Sánchez naufraga en Europa: solo los socialistas italianos avalan su frente contra Frederiksen

La crisis migratoria de Ceuta ha dejado de ser únicamente un conflicto entre Madrid y Rabat. En cuestión de semanas, ha terminado convirtiéndose en un problema político para la propia socialdemocracia europea, hasta el punto de enfrentar a dos de sus gobiernos más relevantes: el de Pedro Sánchez y el de Mette Frederiksen.

La ofensiva contra la primera ministra danesa parte del PSOE y tiene, por ahora, un respaldo limitado pero significativo: el del Partido Democrático (PD) italiano. Peppe Provenzano, responsable de Exteriores de la formación italiana, y Javi López, vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado del PSC-PSOE, han firmado una carta dirigida a Stefan Löfven, presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PSE), para reclamar que la actuación de Frederiksen sea debatida en la próxima reunión de la familia socialdemócrata.

El movimiento revela hasta qué punto la inmigración está erosionando la tradicional unidad de los partidos socialistas europeos. La carta denuncia como “inaceptable” el acercamiento entre Copenhague y Roma en materia migratoria y reclama una votación interna que permita establecer una posición común de los socialdemócratas europeos.

El argumento de López y Provenzano es que la solidaridad entre gobiernos de la misma familia política no puede aplicarse “de forma selectiva”. Recuerdan el respaldo europeo frente a la presión migratoria sobre Lampedusa, la utilización de migrantes por Bielorrusia en la frontera polaca o las tensiones provocadas por Donald Trump en torno a Groenlandia.

El problema para Madrid es que Frederiksen no ha asumido la posición del Gobierno español sobre Ceuta. Al contrario, su Gobierno ha defendido públicamente una política migratoria mucho más restrictiva y ha respaldado la necesidad de reforzar las fronteras exteriores y facilitar los retornos. Desde Copenhague, la respuesta ha sido igualmente significativa. El Ejecutivo danés rechaza que su posición constituya una falta de solidaridad con España y sostiene que su objetivo es encontrar “soluciones europeas comunes”.

Sánchez frente al modelo danés

La distancia entre Sánchez y Frederiksen no es coyuntural. Dinamarca lleva años aplicando una de las políticas de asilo más restrictivas de Europa. El denominado “cambio de paradigma”, aprobado en 2019, desplazó el centro de gravedad de la formación Socialdemócratas desde la integración hacia el retorno y convirtió la protección temporal en una pieza fundamental de su sistema.

El objetivo entonces era reducir drásticamente las solicitudes de asilo. Los resultados han acompañado esa estrategia. Dinamarca concedió 839 permisos de residencia por asilo en 2025, según las cifras aportadas en la información de partida, mientras que en 2024 se presentaron 2.333 solicitudes y fueron aceptadas alrededor de 860.

Es una concepción prácticamente opuesta a la defendida por el Gobierno español, que insiste en combinar control fronterizo, vías legales de migración, cooperación con los países de origen y tránsito y mecanismos de integración. La crisis de Ceuta ha convertido esa diferencia de criterio en un enfrentamiento político abierto.

Italia se convierte en el socio del PSOE

El respaldo de los socialdemócratas italianos resulta especialmente relevante porque Italia está gobernada por Giorgia Meloni, precisamente una de las dirigentes europeas que más ha endurecido su discurso sobre inmigración. El Partido Democrático, en la oposición, ha decidido situarse junto al PSOE en este conflicto interno de la socialdemocracia europea.

Provenzano y López consideran especialmente problemática la aproximación entre Meloni y Frederiksen después de que Italia anunciara la suspensión de determinados mecanismos de cooperación asociados al espacio Schengen con España por la crisis de Ceuta. Desde Madrid se ha interpretado esa decisión como una maniobra política, mientras Roma ha defendido que la presión migratoria en una frontera exterior afecta al conjunto del espacio Schengen.

El ministro italiano del Interior, Matteo Piantedosi, ha insistido en que una entrada irregular en las fronteras exteriores constituye, a su juicio, una vulnerabilidad para todo el espacio europeo de libre circulación. Y aquí aparece un matiz jurídico importante. Hablar de “suspender Schengen” simplifica una realidad mucho más compleja. El propio marco europeo permite restablecer temporalmente controles fronterizos interiores bajo determinadas circunstancias. Numerosos países europeos han recurrido a este mecanismo en los últimos años.

La inmigración divide a la izquierda europea

La fractura va mucho más allá de España, Italia y Dinamarca. La presidenta del grupo socialista en el Parlamento Europeo, Iratxe García, ya había advertido que las declaraciones de Frederiksen no representaban necesariamente la posición del grupo S&D. El problema es que la socialdemocracia europea ya no dispone de una única respuesta ante la inmigración.

En el sur, los gobiernos soportan directamente la presión de las fronteras mediterráneas. En el norte, los partidos socialdemócratas compiten con formaciones conservadoras y nacionalistas que han convertido el control migratorio en una de sus principales banderas electorales.

Dinamarca es probablemente el ejemplo más claro de esta evolución. Frederiksen ha conseguido mantener a los socialdemócratas en el Gobierno combinando políticas económicas tradicionalmente asociadas a la izquierda con una política migratoria que hace una década habría resultado difícil de imaginar en buena parte de la socialdemocracia europea. Ese modelo ha demostrado que endurecer la inmigración no implica necesariamente abandonar el espacio electoral de la izquierda. @mundiario