presidenta Maia Sandu compareció poco después para rechazar cualquier versión sobre un supuesto enfrentamiento relacionado con la falta de autonomía del jefe del Gobierno. “Las especulaciones de que quería luchar contra los abusos y que no tenía libertad de acción son falsas. Él decidió marcharse”, afirmó la mandataria, aunque admitió implícitamente las diferencias al lamentar que esperaba “mayor implicación, más decisiones y mayor apertura para escuchar a la ciudadanía”.
Mientras tanto, medios locales y canales especializados en información política sostienen que ambos protagonizaron una reunión especialmente tensa apenas veinticuatro horas antes del anuncio.
Reformas impopulares y pérdida de apoyo
El desgaste del primer ministro venía acumulándose desde hacía meses. Su Ejecutivo presentó recientemente un paquete de reformas económicas que contemplaba el incremento del IVA sobre alimentos y servicios básicos, así como modificaciones salariales en la administración pública, medidas que desencadenaron protestas sociales y alimentaron el descontento ciudadano.
Las encuestas ya reflejaban esa pérdida de respaldo. Un sondeo de la firma demoscópica IMAS publicado meses atrás por Unimedia situaba cerca del 40 % el porcentaje de ciudadanos con una valoración negativa de Munteanu, una cifra especialmente preocupante para un Gobierno que había llegado al poder con un amplio respaldo electoral bajo la bandera de las reformas y la integración europea.
La oposición no tardó en aprovechar la situación. Igor Dodon, líder del Partido de los Socialistas de la República de Moldavia (PSRM), interpretó la dimisión como la confirmación del fracaso del Ejecutivo y reclamó elecciones anticipadas, asegurando que “el barco ya se había hundido”.
El escándalo que precipitó la crisis
Aunque el desgaste económico resultó determinante, la crisis política terminó de acelerarse por el caso MoldATSA, la empresa estatal encargada de gestionar el espacio aéreo moldavo. Todo comenzó con la destitución de su director, Dumitru Vangheli, después de que investigaciones periodísticas cuestionaran la autenticidad de su currículo académico y de su experiencia profesional como piloto.
La polémica no terminó ahí. Posteriormente salió a la luz que Anastasia Taburceanu, prima de la presidenta Sandu, había percibido una elevada remuneración como portavoz de la empresa pública. Según las investigaciones difundidas por medios moldavos, sus ingresos multiplicaban ampliamente el salario medio del país e incluso superaban con claridad el de la propia jefa del Estado.
Taburceanu acabó presentando su dimisión y anunció la devolución de los complementos salariales percibidos. La cascada de responsabilidades políticas continuó con las renuncias del presidente de la Comisión Parlamentaria de Economía y del director de la Agencia de Bienes Públicos, organismos directamente relacionados con el proceso de nombramientos.
Sandu promete una limpieza institucional
Consciente del deterioro de la imagen del Gobierno, Sandu anunció una profunda reorganización institucional destinada a reforzar los mecanismos de control sobre las empresas públicas y los altos cargos. Entre las medidas planteadas figuran una revisión del sistema de nombramientos, un mayor protagonismo de los organismos anticorrupción y nuevos controles sobre las remuneraciones de los responsables de entidades estatales. El objetivo declarado es recuperar la confianza ciudadana sin frenar el proceso de reformas exigido por Bruselas.
La crisis llega en un momento especialmente sensible para Moldavia. El país obtuvo el estatus de candidato a la Unión Europea en 2022 y recientemente dio el paso más importante desde entonces al iniciar formalmente las negociaciones de adhesión.
Ese proceso constituye el principal proyecto político de la europeísta Sandu y del liberal Partido Acción y Solidaridad (PAS), que mantiene mayoría parlamentaria y conserva capacidad para designar un nuevo primer ministro sin necesidad de pactos con la oposición. No obstante, la sucesión de escándalos, el creciente malestar social y las críticas sobre la gestión del Ejecutivo ponen a prueba la solidez del proyecto europeísta en un país sometido además a la permanente presión política y geoestratégica de Rusia.
En los próximos días, Sandu iniciará consultas parlamentarias para nombrar un nuevo jefe del Gobierno. La elección del sucesor de Munteanu será decisiva para comprobar si Moldavia consigue reconducir la crisis institucional sin comprometer el calendario de reformas que exige su futura integración en la Unión Europea. @mundiario
