Ratko Mladic ha fallecido este jueves en el centro de detención de La Haya donde permanecía encarcelado desde 2011. El antiguo comandante del Ejército serbobosnio, que arrastraba desde hacía años un delicado estado de salud y había sido hospitalizado en varias ocasiones, murió mientras cumplía una condena de prisión perpetua por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Durante décadas, su figura quedó asociada a la violencia que desintegró la antigua Yugoslavia. Para las víctimas y sus familias, Mladic no fue únicamente un militar de alto rango, sino uno de los principales responsables de una campaña destinada a expulsar a la población no serbia de amplias zonas de Bosnia y Herzegovina.
Mladic alcanzó el máximo poder militar entre las fuerzas serbobosnias durante la guerra de Bosnia, iniciada en 1992 tras la ruptura de Yugoslavia. Bajo su mando, las tropas participaron en operaciones contra territorios habitados por musulmanes bosnios y croatas.
Uno de los episodios que marcó su trayectoria fue el largo asedio de Sarajevo. La capital bosnia permaneció sometida durante años a ataques de artillería, morteros y francotiradores, con miles de civiles muertos.
Srebrenica: cuatro días que conmocionaron a Europa
En julio de 1995, las fuerzas dirigidas por Mladic tomaron Srebrenica, enclave declarado zona segura por Naciones Unidas. Tras la caída de la ciudad, miles de hombres y niños musulmanes bosnios fueron separados de sus familias y asesinados.
Más de 8.000 personas murieron en aquella matanza. Sus cuerpos fueron enterrados inicialmente en fosas comunes y, posteriormente, algunos restos fueron trasladados a otros emplazamientos en un intento de ocultar las dimensiones del crimen y dificultar la identificación de las víctimas.
La violencia también provocó el desplazamiento forzoso de miles de mujeres, niños y personas mayores. El objetivo formaba parte de una estrategia más amplia de limpieza étnica destinada a modificar la composición de los territorios conquistados y favorecer el proyecto de una entidad serbia dentro de Bosnia.
Una condena que cerró décadas de persecución
Mladic permaneció oculto durante años hasta ser detenido en Serbia en 2011 y trasladado posteriormente a La Haya. En 2017, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia confirmó su responsabilidad en el genocidio de Srebrenica y otros crímenes, imponiéndole cadena perpetua.
El general nunca aceptó la legitimidad del tribunal y mantuvo su negativa a reconocer las acusaciones. Su muerte pone fin a la vida de uno de los personajes más controvertidos de las guerras balcánicas, pero no al proceso de memoria iniciado por sus víctimas.
Cada año continúan las identificaciones y enterramientos de restos recuperados de las fosas. En 2024, la Asamblea General de Naciones Unidas estableció el 11 de julio como Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica, una decisión destinada a preservar la memoria de quienes fueron asesinados y advertir sobre las consecuencias de la persecución étnica.
La muerte de Mladic, por tanto, no cambia la sentencia ni borra los crímenes por los que fue condenado. Su legado permanece unido a una de las páginas más oscuras de la historia europea reciente. @mundiario
