¿Qué es la vida para tí?

Por el Pastor Héctor E. Contreras,
Iglesia Metodista Libre Inc. La Senda.

En su primera carta, el apóstol Pedro escribió: «Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba, La hierba se seca, y la flor se cae; Más la palabra del Señor permanece para siempre», I-Pedro l:24-25. 1400 años antes de Cristo, cuando el pueblo de Israel aún cruzaba el desierto, en camino a la tierra que Dios había prometido, les habló sobre la vida y la muerte. La obediencia a Dios va de la mano con la vida, las bendiciones, la salud y la productividad, sin embargo, es válido decir que, la desobediencia equivale a la muerte, la maldición, la enfermedad y por último, la pobreza. ¿Quién quiere estar enfermo, en pobreza, viviendo lleno de miseria, pudiendo añadir unos cuantos etc.?

Dios es bueno, misericordioso, lleno de amor y este amor nunca termina. La condición indispensable para mantener nuestra relación con Dios, son la obediencia y la lealtad a Él. Nuestro amor, afecto y devoción por el Señor deben ser el verdadero fundamento de nuestras acciones. El éxito, la victoria y la prosperidad; todo ello depende de nuestra obediencia al Señor. El verso 14 de nuestra primera lectura, nos dice que, «Porque muy cerca de tí está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas». Añadiendo luego lo que ha puesto delante de nosotros la vida, el bien, la muerte y el mal. Cada persona, elige su forma de vida, todos, desde que tenemos uso de razón, en nuestra mente, en nuestro corazón, nos enfocamos en lo que ha de ser nuestro existir, nuestro futuro. Dios, como creador de toda la humanidad, conoce el interior de cada persona. Es por tal razón que Él nos da la elección para decidirnos por el camino a escoger.

Porque muy cerca de tí está la palabra, estas fueron escritas por Moisés, 1400 años después, el que es la PALABRA, nos dice: «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida», Juan 5:24. ¿Por qué Jesucristo es la Palabra? Porque fue el mismo autor de este Evangelio que escribió: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios», Juan 1:1. Jesucristo, el Verbo encarnado, es la Palabra Viviente, junto al Padre, además del Espíritu Santo, éstos tres conforman la «DIVINIDAD». Esta Divinidad se destaca aún más, cuando la Biblia declara: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó», Génesis 1:26-27. Más adelante, nuestro Creador nos dice: «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente», Génesis 2:7. «ALIENTO DE VIDA». Es ese aliento de Dios es de donde proviene nuestra vida. Imagen, semejanza, aliento de vida, son estas las cualidades, tales como la razón, nuestra personalidad e intelecto, además de las capacidades de relacionar, escuchar, ver y hablar que nos llevan a ser llamados hijos de Dios.   David, hablando de la grandeza de Dios dijo: «¡0h, Jehová, Señor muestro, Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!», Salmo 8:1, más adelante dice lo siguiente: «Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho menor que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra», Salmo 8:3-5.

Por todo esto, es el título de este mensaje, porque el hombre/mujer de por sí mismo @, no es nada. Cuando David escribió todo esto, nos hace recordar que todos dependemos del Señor Dios de los cielos. Sin embargo, hay que destacar que, después de las descripciones hechas por David, él añade esto: «Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies», Salmo 8:6. Nuestra habilidad y utoridad sobre la tierra depende de la disposición a someternos, servir y obedecer al Dios viviente, bajo cuya autoridad estamos.   Nosotros hemos puesto de lado todo lo que se refiere a Dios como nuestro creador, olvidando que sólo pertenecemos a Él. Aún así, su misericordia nunca termina, mucho menos su gran amor. Tomemos la vida abundante que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo, también tomemos la autoridad que tenemos desde el principio para que nuestro vivir en Dios esté completamente bajo su autoridad y dominio.

Es por este inmenso amor que, Dios, en la persona de su Hijo nos declara las palabras pronunciadas en Juan 10:10 y son estas: «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». El primer paso para experimentar la total prosperidad bíblica es creer que ése es el mayor deseo de Dios para nosotros. El segundo paso es someter nuestros deseos propios mayores a los de Dios. Cristo vino a la tierra en defensa de la vida. Él nos llama a que hagamos todo cuanto esté en nuestro poder por preservar y engrandecer las vidas de aquellos que están a nuestro alrededor. La vida abundante que nuestro Señor y Salvador nos ofrece, está más allá del poder del diablo y la muerte. Nuestro Dios ha abierto una nueva dimensión de vida para toda la humanidad, para que todo sea hecho nuevo.

Quiero recordar a todos los que leen este mensaje, lo que en realidad somos, flor del campo, carne como hierba seca, marchita, sin olor; por lo tanto, sin Dios en nuestros corazones, sin Dios en nuestras vidas, sin Dios en la familia, llegamos a ser menos que la hoja seca, arrastrada por el viento. Les invito a que seamos como el árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, su hoja nunca se cae y todo lo que hace nuestro Dios lo hace prosperar, porque sus raíces nacen del río de Dios y todo lo que nace de Dios, tiene la vida abundante que nos ofrece nuestro Señor en Juan 10:10. Que la gracia de Dios Padre, su Hijo Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo, esté en cada corazón, en cada vida.

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