Donald Trump ha vuelto a convertir su frustración por no recibir el Premio Nobel de la Paz en un conflicto diplomático. El presidente estadounidense ha arremetido contra Noruega durante un mitin electoral en Míchigan, donde ha llegado a calificar a la nación de «país de mierda» por no haberle concedido el reconocimiento que considera merecer.
El mandatario republicano vinculó directamente su rechazo al galardón con su postura sobre la inmigración. Ante sus seguidores, aseguró que no quería inmigrantes procedentes de Noruega y afirmó que no deseaba tener nada que ver con el país escandinavo. Sus palabras han elevado la tensión con un aliado europeo y han provocado una respuesta de las autoridades noruegas, que han optado por rebajar el tono de la disputa.
El estallido se produce después de que el Nobel de la Paz de 2026 haya recaído en la jurista sudafricana Navanethem «Navi» Pillay. Trump lleva semanas criticando la decisión y reivindicando sus supuestos logros diplomáticos como argumento para defender que él debería haber recibido el premio.
Durante el acto celebrado en Port Huron, en el estado de Míchigan, Trump expresó su enfado por la decisión del comité y relacionó el resultado con su política migratoria. La reacción no es un episodio aislado. Desde que se anunció el nombre de la ganadora, el republicano ha cuestionado repetidamente la elección y ha puesto en duda los méritos de Pillay. A principios de octubre llegó a calificar la decisión de «mancha imborrable» para Noruega, responsabilizando al país de un premio que, según él, debería haber reconocido su labor internacional.
Trump sostiene que ha contribuido a resolver ocho guerras y que tiene otras dos en camino. Utiliza esa afirmación para defender su candidatura al Nobel, aunque sus declaraciones sobre esos supuestos logros no equivalen a una evaluación independiente de su contribución a la paz.
También ha vuelto a comparar su situación con la de Barack Obama, que recibió el Nobel de la Paz en 2009, pocos meses después de llegar a la Casa Blanca. Trump ha cuestionado en varias ocasiones que su predecesor obtuviera aquel reconocimiento y ha utilizado ese precedente para reforzar sus críticas al comité.
Oslo recuerda que el Gobierno no decide quién gana el premio
La respuesta noruega ha sido prudente. El ministro de Asuntos Exteriores, Espen Barth Eide, ha recordado que el Comité Noruego del Nobel es independiente del Gobierno y que la decisión sobre el ganador no corresponde a las autoridades del país.
El mensaje pretende separar la responsabilidad institucional de Noruega de la decisión que ha provocado la ira de Trump. Aunque Oslo acoge la ceremonia y el comité tiene su sede en el país, el Gobierno noruego no elige al ganador del Premio Nobel de la Paz.
Eide ha señalado que esta independencia es un hecho conocido por el presidente estadounidense y que ya se le ha recordado. Las autoridades noruegas han evitado, por ahora, alimentar una escalada verbal y han optado por mantener una respuesta diplomática de perfil bajo.
La controversia revela, sin embargo, una tensión poco habitual entre dos países aliados. La frustración personal del presidente estadounidense se ha trasladado al terreno de las relaciones internacionales y ha terminado afectando a la imagen de un país que no tiene capacidad directa para concederle el galardón.
Las declaraciones llegan en un momento delicado para Trump. Estados Unidos celebrará elecciones legislativas de medio mandato el próximo 3 de noviembre y los sondeos publicados en las últimas semanas reflejan dificultades para los republicanos.
La encuesta de Ipsos citada por la información original sitúa la popularidad del presidente en torno al 3 %, uno de los niveles más bajos de sus dos mandatos. Los resultados legislativos determinarán si los republicanos mantienen el control del Congreso o si los demócratas consiguen reforzar su capacidad para frenar la agenda de la Casa Blanca.
En ese contexto, los ataques contra Noruega y otros países vuelven a poner de relieve el peso de la inmigración y de la confrontación política en el discurso de Trump. También muestran cómo una disputa por un reconocimiento internacional puede convertirse en un argumento de campaña y derivar en un conflicto diplomático.
Por ahora, Noruega ha optado por no elevar el tono y ha insistido en la independencia del comité del Nobel. Trump, en cambio, mantiene sus críticas y continúa defendiendo que sus actuaciones internacionales merecían el premio. La polémica sigue abierta, pero la decisión del comité no depende del Gobierno noruego ni de la presión política del presidente estadounidense. @mundiario
