La política de apoyo militar de Estados Unidos a Israel encara un nuevo capítulo. La Administración de Donald Trump ha dado pasos para autorizar un paquete de armamento valorado en aproximadamente 2.800 millones de dólares que contempla decenas de miles de bombas de gran potencia, según informaciones publicadas por medios estadounidenses.
La operación adquiere especial relevancia por el momento en el que se plantea. Washington afronta dificultades para recuperar sus propias reservas de munición después del elevado consumo registrado durante la guerra con Irán. De este modo, la decisión de destinar recursos a reforzar el arsenal israelí llega mientras el Pentágono trata de recomponer sus capacidades.
El paquete contempla alrededor de 40.000 bombas y otros componentes destinados a las Fuerzas Armadas israelíes. Entre el material figuran municiones MK-84, bombas BLU-117 y ojivas I-2000 Penetrator, sistemas concebidos para producir un elevado poder destructivo.
La operación estaría siendo tramitada mediante el mecanismo de Financiación Militar Extranjera. Aunque formalmente se presenta como una venta, el sistema implica la utilización de financiación estadounidense para que Israel pueda adquirir el material, vinculando directamente la operación con los recursos públicos de Estados Unidos.
La propuesta también marca una diferencia respecto a la etapa de Joe Biden. Durante su mandato, Washington llegó a bloquear el envío de determinadas bombas de gran potencia ante la preocupación por su utilización en Gaza.
Ahora, el escenario es diferente. La Administración Trump mantiene una política de respaldo militar a Israel que ya quedó reflejada en febrero de 2025, cuando autorizó una operación superior a los 7.400 millones de dólares que incluía bombas, misiles y otros equipos.
El problema está también dentro de EE UU
La paradoja de la nueva operación reside en la situación de los propios arsenales estadounidenses. Un informe del inspector general del Departamento de Defensa advierte de una reducción significativa de las reservas de munición y de los problemas existentes para recuperar los niveles anteriores.
El conflicto con Irán ha obligado a Washington a realizar un importante desembolso militar. Entre el 28 de febrero y el 1 de agosto, los costes relacionados con la guerra alcanzaron, según los datos citados, unos 38.000 millones de dólares. Solo entre febrero y junio, el gasto en municiones superó los 22.000 millones.
A ello se añaden pérdidas de equipamiento estimadas en 3.700 millones de dólares y otros 7.400 millones asociados a gastos adicionales. El resultado es una presión simultánea sobre las reservas militares y sobre la capacidad industrial para fabricar y reponer rápidamente el material consumido.
Gaza vuelve a quedar en el centro del debate
El envío previsto también tiene consecuencias políticas por su relación con la guerra de Gaza. Las peticiones internacionales de un alto el fuego conviven con la continuidad de las operaciones militares israelíes y con las discrepancias sobre el futuro control territorial de la Franja.
Según los medios estadounidenses que han informado sobre la operación, la Administración Trump ya habría dado luz verde al paquete. El Departamento de Estado, sin embargo, ha evitado confirmar oficialmente la transacción y recuerda que Washington no comenta las ventas de armas hasta que el Congreso recibe la correspondiente notificación.
La decisión, por tanto, no solo representa una nueva transferencia de material militar. También evidencia hasta qué punto la relación estratégica entre Washington y Tel Aviv permanece intacta en un contexto marcado por la guerra, el desgaste de los arsenales estadounidenses y la presión internacional sobre la actuación de Israel en Gaza. @mundiario

