Washington señala fallos de Nvidia en el contrabando de chips de IA a China

El contrabando de chips de Nvidia hacia China escala en Washington y amenaza la cotización del fabricante. Los fiscales federales han imputado a un hombre por enviar servidores con 300 millones de dólares en aceleradores de IA al mercado chino, mientras varios funcionarios estadounidenses sostienen que la compañía no hizo todo lo posible por frenar la trama.

Claves de la operación

  • Detención y cifra millonaria. Las autoridades federales arrestaron a Greg Lui por introducir en China servidores con 300 millones de dólares en chips de IA, en violación de las leyes de exportación estadounidenses.
  • Diligencia bajo sospecha. Funcionarios del Gobierno apuntan a lagunas en el control de Nvidia sobre sus clientes del sudeste asiático, con Tailandia y Singapur como escalas que reciben más pedidos de los que podrían consumir.
  • Presión sobre la regulación. El escrutinio del Congreso condiciona las licencias de venta a China y la prima de valoración que el mercado paga por la exposición del fabricante a la IA.

Del secador de pelo rojo a los 2.500 millones de Super Micro

El caso no es un episodio aislado, sino la punta de un entramado. A principios de año, las autoridades difundieron un vídeo de vigilancia en el que un operario utilizaba un secador de pelo rojo para despegar las pegatinas con el número de serie de las cajas de servidores de Nvidia. El objetivo era camuflar hardware restringido y colocarlo en el mercado chino sin levantar sospechas aduaneras.

La trama más documentada salpica al mayorista Super Micro. Según la acusación, colaboradores de la compañía —entre ellos su cofundador Yih-Shyan ‘Wally’ Liaw— buscaron compradores en China y vendieron cerca de 2.500 millones en servidores a OBON, una empresa con sede en Bangkok. Sobre el papel, OBON levantaba infraestructura de IA en Tailandia; en la práctica, los equipos viajaban directamente a usuarios finales chinos.

El pulso por las licencias a China enfrenta a Huang con el Congreso

Los funcionarios creen que Nvidia debió detectar la anomalía. OBON no disponía de la capacidad física para alojar los equipos que compró: 100 megavatios de espacio de centro de datos, cuando Tailandia apenas suma unos cientos de megavatios de infraestructura de IA en funcionamiento. ‘Nunca sentí que obtuviéramos una respuesta clara de cómo es posible que tantos chips fueran a la región del sudeste asiático si no atendían a clientes en China’, señaló Daniel Remler, exresponsable de política de IA del Departamento de Estado.

La compañía rechaza esa lectura. Un portavoz sostiene que ‘el plan de crecimiento de una empresa emergente en una nación amiga es una oportunidad para EEUU, no una bandera roja’, y defiende que los servidores con chips de Nvidia son activos financiables que ayudan a las empresas emergentes a captar capital. El fabricante añade que el avance de Huawei en chips de IA reduce la necesidad china de recurrir al contrabando.

El fabricante vende la versión de que no hace falta contrabandear sus chips; Washington responde con detenciones y con números que apuntan a lo contrario.

En paralelo, Bloomberg ha reportado que operadores del oeste de China levantaban decenas de centros de datos capaces de alojar 115.000 procesadores restringidos de Nvidia. Las mismas fuentes apuntan a que Pekín ya habría introducido esa cantidad de chips y más. La cifra, si se confirma, convertiría el goteo en un flujo de escala industrial.

Por qué el mercado tolera el riesgo regulatorio de Nvidia

Para entender la magnitud del pulso conviene recordar la posición que Nvidia ha construido en menos de una década. La compañía pasó de fabricar tarjetas gráficas para videojuegos a convertirse en el proveedor casi obligado de la infraestructura de IA, y ese liderazgo le ha permitido capturar márgenes que ningún otro fabricante de semiconductores iguala. En España, el despliegue de centros de datos que aspira a atraer inversión de los grandes proveedores de nube depende, en buena medida, de los mismos aceleradores que ahora protagonizan el pulso comercial.

La estrategia esconde una contradicción incómoda. Mientras la empresa asegura cumplir la ley, su consejero delegado, Jensen Huang, ha presionado para relajar los controles a China y convenció al Gobierno de Trump de permitir la venta de aceleradores Hopper H200. El respaldo en el Congreso a endurecer las normas es tibio, salvo en halcones como la senadora Elizabeth Warren, que criticó con dureza que Huang rechazara testificar en el Capitolio.

El desenlace depende de un hito que el mercado vigila de cerca: si el Congreso reactiva una legislación más estricta o si la próxima presentación de resultados de Nvidia vuelve a poner el foco sobre su exposición a Asia. La cotización ha aprendido a convivir con el ruido regulatorio, pero cada detención añade un dato nuevo a la ecuación. El riesgo no es que prohíban vender chips; es que descubran cuántos ya cruzaron la frontera sin que nadie los contara.

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