Muere el primer jugador de la NBA abiertamente homosexual: adiós a Jason Collins

La NBA vuelve a vestirse de luto. Jason Collins, el primer jugador en activo de la historia de la liga que hizo pública su homosexualidad, ha fallecido a los 47 años tras una dura batalla contra un glioblastoma, uno de los cánceres cerebrales más agresivos y devastadores que existen.

La noticia fue comunicada por su familia mediante un emotivo mensaje difundido a través de la NBA. Collins murió en su casa de Los Ángeles rodeado de sus seres queridos después de meses de tratamientos, esperanza y una lucha que convirtió también en un mensaje de valentía pública. “Transformó vidas de maneras inesperadas”, aseguró su entorno en un comunicado que rápidamente sacudió al deporte estadounidense.

Porque Jason Collins fue mucho más que un jugador de rotación en la NBA. Deportivamente construyó una carrera respetable de 13 temporadas defendiendo las camisetas de Nets, Celtics, Hawks, Grizzlies, Timberwolves y Wizards. Pero su verdadero impacto llegó en 2013, cuando decidió romper uno de los grandes tabúes históricos del deporte profesional estadounidense.

Aquel anuncio cambió muchas cosas dentro de la NBA. Collins se convirtió en símbolo de visibilidad, valentía y normalización en un entorno históricamente complejo para los deportistas homosexuales. Su figura trascendió inmediatamente el baloncesto y pasó a representar una transformación cultural mucho más profunda dentro del deporte mundial.

En noviembre de 2025 reveló públicamente que sufría un glioblastoma en estadio 4. Aun así, jamás perdió la voluntad de pelear. Incluso viajó a Singapur para someterse a tratamientos experimentales con la esperanza de frenar temporalmente la enfermedad. Durante meses consiguió mantener cierta normalidad y siguió apareciendo en actos públicos vinculados a la NBA y al baloncesto universitario.

El pionero que abrió puertas dentro de la NBA

Su historia adquirió todavía más dimensión cuando decidió contar públicamente cómo descubrió la enfermedad. Collins explicó en ESPN que comenzó a sufrir pérdidas de memoria, problemas de concentración y episodios de confusión antes de recibir el diagnóstico definitivo. “Me convertí en la versión de Dory de un jugador NBA”, relató con una mezcla de crudeza y humor devastador.

Aquella entrevista reflejó perfectamente quién era Jason Collins. Un hombre capaz de afrontar incluso el momento más dramático de su vida intentando ayudar a otros a comprender lo que estaba viviendo. Nunca buscó lástima. Siempre intentó convertir su experiencia en un mensaje de conciencia, humanidad y empatía.

El impacto de su fallecimiento ha sido inmediato en Estados Unidos. Excompañeros, franquicias, periodistas y figuras históricas de la NBA han inundado las redes sociales con homenajes a un jugador que quizá nunca fue superestrella sobre el parquet, pero sí terminó convirtiéndose en una figura histórica para toda una generación.

Porque Collins abrió una puerta que durante décadas pareció imposible dentro del deporte profesional masculino de élite. Su decisión ayudó a normalizar conversaciones que antes simplemente no existían públicamente dentro de los vestuarios. Y lo hizo en una liga global, bajo una exposición gigantesca y asumiendo riesgos personales enormes.

La NBA pierde así a uno de sus grandes pioneros contemporáneos. Un hombre que transformó el deporte no únicamente por lo que hizo jugando al baloncesto, sino sobre todo por el coraje que tuvo para ser él mismo cuando casi nadie se atrevía a hacerlo. @mundiario