Ryan Reynolds tiene una habilidad extraordinaria para convertir el sarcasmo en una marca personal, pero fuera de la pantalla su imagen pública atraviesa un terreno bastante menos divertido. El actor canadiense, acostumbrado a conquistar al público con su humor irreverente, vuelve a ser noticia por unas acusaciones que cuestionan su comportamiento detrás de las cámaras. Esta vez, quien ha decidido contar su versión es Todd Bryant, un veterano actor y especialista al que muchos aficionados a la ciencia ficción recordarán por interpretar al capitán klingon Klaa en Star Trek V: La última frontera.
Bryant sostiene que Reynolds fue responsable de su despido durante el rodaje de El espíritu de la Navidad, la comedia musical que el intérprete protagonizó junto a Will Ferrell en 2022. En una entrevista con la periodista Kjersti Flaa, el especialista ha recuperado un episodio que, según su relato, terminó teniendo consecuencias devastadoras para su trayectoria profesional.
Sus declaraciones han reabierto el debate sobre el poder que acumulan las grandes estrellas en los rodajes y sobre hasta dónde puede llegar su influencia cuando surge un conflicto con otro integrante del equipo. Y el asunto adquiere una dimensión todavía más llamativa al recordar la polémica que rodeó a Blake Lively, esposa de Reynolds, durante la producción y promoción de Romper el círculo.
«Un arrogante que se cree por encima de los demás»: la acusación de Todd Bryant
La versión de Bryant comienza con una experiencia anterior, durante el rodaje de Linterna Verde, la película de superhéroes que Reynolds protagonizó en 2011. El especialista asegura que su relación con el actor fue desagradable desde aquel primer encuentro y que, años después, volvió a coincidir con él en El espíritu de la Navidad.
Según su testimonio, el ambiente empeoró durante aquella producción. Bryant, que trabajaba como coordinador de especialistas, afirma que Reynolds tenía una actitud arrogante con él y que llegó a sentirse objeto de burlas por parte del actor y de Ferrell.
El momento decisivo, siempre según su versión, llegó cuando la producción exigió la vacunación contra la covid-19 a los integrantes del equipo. Bryant asegura que solicitó una exención, que su petición no prosperó y que terminó siendo despedido. El especialista relaciona su salida con la intervención de Reynolds y sostiene que recibió un correo de una persona cercana a Ferrell que atribuía al protagonista de Deadpool la decisión de apartarlo del rodaje.
«Es un arrogante que se cree por encima de los demás», viene a resumir Bryant al describir su experiencia con el actor.
Hay, no obstante, una distinción importante: se trata de las acusaciones de Bryant, no de una responsabilidad demostrada de Reynolds. La información publicada no aporta una confirmación independiente de que el intérprete provocara el despido ni permite establecer que fuera el único motivo de la decisión.
Bryant afirma que no ha vuelto a trabajar como especialista desde entonces y considera que aquel episodio perjudicó gravemente su carrera. Su relato pone sobre la mesa una cuestión recurrente en la industria del cine: cuando una estrella tiene un enorme peso comercial, ¿cuánto margen de maniobra conservan los demás profesionales de una producción?
Blake Lively y Justin Baldoni: una película que acabó convertida en una batalla pública
La polémica que ahora vuelve a rodear a Reynolds resulta especialmente llamativa por su conexión con otro conflicto de Hollywood: el enfrentamiento entre Blake Lively y Justin Baldoni durante la producción de Romper el círculo (It Ends With Us).
En esta ocasión, el debate no giró en torno a un despido, sino al control creativo de una película. Lively, protagonista y productora de la adaptación, quiso aportar su visión al proyecto, mientras que Baldoni, director y coprotagonista, defendía su propia perspectiva. Las diferencias profesionales terminaron formando parte de una disputa mucho más amplia, con acusaciones cruzadas y una enorme exposición mediática.
A finales de 2024, Lively denunció a Baldoni por presunto acoso y represalias. Él negó las acusaciones y respondió con una demanda por difamación contra la actriz, Reynolds y otras personas implicadas en el conflicto. Su reclamación de 400 millones de dólares fue desestimada, mientras que buena parte de las pretensiones de Lively también quedaron fuera del procedimiento judicial.
