Las Fuerzas Armadas de Taiwán están poniendo a prueba su capacidad para mantener operativas sus instalaciones militares durante un conflicto. El escenario que se plantea es especialmente exigente: un ataque que afecte directamente a las bases aéreas y que obligue a reparar con rapidez las zonas utilizadas por los aviones para despegar y aterrizar.
El entrenamiento forma parte de las maniobras Han Kuang, los principales ejercicios militares que Taiwán realiza cada año para evaluar su respuesta ante una eventual ofensiva china. Las operaciones se prolongarán hasta el 14 de agosto e incluyen diferentes situaciones relacionadas con un posible enfrentamiento armado.
Entre ellas figuran la respuesta ante un bloqueo marítimo, la protección de infraestructuras esenciales y la adaptación de la industria armamentística para continuar produciendo material durante una guerra. El planteamiento refleja una preocupación central de Taipéi: que un conflicto no se limite a los combates entre unidades militares, sino que afecte también a las instalaciones necesarias para sostener la defensa.
Maquinaria pesada para recuperar una pista bajo fuego
Uno de los ejercicios más significativos tuvo lugar en la base aérea de Hsinchu, en el norte de la isla. Allí, la Fuerza Aérea taiwanesa simuló una situación en la que sus aviones debían abandonar rápidamente el aeródromo ante la aparición de una amenaza aérea.
Los Mirage 2000 participaron en la práctica y fueron preparados para realizar despegues de emergencia. Mientras los cazas permanecían listos para entrar en acción, los equipos de tierra trabajaron sobre los daños simulados en la infraestructura.
La escena estuvo protagonizada por maquinaria que normalmente asociaríamos a una obra de construcción: excavadoras, apisonadoras y hormigoneras. Su función, sin embargo, era estrictamente militar. Los operarios retiraron restos y rellenaron un cráter abierto sobre la pista para recuperar la superficie y permitir que los aviones pudieran volver a utilizarla.
También se ensayaron tareas como el abastecimiento de armamento y la preparación de los aparatos para reducir al mínimo el tiempo que permanecen fuera de servicio.
Una guerra de desgaste también se libra en las pistas
La importancia de estas prácticas está relacionada con una de las vulnerabilidades más evidentes de cualquier fuerza aérea: sus aviones necesitan instalaciones desde las que operar. Si las pistas quedan inutilizadas, disponer de cazas preparados para combatir pierde buena parte de su utilidad.
Por este motivo, el Ejército taiwanés considera que los aeródromos podrían convertirse en objetivos prioritarios durante una ofensiva. Dañar las pistas y las calles de rodaje permitiría reducir la capacidad de respuesta de la aviación sin necesidad de destruir necesariamente los propios aviones.
La rapidez de los trabajos de reparación adquiere así un valor estratégico. Cada hora con una base inutilizada puede limitar los despegues, dificultar los aterrizajes y reducir la capacidad de mantener patrullas aéreas.
Las maniobras Han Kuang buscan precisamente comprobar qué ocurriría en esas condiciones y hasta qué punto las unidades pueden continuar funcionando después de sufrir daños. Taiwán no solo entrena a sus pilotos para enfrentarse a una amenaza aérea: también prepara a los equipos de tierra para reconstruir, reabastecer y devolver al combate a los aviones en un escenario de guerra.
El ejercicio evidencia, además, cómo la defensa de la isla depende de mantener en funcionamiento una red completa de infraestructuras. Ante un conflicto prolongado, reparar rápidamente una pista podría ser tan determinante como contar con un nuevo avión de combate. @mundiario
