Victoria pírrica

La guerra de Ucrania llega a su momento decisivo, con ambos contendientes al límite, pudiendo decantarse en un sentido u otro. Putin puede destruir Ucrania, pero Ucrania nunca será rusa , como desea y retenerla a la fuerza le resultaría tan cara como a Pirro, rey de Epiro, sus victorias sobre los romanos que al final perdió la guerra. El arreón inicial ruso fue detenido sin haber alcanzado Kiev. La contraofensiva ucraniana que los empujó hasta las provincias del este e incluso reconquistaron territorios de algunas de ellas, haciendo temer la primera derrota rusa no consiguió los objetivos esperados. El primero en saberlo fue Putin , que sustituyó al jefe de su Ejército en campaña y movilizó a su entera población, desde la iglesia Ortodoxa a las cárceles , prometiendo la libertad a los presos que voluntariamente se alistaran, vista la renuencia de los civiles a hacerlo. Fueron destinados a la unidad de choque Wagner , en primera línea con órdenes de recuperar el terreno perdido, lo que han logrado con grandes bajas en Soledar, un centro de comunicaciones que, de consolidarse, les permitiría cercar a buena parte del Ejército enemigo y tomar la estratégica ciudad de Bajmut. Se lucha no ya casa por casa, sino habitación por habitación, nos dicen los corresponsales, con los vecinos huidos, en sótanos o bajo las camas. Su presidente, Volodímir Zelenski , ha enviado un mensaje a las capitales occidentales pidiendo tanques último modelo ya que, paradójicamente, la mayoría de los que tiene son rusos, abandonados en su primera huida. Pide en especial los Leopard alemanes y los Bradley norteamericanos, mucho más potentes. París y Londres ya han anunciado el envío de sus blindados. El canciller Scholz se resistía para «no escalar la lucha». Pero peor sería que continuara indefinidamente, ya que ni Moscú ni Kiev pueden ceder. Con una importante diferencia: los ucranianos luchan por su país, mientras los rusos, por otro. De ahí que Putin tenga que utilizar presidiarios. Algo significativo, ¿no?