En mayo de 2026, ambas partes alcanzaron un acuerdo que evitó el juicio. El desenlace cerró una etapa de enfrentamiento público, aunque no borró el daño reputacional que la disputa había causado a los implicados.
Uno de los aspectos más controvertidos fue precisamente la participación de Lively en las decisiones creativas. Las informaciones sobre el rodaje apuntaron a diferencias acerca de la dirección de la película y la manera de abordar su historia, que trata sobre una relación marcada por la violencia doméstica.
La cuestión adquirió mayor repercusión porque Reynolds también quedó involucrado en el conflicto. El actor defendió a su esposa y, según mensajes privados divulgados recientemente, criticó duramente a Baldoni y reprochó a Sony la gestión pública de la controversia. Esas comunicaciones han vuelto a situar al matrimonio en el centro de las discusiones sobre la influencia que las grandes estrellas ejercen en los estudios y en las campañas promocionales.
¿Un matrimonio con demasiado peso en Hollywood?
El caso de Reynolds y Lively alimenta una pregunta incómoda para la industria: ¿dónde termina el apoyo personal entre dos estrellas y dónde empieza la influencia profesional sobre los proyectos en los que participan?
En el caso de Romper el círculo, la implicación creativa de Lively fue objeto de debate público, mientras que la intervención de Reynolds en la defensa de su esposa quedó reflejada en los mensajes que han trascendido. Eso no demuestra por sí solo que el matrimonio impusiera decisiones en la película, pero sí ilustra hasta qué punto las relaciones personales, el poder de negociación y las estrategias de comunicación pueden entrelazarse en una producción de Hollywood.
Las estrellas que también ejercen como productoras suelen tener más capacidad para influir en los proyectos que protagonizan. Esa participación puede contribuir a mejorar una película, pero también puede generar tensiones cuando existen distintas visiones sobre el guion, el montaje, la dirección o la promoción.
La diferencia está en los procedimientos y en el equilibrio de poder. Una discrepancia creativa no equivale automáticamente a una injerencia indebida, del mismo modo que respaldar públicamente a una pareja no demuestra que se hayan impuesto decisiones profesionales.
En este contexto, las declaraciones de Bryant sobre Reynolds adquieren una resonancia particular. El especialista presenta su experiencia como un ejemplo de cómo una figura poderosa puede afectar a la carrera de alguien con mucha menos capacidad de influencia. Sin embargo, no existe una conexión demostrada entre su relato y el conflicto de Romper el círculo: son dos episodios distintos que coinciden en poner el foco sobre el poder de las estrellas.
El precio de la fama: cuando la imagen pública se vuelve contra sus protagonistas
Durante años, Reynolds ha cultivado una imagen pública basada en la espontaneidad, las bromas y una aparente facilidad para reírse de sí mismo. Lively, por su parte, ha combinado su carrera como actriz con una presencia destacada en la moda y en las campañas de promoción de sus proyectos.
La controversia de Romper el círculo demostró, sin embargo, que una estrategia de comunicación puede volverse contra sus protagonistas cuando el público interpreta que la promoción no encaja con el mensaje de una película. A partir de entonces, cada filtración, declaración o movimiento del matrimonio pasó a analizarse bajo una lupa mucho más exigente.
Las nuevas acusaciones de Bryant añaden otra capa a esa conversación, aunque deben valorarse con cautela y sin convertir un testimonio individual en una conclusión definitiva sobre el carácter del actor.
En Hollywood, el poder de una estrella no se mide únicamente por la taquilla o por sus seguidores en redes sociales. También se refleja en su capacidad para negociar contratos, participar en decisiones creativas y defender su versión de una historia ante los medios. Cuando ese poder se convierte en motivo de controversia, la reputación puede ser tan difícil de controlar como el argumento de una película.
Por ahora, Ryan Reynolds no queda señalado por una resolución que confirme las acusaciones de Bryant. Pero el episodio vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que Hollywood preferiría mantener fuera del guion: ¿quién tiene realmente la última palabra cuando una estrella y el resto del equipo dejan de remar en la misma dirección? @mundiario

