Rubio inicia en Colombia la ofensiva de Trump y busca una “era dorada” comercial en América Latina

Marco Rubio ha elegido Colombia para inaugurar una de las giras latinoamericanas más significativas de la Administración de Donald Trump. El secretario de Estado estadounidense ha aterrizado en Barranquilla con una agenda que combina dos prioridades de Washington —seguridad y comercio— y una apuesta política más amplia: reconstruir una red de alianzas en América Latina con gobiernos dispuestos a cooperar estrechamente con la Casa Blanca. La visita de tres días llevará al secretario de Estado de EE UU después a Ecuador y Perú. Los tres países comparten con Washington una agenda de endurecimiento contra el narcotráfico y el crimen organizado, además de una disposición a profundizar sus relaciones económicas.

En Colombia, el encuentro con el recién investido presidente Abelardo de la Espriella supone además el primer contacto de alto nivel entre la nueva Administración colombiana y el Gobierno de Trump. El objetivo declarado es recuperar una alianza que había atravesado fuertes tensiones durante la presidencia de Gustavo Petro. Rubio ha definido el momento como el comienzo de una nueva etapa y, tras reunirse con el líder del movimiento Defensores de la Patria, con quien bromeó sobre el hecho de que se conocían de los círculos latinos de Florida antes de que el ultra se convirtiera en candidato presidencial, ha hablado de construir una “era dorada” en las relaciones entre ambos países.

La elección de Barranquilla como punto de partida supone un guiño al presidente colombiano. De la Espriella ha convertido la ciudad caribeña en sede alternativa de la Presidencia y quiere que Colombia recupere el papel de principal socio de seguridad de Estados Unidos en Sudamérica. El presidente colombiano ha ofrecido a Washington ampliar la cooperación militar, policial y de inteligencia contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico. Durante la reunión con Rubio propuso modernizar aeronaves, radares, drones, helicópteros, sistemas antidrones, defensa aérea, capacidades de inteligencia y ciberdefensa dentro del denominado Plan Patriota Siglo XXI.

La estrategia encaja con la prioridad que Trump ha otorgado a la lucha contra los cárteles y las organizaciones armadas. Colombia se ha incorporado al Escudo de las Américas, una iniciativa promovida por Washington para coordinar a países de la región contra el crimen organizado y el tráfico de drogas. Rubio ha insistido en que el objetivo estadounidense no es simplemente aumentar la presencia militar, sino compartir inteligencia, mejorar las capacidades de las fuerzas de seguridad y ampliar la cooperación operativa. Según la prensa colombiana, la colaboración anunciada se centra en inteligencia, entrenamiento y equipamiento, mientras que la cuestión de la presencia de tropas estadounidenses se mantiene todavía en el aire, respecto a las declaraciones realizadas previamente por funcionarios de Defensa.

La lucha contra el narcotráfico será también uno de los asuntos centrales en Ecuador y Perú. En el caso ecuatoriano, además, la cooperación con Washington se produce después de recientes operaciones estadounidenses contra embarcaciones que, según Quito y el Pentágono, estaban vinculadas a redes de tráfico de drogas.

 

Del narcotráfico al comercio: el segundo gran frente

La otra mitad de la agenda de Rubio es económica. Washington quiere aprovechar el nuevo clima político para profundizar las relaciones comerciales y las inversiones estratégicas con sus socios latinoamericanos. En Barranquilla, Estados Unidos y Colombia firmaron memorandos de entendimiento sobre energía nuclear civil y minerales críticos y tierras raras, dos sectores considerados estratégicos para las cadenas de suministro y la seguridad económica.

La cooperación ya no se limita al intercambio comercial tradicional o a la lucha antidroga, sino que incorpora energía, tecnología, minerales estratégicos y nuevas cadenas de suministro. Rubio ha defendido que la prosperidad debe acompañar a la seguridad y ha señalado específicamente las posibilidades de cooperación en energía, comercio y producción. El secretario de Estado también ha afirmado que una relación bilateral más estrecha debe generar beneficios económicos para ambos países.

