Tevenet ya es historia en Valladolid. Y lo es con la crudeza que solo permite el fútbol cuando el reloj aprieta y el miedo se instala en el vestuario. Menos de 24 horas después de la goleada encajada ante el Granada, rival directo, el Real Valladolid hizo oficial la destitución de Luis García Tevenet, un técnico que apenas duró siete jornadas, pero que deja un rastro demoledor: cuatro puntos de 21 posibles y un equipo ya hundido en puestos de descenso.
La caída no se explica solo por un resultado, sino por una tendencia. La cuarta derrota consecutiva fue el último clavo en un ataúd que se venía cerrando a martillazos. El Pucela no solo perdió partidos: perdió competitividad. Y cuando un equipo deja de competir, la categoría te devora sin piedad. La victoria del Huesca ante el Ceuta terminó de completar el golpe: el Valladolid cae a Primera Rfef en la clasificación cuando todavía restan 16 jornadas para el final.
Lo más doloroso es que Tevenet llegó con la misión de corregir el rumbo tras la marcha de Guillermo Almada al Real Oviedo. Pero su etapa, lejos de frenar el declive, lo aceleró. Empeoró incluso los números del uruguayo y dejó una estadística que duele: casi los mismos goles encajados que con Almada… pero en diez partidos menos. Es decir, el Valladolid no solo se desangró: lo hizo a velocidad de vértigo.
Hubo un espejismo, una victoria por goleada en Ceuta que pareció abrir una puerta. Pero fue un espejismo sin continuidad. El resto fue una sucesión de derrotas, errores, fragilidad emocional y un equipo cada vez más frágil atrás. Los 12 goles recibidos en los últimos tres partidos han sido la sentencia definitiva, el síntoma más claro de un grupo que se rompió por dentro.
Ahora el club busca un golpe de timón inmediato. Según explican desde el diario Marca, la dirección deportiva ya negocia de manera avanzada con Fran Escribá, viejo conocido de Víctor Orta por su etapa en el Elche. Un entrenador con experiencia en Primera y en Segunda, acostumbrado a apagar incendios y a convivir con la presión de los proyectos que se juegan la vida. No entrena desde que fue destituido en el Granada al final de la pasada temporada, cuando el equipo estaba fuera de los puestos de playoff.
En Valladolid ya no se habla de construir: se habla de sobrevivir. Y el cambio de entrenador no es una solución mágica, pero sí una señal. El Pucela sabe que está en caída libre y que necesita un rostro nuevo, una voz diferente y, sobre todo, una idea simple: competir cada fin de semana como si fuera el último. Porque, en realidad, lo es. @mundiario
