¿Quién nos podrá apartar del amor de Dios?.

Por: Héctor E. Contreras.

Romanos 8:35 y I-Corintios 13:7.

El anciano apóstol Pablo escribió: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”, I-Juan 4:18. Sobre la palabra PERFECTO, nuestro Señor dijo lo siguiente: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos”, Mateo 5:48. La perfección no significa impecabilidad, sino un completo desarrollo y crecimiento espiritual hasta alcanzar la madurez en la piedad, en amor, en servicio; entrega. La enseñanza es que, la bondad de Dios Padre es la que prevalece,  no su imprevisibilidad. Es bueno recordar que, el amor de Dios en los creyentes va mucho más allá de la muerte, porque este amor, inmenso en sí, llega a nuestras vidas por medio de Jesucristo, quien derramó su sangre en la cruz del sacrificio por amor. ¡A Él sea la gloria!

Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, espada?” Romanos 8:35. Antes, en este mismo capítulo, el autor de la carta  nos dice así: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, Romanos 8:28. Puedo decir, por todo lo que nos declara la Palabra de Dios, la Biblia, que verdaderamente nada nos podrá separar del amor de Cristo, porque este amor llega a nosotros por el amor de Dios, para todo aquel que le ha confesado por medio de Jesucristo su Hijo. Por tanto, amados del Señor, debemos entender que en ocasiones llega a nosotros todo lo descrito en el verso 35. Sin embargo, en la cita de Romanos 8:28, aparece la palabra “propósito” ésta nace del griego “prothesis”, que trata de pro, “antes” y “thesis”, un lugar y un llevar adelante. La palabra propósito la utilizo muchas veces en estos escritos, porque la mayoría de la gente siempre utiliza la palabra “voluntad”. El propósito es el plan deliberado de Dios para el hombre o la mujer. Nuestra salvación personal no solo fue bien planeada, sino que pone de manifiesto la invariable fidelidad del Dios, que espera la consumación de su gran plan para los redimidos por la sangre de Cristo. ¿Cuál es la diferencia entre las palabraspropósito” y “voluntad”? El propósito es algo determinante en la persona y cuando nace de Dios, se convierte en eterno. El propósito equivale a alcanzar metas con una finalidad; mientras que la voluntad es algo innatamente humano; en otras palabras, sale del interior, de la mente, de la emoción y siempre quiere que se cumpla lo que la persona desea. No así Dios, que desde el inicio de la humanidad tenía un “propósito” para que cada persona le conociera a través de Jesucristo, cuando Él se propuso enviarlo al mundo a ser sacrificado por cada persona. 

¿Cuándo alcanzamos la capacidad para mantener nuestra fidelidad al Señor y no desviarnos jamás de sus propósitos para con nuestras vidas? Cuando nos enfocamos en el amor de Dios a través de Jesucristo, porque este amor también conlleva sufrimientos; pero este sufrir cultiva nuestra fe en Cristo, porque si todo lo cree, va a su lado la fe y la fe también nos lleva a la plena certeza o convicción de aceptar toda la verdad de Dios en nuestras vidas. 

Debo citar uno de los pasajes de la Biblia que más me motiva a creer y reafirmar mi fe, mi caminar en  Dios, porque habla del pasado y del presente; entendiendo que algunos de  ustedes han sido partícipes del mismo, porque lo he compartido antes. Es el siguiente: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago; olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, Filipenses 3:13-14. Fue una carta para la Iglesia de los Filipenses ayer, pero también lo es para nosotros en este tiempo; tiempo de angustia, de dolor, de pérdidas, tanto en lo humano, entiéndase familias, amistades, económicas, quebrantos; todo esto nos abate. Sin embargo, debo decir que, se hace necesario olvidarnos, tal vez del pasado cuando invadió al mundo la enfermedad del COVID-19, azotando a todos sin excepción, sin importar raza, color o nación. En el tiempo actual que estamos viviendo, por ejemplo en nuestro País, al encender nuestro televisor y buscar el canal de las noticias, vemos las barbaridades que están ocurriendo aquí mismo, en nuestro País; padres, padrastros, tíos, jovencitos; que matan, violan a sus propias hijas, aún niñas y en ocasiones embarazadas por sus propios parientes, inclusive asesinados. ¡Qué horror! amados del Señor. En el exterior lo mismo sucede, En México aparecen los muertos por doquier; fosas llenas de osamentas, asesinatos, guerras en otros lugares, etc. 

Se hace necesario reafirmar nuestra fe en Jesucristo, porque son muchas las barbaridades que están azotando al mundo, lo que  a todos nos lleva al      sufrimiento. No nos cansemos de interceder ante la presencia del Dios que todo lo puede, aquel que dijo: Yo soy el que Soy, el Dios todopoderoso, Jehová de los ejércitos, en favor de todos los flagelos que azotan al mundo. ¡Sólo Dios puede cambiar al hombre!  

Olvidando lo que queda atrás, todo lo que nos ha llevado en ocasiones a la duda, al dolor y sufrimiento, nos debe motivar a reafirmar nuestra fe en Dios por medio de Cristo Jesús. Son pruebas difíciles en ocasiones; pero recordemos estas palabras: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Y el apóstol nos dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:13. Debo añadir algo más sobre el verso 13 y es lo siguiente: Es importante destacar que el énfasis no descansa tanto en las capacidades personales como en la voluntad nuestra de permitir al poder de Dios en Cristo de sostenernos en la dificultad y en las necesidades. La fe en Cristo constituye un estimulante  para confiar en la absoluta suficiencia de Dios en todas circunstancias de nuestra vida. ¡Aleluya y amén también!

