Por: Héctor E. Contreras.
Éxodo 33:11 y Números 12:8.
Hace cerca de tres semanas que se originó un acontecimiento muy fuerte en la ciudad de la Vega, en nuestro País. Este involucraba el asesinato de un hombre de negocios de toda la región. Se dice que el asesinato de éste fue originado por su mejor amigo. Al leer los periódicos, pude notar que el llamado “amigo”, sólo tenía dos años conociéndolo y compartiendo con el occiso. La amistad se forja a través del tiempo; no es algo que llega de un día para otro. El supuesto amigo, según las declaraciones de la esposa del hombre asesinado, se había encargado de separar a todas las personas que en el pasado habían sido parte de la vida de este hombre. Desde el principio, este “amigo” sabía hacia dónde se dirigía. En mi caminar y vivir, me atrevo a escribir que he tenido solamente tres amigos, uno de ellos se lo llevó la pandemia del Covid-19. Los otros dos, al leer este mensaje, sabrán quienes son ellos. La verdadera amistad se forja con el carácter de cada quien, siempre manteniendo la distancia y respetando el derecho de los demás. Forjamos amistades fuertes en la medida en que el tiempo va pasando, convirtiéndonos en ente de valor para cada quien. Fue el ejemplo de Moisés con Dios. Aunque le falló a Dios en un determinado momento de su vida y ministerio, Dios siempre lo consideró como su “amigo”.
“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel”, Deuteronomio 34:10-12. Moisés es la única persona que alguna vez ha hablado cara a cara con Dios. Fue proclamado el profeta más grande de Israel. Aún así, a este gran hombre no se le permitió entrar a la tierra prometida, porque desobedeció a Dios, Números 20:11-12. No importa cuán buenos seamos, o cuánto hayamos hecho por Dios, en ocasiones le desobedecemos. El resultado de nuestra desobediencia será la disciplina. Dios disciplinó a Moisés severamente, y aún así lo llamaba su amigo. ¿Quieres ser amigo de Dios?
Cuando experimentemos el escozor de la disciplina de Dios, hagamos lo que hizo Moisés. Volvámonos a Dios con amor y compresión, con el deseo de ser mejores ante su presencia. Nunca nos apartemos enojados, avergonzados o resentidos. En vez de ésto, vamos a volvernos a Dios en obediencia y alcanzaremos su amistad y su gran amor para con nosotros.
Moisés, el hombre que no quería ser enviado a Egipto porque era “tardo en el habla”, Éxodo 4:10, pronunció para Israel los tres discursos que dieron forma a este libro, Deuteronomio. Dios le dio el poder de desarrollarse en un líder nacional y en un orador poderoso después de haber sido un pastor tartamudo. Su valentía, humildad y sabiduría, transformaron a los esclavos hebreos en una gran nación. Pero Moisés era una persona que no permitió que el éxito se le subiera a la cabeza. Al final, Dios siguió siendo el mejor amigo de Moisés. Su amor, respeto y admiración por Dios fue creciendo diariamente a lo largo de su vida. Moisés sabía que no era su propia grandeza lo que lo había vuelto exitoso; era la grandeza del Dios Todopoderoso, en el que había confiado. Existieron muchos profetas grandes y poderosos durante la época de los reyes, pero pasarían más de mil años antes que apareciera uno más grande que Moisés: JESÚS EL SEÑOR Y SALVADOR DE TODA LA HUMANIDAD. ¡Aleluya!
“Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba. Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento, pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo. Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos”, Éxodo 33:10-12. Dios habló con Moisés cara a cara en el tabernáculo de reunión, como lo hacemos con un amigo. ¿Por qué Moisés encontró este favor con Dios? Una cosa es segura, que no fue por causa de su perfección, sus dones o su poder. Más bien fue porque Dios lo escogió, y este en respuesta puso su plena confianza en la sabiduría y dirección de Dios. La relación íntima con Dios fue un verdadero privilegio para Moisés, fuera del alcance de los demás hebreos de esa época. Pero esta relación especial no está fuera de nuestro alcance actualmente.
Es bueno destacar que, Jesús llamó a sus discípulos—-y por extensión, a todos sus seguidores en el mundo—-sus amigos, según los siguientes versos: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”, Juan 15:15-16. También a ustedes, amados del Señor, los llama a ser sus amigos, tal Moisés con Dios. ¿Confiarán también ustedes como lo hizo Moisés? Es un gran reto para todos en este tiempo conocer a Dios y hacernos amigos de Él. ¡Bendito y alabado sea el nombre de Dios!
“Y reunieron Moisés y Aaarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado. Estas son aguas de rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos”, Números 20:10-13. Según el verso 8 de este mismo capítulo, Dios había ordenado a Moisés que hablara a la peña, sin embargo, Moisés la golpeó, no sólo una vez, sino dos veces. Dios hizo el milagro; pero Moisés se lo atribuyó a él cuando dijo: “Os hemos de hacer salir aguas de esta peña”. Debido a esta desobediencia Dios le prohibió entrar a la tierra prometida. ¿Acaso fue demasiado severo el castigo de Dios para Moisés? Después de todo, el pueblo lo había irritado, difamado y se había rebelado contra él y contra el mismo Dios. Allí estaban otra vez, verso 5, quejándose el pueblo; pero Moisés era el líder y el modelo de la nación entera. Como tenía una responsabilidad tan grande ante el pueblo, no podía ser perdonado por Dios. Al golpear la roca, Moisés desobedeció el mandamiento directo de Dios y lo deshonró en presencia del pueblo. Vuélvete a Dios y Él se volverá a tí en amor y perdón.
Que la gracia del Dios Omnipotente, sea con cada uno de ustedes. Bendiciones.