Pero sobre la mesa existe una cuestión mucho más inmediata para Bogotá: los aranceles estadounidenses del 12,5 % que afectan a los productos colombianos. De la Espriella pidió a Trump en agosto una suspensión temporal de esos gravámenes después del terremoto que golpeó Colombia el 10 de agosto. El presidente colombiano volvió a plantear la cuestión durante su conversación con Rubio. La Casa Blanca, sin embargo, no ha ofrecido hasta ahora un compromiso concreto para eliminar o suspender esos aranceles. El asunto puede convertirse en la principal prueba de que la nueva alianza también tiene una dimensión económica tangible. Bogotá quiere más acceso y mejores condiciones comerciales; Washington busca contrapartidas en seguridad, inversiones y alineamiento estratégico.

El terremoto como punto de partida para una nueva relación

La visita tiene además un componente humanitario. El terremoto del 10 de agosto dejó más de 300 muertos y provocó importantes daños materiales. EE UU ha aportado asistencia para la emergencia, y ambos Gobiernos han incorporado la reconstrucción a la nueva agenda bilateral. De la Espriella pretende utilizar esa cooperación para pasar de la ayuda de emergencia a una asociación estratégica de largo plazo. La idea colombiana es que Washington contribuya tanto a la reconstrucción como a la modernización de las capacidades del Estado. Para la Casa Blanca, el terremoto ofrece también una oportunidad para consolidar una relación con un Gobierno que se ha alineado rápidamente con las prioridades de Trump.

Después de Colombia, Rubio viajará a Ecuador para reunirse con el presidente Daniel Noboa y posteriormente a Perú, donde se encontrará con la recién investida Keiko Fujimori. Ambos Gobiernos comparten con Washington una agenda centrada en seguridad, migración y lucha contra el crimen organizado. La gira, por tanto, tiene una lógica regional. No se trata únicamente de reconstruir la relación con Bogotá, sino de articular un bloque de cooperación entre capitales dispuestas a trabajar con Washington en materia de narcotráfico y comercio.

Perú y Colombia se han incorporado además al Escudo de las Américas, ampliando la coalición impulsada por Estados Unidos contra las redes criminales. En el caso peruano, la lucha contra el crimen llega en un momento especialmente delicado para el nuevo Gobierno. En Ecuador, Washington ya ha profundizado la cooperación contra las estructuras del narcotráfico que operan en el Pacífico. Rubio pretende aprovechar esa convergencia.

 

La apuesta de Washington por recuperar influencia

El trasfondo de la gira es más amplio que una sucesión de acuerdos bilaterales. Estados Unidos busca recuperar peso estratégico en su propio hemisferio en un momento de creciente competencia por inversiones, recursos naturales e infraestructuras. La Administración Trump está utilizando la lucha contra el narcotráfico como uno de los principales instrumentos para reconstruir esa cooperación. Pero la agenda económica —minerales críticos, energía, comercio e inversiones— demuestra que la estrategia va mucho más allá de la seguridad.

Colombia representa el primer ensayo de ese modelo. De la Espriella ofrece a Washington una cooperación estrecha contra las organizaciones criminales y una mayor convergencia diplomática. A cambio, Bogotá busca tecnología, inteligencia, asistencia para la seguridad y mejores condiciones económicas.

Rubio ha descrito el objetivo como una nueva etapa de cooperación sin precedentes y una “era dorada” entre ambos países. La verdadera prueba llegará cuando las declaraciones se traduzcan en resultados concretos: menos capacidad para las redes del narcotráfico, más inversiones, acuerdos comerciales más profundos y una relación capaz de sobrevivir a las diferencias de intereses.

La gira que comienza en Barranquilla es, en ese sentido, una apuesta para que la nueva relación entre Washington y buena parte de Sudamérica deje de ser una suma de afinidades políticas y se convierta en una arquitectura estable de seguridad, comercio e influencia estadounidense. @mundiario