En el texto del apóstol Juan, citado  al inicio, al final dice: “De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. ¿Por qué el autor de esta carta plasma estas palabras? A mi entender limitado, es simple, porque si no existiera el temor en nosotros, no seríamos humanos, no sufririamos, nunca tomaríamos riesgos o decisiones de importancia, nos quedaríamos estancados, tiesos como uno de los pilotillos que antes veíamos en las carreteras de nuestro País. La diferencia está en Cristo Jesús. Con Él podríamos cantar junto a David esta canción: “Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros. Él es quien adiestra mis manos para la batalla, de manera que doble el arco de bronce con mis manos”, II-Samuel 22:30. He aquí la gran diferencia, Jesucristo en nuestros corazones, en los que nos gobiernan, en las familias todas, cuando esto suceda en nuestra tierra, en todo lugar habitado por el hombre, entonces todo será diferente. El temor, en ocasiones nos trastorna, nos paraliza y no nos deja avanzar, sin embargo, cuando el apóstol habla y dice: “De donde el que teme”, es para aquellos que no han conocido a Jesucristo. 

Cuando confesamos el nombre de Cristo Jesús, llega el temor de Dios y este temor no es de terror o al fracaso, porque el temor a Dios nace en nuestros corazones en el sentido de no cometer errores, fallarle a Él o pecar delante de Él, con los cuales sabemos no son de su agrado. El temor a Dios es un temor reverente, también de amor, porque entendemos, sabemos y conocemos de su mucha misericordia. ¿Quién nos podrá separar del amor de Dios? Nada, porque  cuando el temor nos abate y este temor también produce el dudar, tenemos a quien recurrir, a Jesucristo, quien se entregó a morir en un instrumento solo creado por el hombre de entonces para criminales; sin embargo, a nuestro Señor lo clavaron en la cruz de la vergüenza, todo por nosotros. Desde la cruz en el Monte Calvario sigue corriendo sangre, fluyendo a raudal por toda la humanidad. 

Sobre el temor, tengo algo que viví yo mismo siendo un muchacho en el campo donde nací. Recuerdo a mi tío don Ramón, él era el Alcalde Pedáneo en ese entonces, por su seriedad y rectitud. Para mí, era un terror, porque cuando llegaba a cualquier lugar, a todos los muchachos, por supuesto, los que no eran sus propios hijos, nos causaba miedo y terror.  En una ocasión, jugando en el patio de su casa junto a los primos de mi misma edad, lanzando piedras al azar, yo alcancé a darle a una gallina en la cabeza, la cual murió al instante. Cuando esto sucedió me dio un temor angustiante, pensando que sería de mí cuando llegara tío Ramón, gracias a Dios no pasó de ahí, porque en realidad, fue un accidente entre muchachos. Esto es el verdadero temor que se vive, porque también, este temor es de impotencia y miedo por el tipo de persona a que nos enfrentamos. Ese mismo tío, años después, siendo yo un hombre y teniendo varios años residiendo aquí, en la ciudad, inclusive, siendo miembro de la Marina de Guerra, don Ramón llegó a casa enfermo, ciego y desvalido, en compañía de doña Magdalena, su esposa, quien también era mi tía. No podía valerse por sí mismo,  necesitaba  la ayuda de otros para poder moverse. Entonces, mis amados, recordé mi niñez y el cambio que produce la vida y este cambio nos sorprende y nos lleva a comprender que sólo en Dios está lo que una vez fuimos y lo que hoy podemos ser. Para mí fue un honor poder servirle a mi tío, cuando yo mismo le ayudaba a moverse  de un lugar  a otro en el hogar tomado por un brazo, o trasladarlo al hospital cuando era necesario. 

Todo ésto lo hacía con amor, con la convicción plena de que, en ese momento, él necesitaba de mi ayuda. Ahora bien, no es menos cierto que pensaba en lo que antes fue, lo que antes fuí y en ese instante era un simple hombre, mortal como todo ser nacido en la faz de la tierra. Se cumplen las palabras del apóstol: “Olvidando lo que queda atrás”. Cuando ésto sucedió, aún yo no era creyente en Jesucristo; sin embargo, en mi corazón no existía ninguna amargura o dolor por todo lo pasado. Todo había quedado atrás, gracias al Señor. ¡Bendito sea Dios! ¡Aleluya! Son palabras de gratitud a Dios, porque Él me cambió, me transformó conforme a su imagen y semejanza. ¡Alabado sea su nombre!

Cuando Dios se dispuso escoger a Josué en lugar de Moisés como líder para continuar guiando al pueblo hacia la tierra prometida, Moisés llamó a Josué y le dijo: “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”, Deuteronomio 31:8. Es la misma promesa para cada persona que se siente muchas veces con temor y angustia; son dos promesas poderosas de nuestro Dios: NO TEMAS, NO TE DESAMPARARÁ. Vamos a continuar en el nombre de Cristo Jesús, porque sus promesas son fieles,  y verdaderas. Les invito a estar firmes, amados del Señor, porque la victoria final viene de parte de Dios para cada vida.

¿Quién o qué nos podrá separar del amor de Dios? Nada, absolutamente nada nos puede impedir seguir en pos de lo más preciado para la humanidad, nuestra salvación en Cristo Jesús. Finalmente, quiero dejar el siguiente pensamiento: “Ven, que contigo quiero comenzar un sueño que no acabará. No, no temas al tiempo, que la luz del sol no se apagará. Voy a enseñarte lo hermoso que es el amor, cada piedra será una flor, cantaremos a un nuevo sol. No, ya no hay sendas que puedan volver atrás. La alegría de un nuevo mundo vendrá. Dar sonriente la mano y seguir. Gloria y fiesta a la vida cuando hay amor”. René del Risco, poeta dominicano. 

Cantemos al amor, a la vida, alzando nuestra voz en gratitud al Señor.Dios nos bendiga grandemente en Cristo Jesús. 

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