Los sindicatos pierden su guerra contra Macron en una nueva jornada de protestas en Francia

Entre 400.000 y 600.000 manifestantes, en París y en toda Francia, protestaron este martes contra las políticas económicas y sociales de Emmanuel Macron, que ha ganado la «guerra» de la reforma del sistema nacional de pensiones , pero preside un país cuarteado por las graves crisis de fondo que inquietan a las agencias internacionales de calificación crediticia. La decimocuarta jornada de protestas contra la reforma del sistema nacional de pensiones, en cinco meses, debía «relanzar» la lucha sindical contra ese modesto proyecto emblemático. Laurent Berger , secretario general saliente de la CFDT, primer sindicato francés, hizo un balance muy melancólico: «Mucha gente, mucha cólera, mucha tristeza. Pero será, sin duda, una de las últimas jornadas de movilización. Macron se equivocaría si creyese que ha ganado y que Francia está en paz«. Durante todo el martes, en doscientas cincuenta ciudades, grandes y pequeñas, modestos y menos modestos cortejos sindicales deseaban creer, todavía, en el «triunfo» de su resistencia contra la reforma de las pensiones, aprobada por el Consejo de Estado. Noticia Relacionada reportaje Si Hundimiento histórico de las izquierdas francesas Juan Pedro Quiñonero Se agrava la crisis política en los partidos en Francia y las agrupaciones de izquierda también han sido afectadas por la fragmentación y los conflictos internos de sus líderes La manifestación parisina, entre el Hotel de los Inválidos, donde está enterrado Napoleón, y la Place d’Italie, donde comienza Chinatown-sur-Seine, entre los 50.000 y 300.000 manifestantes, según las fuentes sindicales o gubernamentales, había de todo… Ultraradicales violentos, que intentaron reventar el cortejo, con violencias sofocadas por los anti disturbios. Pacifistas que denunciaban la «tiranía» de las «leyes» (citando a Montesquieu un poco a la ligera). Mucha tercera edad resignada pero militante. Mucho estudiante «iniciándose» en «la lucha contra el totalitarismo macroniano». Muchas asociaciones pacifistas denunciando el «sistema» y las «instituciones», pidiendo un «cambio de República». Sindicalistas reformistas que piden mejoras salariales. Sindicalistas radicales insultando a los anti disturbios… Al final de la manifestación parisina, los tradicionales «incendios», sofocados con cañones de agua , repitieron su negra nota de color. El impresionante despliegue de antidisturbios sofocó todos lo intentos de «extender» la crisis. A esa diversidad «multicolor» se refiere Laurent Berger, secretario general saliente de la CFDT, cuando habla de «cólera popular» que puede volver a estallar en cualquier momento. Las asociaciones de consumidores denuncian la carestía de la cesta de la compra. En los hospitales se han creado unidades especiales para contener reiterados ataques de cólera y violencia. En los servicios públicos más modestos se suceden las jornadas de protesta. La inexistencia de mayoría política parlamentaria complica la acción gubernamental, acosada por los populismos de extrema izquierda y extrema derecha. A finales de abril, Fitch, una de las tres grandes agencias internacionales de calificación crediticia, degradó la nota internacional Francia, estimando que «el callejón sin salida política y los movimientos sociales de protesta son una amenaza para la credibilidad financiera internacional del Gobierno de Emmanuel Macron». Días pasados, Standard & Poor’s, no degradó la nota pero repitió la misma advertencia. Macron ha ganado una gran batalla. La «guerra social» sigue su incierto curso.