Por: Héctor E. Contreras.
Cuando fijamos nuestros ojos espirituales en Dios, creyendo y confiando en su poder, en todo tiempo saldremos victoriosos en lo que emprendamos. Es lo que sucedió con David cuando se presentó ante Saul y éste le dijo al joven David: “No podrás tú ir contra aquel filisteo”, I-Samuel 17:33, a lo que David le respondió: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él y le hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba”, I-Samuel 17:34-35. Más adelante, cuando David, siendo considerado como algo insignificante por el gigante Goliat, quien le preguntó: “¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos?” I-Samuel 17: 43. Al salir al campo de batalla, para enfrentar al guerrero, el joven le dijo: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”, II-Samuel 17:45.
Al David decidirse enfrentar a aquel enemigo poderoso, no presentó el primer currículum de pastor de ovejas acostumbrado a enfrentar leones y osos y matarlos; fue todo lo contrario. Enfrentó al gigante Goliat confiando en el Dios que él había creído, proclamando las palabras que al final le dieron la victoria contra tal enemigo. Sus palabras fueron: “Yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”. Dios no sólo era Dios de él, sino también de los escuadrones de Israel. ¡Bendito sea Dios! Cuando libramos una batalla contra un enemigo mucho más fuerte que nosotros, tenemos que deponer todo lo que somos como hombre o mujer delante de nuestro Dios. No es con nuestra propia fuerza, sabiduría o destreza que saldremos victoriosos, sino con el poder de Dios a nuestro favor. Te invito a que medites y aprendas a depender de Dios y nunca confies en lo que tú hayas sido en el pasado, creyendo siempre en tu propia fuerza y habilidad. Confía en Dios y Él marcará la diferencia en tu vida. Cuando David lanzó la piedra con la honda e hirió al filisteo en la frente, ésta quedó clavada en el centro de su cabeza.
Con toda la armadura que llevaba este hombre sobre su cuerpo, sólo allí, en su frente, tenía una pequeña hendidura y fue ahí donde la mano de Dios dirigió aquella pequeña piedra clavándola como si fuera con un martillo y derribó a tierra al gigante Goliat. Cuando confiamos en Dios, en todo momento, en toda circunstancia que enfrentemos, podemos recurrir a Él y de seguro nos responderá. Fue el caso de Asa cuando gobernaba en Judá, quien dijo: “Y clamó a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti ho hay diferencia en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios, no prevalezca contra el hombre”, II-Crónicas 14:11. La victoria en las grandes batallas espirituales viene cuando sabemos que el Señor pelea por nosotros. Busca e implora la presencia de Dios en tí y descansa en Él cuando enfrentes momentos difíciles en tu vida. Debes reconocer siempre que la batalla no es tuya, sino del Señor, quién peleará en todo tiempo por ti.
“Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá”, II-Crónicas 32:7-8. Ezequías pudo ver con los “ojos de la fe”, que el número de sus oponentes no significaba algo, mientras él estuviera del lado de Dios. La victoria se logra “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”, Zacarías 4:6. Ezequías pudo alentar con seguridad a sus hombres porque no tenía duda alguna de su posición con Dios. ¿Estás tú del lado de Dios? Puede ser que nunca tengas que enfrentarte a un gran ejército enemigo, pero las batallas que tienes que enfrentar diariamente, pueden ganarse con la fuerza de Dios, nunca con la tuya. ¡Gloria a Dios por su inmenso amor!
“Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Más los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo:
La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura”, Números 13:30-32. ¡Imagínese estar parado ante una multitud y gritar una opinión que no agrada a nadie! Caleb estaba dispuesto a levantarse para pronunciar esa opinión no tan popular para hacer lo que Dios había mandado. Para ser eficaz cuando te levantes en contra de una multitud, tú debes tener en cuenta las siguientes recomendaciones: 1-) Tener los hechos. Caleb, al igual que los otros comisionados, había visto la tierra por sí mismo, 2-) Tener la actitud correcta. Caleb confiaba en la promesa de Dios de dar a Israel la tierra y 3-) Pronunciarte siempre en favor de lo que tú crees. Caleb dijo: ¡Podemos conquistarla! Amados del Señor, con Dios delante de nosotros no existe lo imposible. Recordemos siempre las palabras del apóstol Pablo cuando dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:13. Te invito a reafirmar tu fe y caminar junto a Cristo para salir siempre hacia adelante, confiando en que con Él todo es posible. Levanta tu frente y pecho erguidos y continúa, porque Dios está por ti.
“No habrá para qué peleéis en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros. Entonces Josafat se inclinó rostro en tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz. Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados”, II-Crónicas 20:17-20. En medio de la congregación compuesta desde niños hasta ancianos ya entrados en años, Dios levanta a un profeta para hacerle saber al pueblo y a su rey, que la batalla que se avecinaba no era en contra de ellos, sino en contra del mismo Dios. El profeta usa dos palabras de gran importancia para el pueblo de ayer y para nosotros hoy: “Paraos, estad quietos”.
En ocasiones, para nosotros es difícil el detenernos cuando hemos tomado una decisión que creemos será de gran bendición; el estar quietos, es casi un imposible, pero si sabemos escuchar la voz de Dios cuando llega a nosotros, podremos alcanzar todo cuanto nos hemos propuesto, porque con nosotros está el brazo poderoso de Dios guiando nuestros pasos, entendido siempre que la guerra nunca es nuestra, sino de Dios. Es después de pararnos y tranquilizarnos que llega la salvación y la victoria por parte de Dios por medio de Cristo Jesús.
La victoria de Josafat y el pueblo fue conquistada al escuchar la voz de Dios por medio del profeta que levantó de las mismas entrañas del pueblo. ¿Quienes fueron la avanzada de Josafat? Veamos la respuesta: “Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada”, II-Crónicas 20:21. Su cántico fue: “Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre”, final del verso 21. Por más difícil que sea tu situación, clama, busca y canta alabanzas al Dios del cielo. Dios siempre te responderá cuando llegas a Él confiadamente, creyendo siempre que es el “Dios de lo imposible”. ¡Gloria a Dios!
Termino este mensaje con los siguientes textos: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios. Seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob”, Salmo 46:10-11.
Que la gracia de Dios siempre ilumine nuestros pasos al andar. Que Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, sea siempre quien nos sostenga y el Espíritu Santo nos guíe a toda verdad. ¡Bendiciones!



