Vozinha fue una de las historias del Mundial 2026. Eso resulta indiscutible. Lo discutible es todo lo que vino después. En cuestión de semanas, un portero de 40 años que jugaba en la Segunda División portuguesa pasó del anonimato internacional a ser tratado como una estrella, fichó por Colo-Colo y terminó entre los diez nominados de France Football al Trofeo del Guardameta de la temporada. Y ahí el cuento empieza a resultar difícil de tomar en serio.
Porque una cosa es protagonizar una historia preciosa y otra convertirse de repente en uno de los mejores porteros del año. France Football establece como primer criterio para su premio el rendimiento individual, su carácter decisivo e impresionante; después aparecen el rendimiento colectivo y los títulos. Vozinha terminó la temporada 2025-26 con 30 partidos, 35 goles encajados, 13 porterías a cero y ningún trofeo. Venía, además, de jugar con el Chaves en la segunda categoría portuguesa. Cuesta encontrar ahí una temporada propia de uno de los diez mejores guardametas del planeta.
Lo más sorprendente es que la propia presentación de su candidatura parece explicar el problema. France Football destacó que, “en solo cuatro partidos”, Vozinha se convirtió en una sensación mundial, ganó millones de seguidores y entró en su equipo ideal del torneo. ¿Cuatro partidos? ¿Ese es el baremo para colocar a un guardameta entre los candidatos al mejor del año? Entonces quizá ya no estemos premiando una temporada, sino el impacto mediático producido durante unas semanas.
Su Mundial tampoco debería analizarse únicamente contando paradas. Ante España acumuló intervenciones y sacó un mano a mano importante a Oyarzabal, pero la campeona del mundo firmó una actuación ofensiva muy pobre. Frente a Uruguay, Cabo Verde recibió únicamente dos disparos entre los tres palos y ambos terminaron dentro. Arabia Saudí apenas consiguió inquietarle de verdad y contra Argentina sí realizó varias buenas intervenciones, incluida una ante Messi, pero terminó encajando tres goles. Hubo buenos momentos, sí. De ahí a convertir cuatro encuentros en una candidatura mundial existe un trecho enorme.
Y quizás ahí apareció el gran error con Vozinha: confundir una historia extraordinaria con un portero extraordinario. A los 40 años no estamos hablando de una promesa desconocida a la que nadie había detectado. Su carrera llevaba casi dos décadas diciendo cuál había sido su nivel competitivo. Cabo Verde, Angola, Chipre, Moldavia, Eslovaquia y, finalmente, la Segunda portuguesa. El propio futbolista reconoció después de fichar por Colo-Colo que siempre había jugado en campeonatos pequeños y clubes que no estaban entre los grandes.
Nada de eso convierte a Vozinha en un mal portero. Sí convierte en un auténtico chiste que cuatro semanas basten para situarlo junto a Courtois, Unai Simón, David Raya, Emiliano Martínez, Bounou, Joan García o Safonov en una candidatura que pretende distinguir al mejor guardameta de toda una temporada. Algunos de ellos acumularon más de 50 partidos, títulos nacionales, Champions, Mundial o actuaciones sostenidas durante diez meses. Vozinha llegó con 30 encuentros, ningún título y cuatro partidos convertidos en fenómeno mediático.
Colo-Colo también compró parte de ese fenómeno. Vozinha llegó a Chile como una celebridad después de disputar el Mundial y con una exposición que jamás había experimentado durante el resto de su carrera. Pero el fútbol de clubes exige algo completamente diferente: regularidad. No vale vivir de una parada a Oyarzabal o de un mano a mano resuelto ante Messi. Hay que competir cada semana, dominar el área, medir las salidas, jugar con los pies y minimizar errores durante meses.
Y precisamente los últimos partidos han mostrado una imagen mucho menos extraordinaria. Con Cabo Verde cometió errores importantes en las derrotas ante Malí y Ruanda. En esta última volvió a quedarse a medio camino en una salida que terminó facilitando el 2-1 definitivo. Son fallos que no invalidan lo realizado durante el Mundial, pero sí ayudan a devolver el análisis a un terreno bastante más cercano al nivel que había mostrado durante el grueso de su carrera.
Mientras tanto, el fenómeno ha terminado alcanzándole incluso fuera del terreno de juego. Vozinha ha reconocido que prefería su vida anterior, que ha perdido tranquilidad y privacidad y que la fama posterior al Mundial le resulta difícil de asumir. Pasó de unos 56.000 seguidores en Instagram a cerca de 28 millones y de poder caminar tranquilamente por la calle a recibir peticiones constantes de fotografías y autógrafos e incluso visitas de aficionados a la casa de su madre. No existe base para relacionar directamente esa exposición con sus errores deportivos, pero sí demuestra hasta qué punto el personaje creció en cuestión de semanas.
Por eso quizá Vozinha no haya acabado como un juguete roto. Quizá nunca fue el juguete extraordinario que se quiso vender. Hizo cosas buenas en un Mundial, protagonizó una historia magnífica y aprovechó la oportunidad para dar el mayor salto de su carrera. Perfecto. Lo incomprensible fue convertir aquello en algo que su trayectoria y su temporada completa no sostenían.
Y si la prueba definitiva de aquella exageración era necesaria, France Football terminó proporcionándola. Una parada a Oyarzabal, otra a Messi, cuatro partidos bajo los focos y una historia perfecta para las redes sociales bastaron para convertir a un guardameta de Segunda portuguesa en candidato a mejor portero del año. Si eso no es comprar el relato por encima del fútbol, se le parece demasiado. @mundiario
