Acercándonos a Dios

Por: Héctor E. Contreras.

Santiago 4:6-8.

Muchas de las sociedades modernas están basadas en una división entre ricos y pobres. Estos dos grupos tienen escasos contactos diarios, y cualquiera que intente comunicar un único mensaje a ambos grupos se vería en serias dificultades. Es bueno destacar que, entre los primeros lectores de la carta de Santiago había gente de ambos grupos. En la lectura que encabeza este mensaje, Santiago se dirige a los orgullosos y privilegiados ricos, y luego le habla a los pobres que están pasando serias pruebas. Esto se reafirma en los siguientes versos: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán” y “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía”, Santiago 5:1 y 5:7. Ambos grupos tenían problemas diferentes. Por un lado, los ricos eran egoístas. Se mostraban insensibles y despreciativos para con los pobres. Por el otro lado, los pobres, respondían con envidia y murmuraciones. Acusaban a Dios por su pobreza. Lo más importante de todo ésto, mis amados lectores, es saber y entender que, para ambos grupos hubo un hombre que, siendo Dios, se hizo hombre, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda, sino que alcance la vida eterna. Este hombre es Jesucristo el Señor. ¡Bendito sea su nombre!.

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvados por agua”, I-Pedro  3:18-20. Este pasaje, si se analiza un poco, es difícil de comprender, pero al mismo tiempo, fue clarificado para sus lectores. El mismo ha sido objeto de diversas interpretaciones. 

Es probable que se refiera a la proclamación de Cristo, mediante el acontecimiento de su resurrección, de los frutos de su triunfo a los espíritus encarcelados. Aparentemente, estos espíritus estaban también sujetos a la corrupción del mundo en el tiempo de Noé. Esto lo reafirma el mismo autor de esta carta, cuando escribe: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos”, II-Pedro 2:4-5. El mundo en los tiempos de Noé, es el mismo de hoy; el hombre sigue siendo pecador, indiferente a todo lo que es Dios. Sólo ocho personas fueron al arca, porque los demás no creían en la predicación de Noé. ¿Crees que puedes ser cambiado por el poder purificador de la sangre del Cordero de Dios?

Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”, Santiago 3:17-18. ¿Ha conocido a alguien que afirma que es sabio pero que actúa con necedad? La sabiduría verdadera puede medirse por la profundidad del carácter de una persona. Así como tú puedes identificar un árbol por el tipo de fruto que produce, también puedes evaluar tu propia sabiduría por la forma en que actúas. La necedad nos puede conducir al desorden, pero la sabiduría nos conduce a la paz y a la bondad. Todo lo descrito anteriormente, debe llevarnos a la reflexión de que, para acercarnos a Dios es necesario que nazca en nuestros corazones la “HUMILDAD”. 

Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos, vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”, Santiago 4:6-8. El orgullo, la soberbia, nos hace egocéntricos y nos lleva a pensar que tenemos derecho a todo lo que podamos ver, tocar o imaginar. Esta falsedad crea apetitos codiciosos de obtener más de lo que necesitamos. 

Podemos ser librados de nuestros deseos egocéntricos al humillarnos delante de Dios, tomando conciencia de que lo único que necesitamos es su aprobación. Entendiendo también que, cuando su Espíritu llega a nosotros, nos damos cuenta de que las atracciones seductoras del mundo son solo sustitutos baratos en comparación con lo que Dios nos ofrece a través de Jesucristo su Hijo. 

¿Cómo podemos acercarnos a Dios? Es el mismo Santiago que nos da cinco formas para hacerlo, veamos a continuación: 1-)  Someterse a Dios, rendirse a su autoridad y propósito, entregando todo nuestro ser a Él y tener deseos ardientes de seguirle, Santiago 4:7. 2-)  Resistir al diablo, no permitiendo que Satanás nos seduzca y tiente, 4:7. 3-)  Limpiar nuestras manos, purificar nuestros corazones; es decir, llevar una vida pura delante de Dios, 4:8. 4-)  Si nos afligimos,  lamentamos y lloramos con sinceridad por nuestros pecados, no teniendo temor de expresar profundamente la tristeza que pueda llegar a nuestros corazones por lo que hemos hecho, 4:9 y 5-)  Humillarnos delante del Señor, 4:10 y I-Pedro 5:6, que nos dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. ¡Bendito sea el nombre de nuestro Dios! 

Muchas veces nos preocupamos por nuestro nivel social, en espera de recibir el reconocimiento apropiado por lo que hacemos. Pero Pedro nos recuerda que el reconocimiento de Dios es más valioso que la alabanza humana. Dios quiere bendecirnos a su debido tiempo. Obedezcamos a Dios humildemente a pesar de las circunstancias presentes; entonces Él nos exaltará en esta vida y nos brindará la oportunidad de exaltarnos hasta la eternidad. 

Dios quiere conducirnos a encontrarnos con Él por medio de Jesucristo su Hijo, la comunión con El Espíritu Santo y siendo sinceros delante de su presencia. Que su gracia nos ayude a alcanzar la suficiente humildad para poder acercarnos a Él y llevar una vida plena, conforme a sus propósitos en gloria. ¡Bendiciones, amados del Señor

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here