Además, el equipo de Joe Biden está elaborando una completa serie de sanciones contra altos funcionarios del régimen bielorruso. Según el comunicado, el Tesoro ya trabaja en una nueva orden ejecutiva para otorgarle al presidente Biden mayor autoridad a la hora de imponer sanciones a Bielorrusia. Con efecto inmediato, EE.UU. suspende la aplicación del Acuerdo de Servicios Aéreos EE.UU.-Bielorrusia que está en vigor desde 2019.
El 23 de mayo, el avión de pasajeros de Ryanair, vuelo FR4978 entre Atenas y Vilna, fue redirigido por la fuerza aérea bielorrusa a un aeropuerto de Minsk, capital de ese país. Antes, las autoridades bielorrusas avisaron a la tripulación sobre una posible amenaza de seguridad relacionada con una alerta de ataque terrorista de Hamás, el grupo islamista palestino. Fue
una falsa alerta
para desviar el vuelo y sacar de él al periodista Roman Protasevich, al que el régimen bielorruso acusa de conspirar contra la dictadura de Alexander Lukashenko. En este momento, Protasevich se halla detenido en su país.
La queja de Lukashenko
A comienzos de esta semana, la Administración Biden condenó el secuestro del vuelo por ser «una afrenta directa a las normas internacionales» y se unió a la Unión Europea en su condena a las acciones de Lukashenko. Por su parte, informa la agencia rusa Ria Novosit de que Lukashenko, al tratar el viernes con su homólogo ruso, Vladímir Putin, las consecuencias del incidente, afirmó que «ha habido un intento por explotar el problema». El martes, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajarova, criticó por «histérica» la reacción de los países occidentales a ese aterrizaje de emergencia del avión de Ryanair y que «es crucial analizar todos los datos antes de extraer conclusiones».
Tanto Putin como Lukashenko presiden dos regímenes en los que la prensa se halla sometida a un acoso constante, incluidos los secuestros y las desapariciones forzadas.

