Von der Leyen y Magyar sellan el giro de Hungría con el desbloqueo de más de 16.000 millones de euros

La salida de Viktor Orbán del poder y la llegada de Péter Magyar al Gobierno húngaro han precipitado uno de los movimientos políticos más significativos dentro de la Unión Europea en los últimos años. Apenas cinco semanas después de las elecciones que pusieron fin a más de una década y media de hegemonía nacionalpopulista, Bruselas ha anunciado el desbloqueo de más de 16.000 millones de euros en fondos europeos, subvenciones e inversiones para Hungría, una decisión que simboliza tanto un alivio financiero para las maltrechas cuentas de Budapest como un mensaje político de enorme alcance para el conjunto de la UE.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, compareció este viernes junto al nuevo primer ministro húngaro, una postal que entierra la imagen de Hungría como el socio díscolo de los Veintisiete. Ambos escenificaron el cierre de una etapa de confrontación permanente entre Budapest y las instituciones europeas y el inicio de una nueva relación basada en reformas, compromisos institucionales y readaptación al marco comunitario.

El desbloqueo de fondos afecta a distintas partidas congeladas durante los últimos años debido a las reiteradas advertencias de Bruselas sobre el deterioro del Estado de derecho en Hungría bajo el mandato de Orbán. La Comisión Europea había retenido miles de millones de euros procedentes de los fondos de cohesión y del programa Next Generation EU por las dudas sobre corrupción, conflictos de interés, independencia judicial y transparencia institucional.

Ahora, el Ejecutivo comunitario considera que el nuevo Gobierno húngaro ha comenzado a revertir parte de esa deriva. Von der Leyen habló de “progreso”, “hitos alcanzados” y “un gran paso adelante” en referencia a las reformas liberalizadoras emprendidas por Magyar. Entre ellas destacan cambios en materia de integridad institucional, lucha contra la corrupción, libertad académica y mecanismos de supervisión del gasto europeo.

La dimensión económica del acuerdo es especialmente relevante para Hungría. Según explicó el propio Magyar, los más de 16.000 millones de euros equivalen aproximadamente al 13 % o 14 % del presupuesto anual del país. El dirigente conservador aseguró que esos recursos permitirán reactivar una economía prácticamente estancada desde hace tres años y reforzar sectores estratégicos como la sanidad, la educación, el transporte y las ayudas empresariales.

Hungría vuelve a Erasmus

Pero más allá del impacto financiero, el anuncio tiene una dimensión política mucho más profunda. La relación entre Bruselas y Orbán se había convertido en uno de los grandes focos de tensión interna dentro de la Unión Europea. Durante años, BRUSELASHungría fue señalada por las instituciones comunitarias como uno de los principales casos de erosión democrática dentro del bloque. La negativa del anterior Gobierno a integrarse en la Fiscalía Europea, los choques sobre derechos fundamentales, las restricciones a universidades y medios de comunicación o los conflictos en torno a las políticas migratorias situaron a Budapest en una posición cada vez más aislada. La llegada de Magyar supone, por el contrario, un intento explícito de recomponer los vínculos con Bruselas.

Además, Hungría volverá a participar plenamente en programas europeos como Erasmus+, cuya suspensión parcial se había convertido en uno de los símbolos más visibles del conflicto entre la Comisión y el anterior Gobierno. Bruselas consideraba que la falta de transparencia en la gestión de varias universidades húngaras impedía garantizar el correcto uso de recursos europeos.

La rapidez con la que se ha producido el acercamiento entre Budapest y Bruselas refleja también una lectura dentro de la UE. La Comisión Europea busca demostrar que el mecanismo de condicionalidad vinculado al Estado de derecho tiene consecuencias reales. Es decir, que el incumplimiento de estándares democráticos puede traducirse en sanciones financieras, pero también que las reformas permiten recuperar la confianza y los recursos.

Erosión democrática en la UE

Ese mismo esquema ya fue utilizado anteriormente con Polonia tras la derrota del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) y la llegada al poder del liberal de centroderecha Donald Tusk. En ambos casos, Bruselas intenta enviar un mensaje de firmeza frente a las derivas iliberales y de disposición a normalizar relaciones cuando existen cambios políticos e institucionales verificables.

Sin embargo, el desbloqueo de fondos no implica un cheque en blanco para el nuevo Gobierno húngaro. Von der Leyen insistió en que los desembolsos estarán condicionados al cumplimiento efectivo de las reformas prometidas. Parte de los fondos requieren además la aprobación formal del Consejo Europeo y dependerán de que Budapest mantenga la hoja de ruta pactada con la Comisión.

El contexto económico explica también la urgencia del nuevo Ejecutivo por normalizar relaciones con la UE. Orbán dejó tras de sí un déficit creciente, un elevado gasto preelectoral y una economía debilitada por años de tensión institucional y aislamiento político. Magyar construyó buena parte de su campaña sobre la promesa de recuperar los fondos europeos y reinsertar plenamente a Hungría en el núcleo político de la Unión.

En paralelo, el relevo político húngaro altera también el equilibrio interno europeo. Durante años, Orbán actuó como referente del nacionalpopulismo europeo y como uno de los principales obstáculos para determinadas decisiones comunitarias, especialmente en política exterior, migración y apoyo a Ucrania. Su salida reduce uno de los focos permanentes de bloqueo dentro del Consejo Europeo y fortalece el margen de maniobra de Bruselas en un momento especialmente delicado para la UE.

Queda por ver hasta qué punto las reformas emprendidas por el nuevo Ejecutivo logran consolidarse y si la transición política húngara consigue estabilizar un país profundamente polarizado tras 16 años de deriva iliberal de Viktor Orbán. @mundiario