VIVOS MUERTOS

Por Aik Ambiorix .
El autor es gerente de Prensa Hispana.
Miembro de la Fundación Verdėes.

Hablar de suicidios en República Dominicana y en América Latina es una tragedia silenciada. Según la OPS y la OMS, más de 92 mil personas se quitan la vida cada año en la región, y nuestro país no escapa: cada semana nos sacude la noticia de jóvenes, adultos e incluso líderes comunitarios que se rinden ante la presión. El 20 % de la población dominicana sufre algún tipo de problema de salud mental, y sin embargo contamos con apenas 275 psiquiatras para más de 10 millones de habitantes, y muy pocos centros públicos especializados.

Lo digo con tristeza y profundo dolor en mi unica alma. En mis años trabajando en opinión pública, televisión, radio y en instituciones sociales, he visto de cerca todas las caras de la vida: abundancia y escasez, salud y enfermedad, alegría y dolor. Pero nada es más devastador que conversar con alguien hoy y enterarte mañana que decidió apagar su propia luz.

Recuerdo aquella noche lluviosa cuando un exfuncionario me buscó desesperado: su hermano no aparecía. Le acompañé a la Unidad de Desaparecidos de la Policía Nacional. El oficial de servicio activó de inmediato la búsqueda. Al amanecer recibimos la peor llamada: había que identificar un cadáver. El hermano de mi amigo se había lanzado desde el puente Profesor Juan Bosch. Ese día entendí con crudeza que vivimos rodeados de vivos muertos: personas que caminan, hablan y sonríen, pero llevan la muerte por dentro.

Lo más fácil es ignorar. Lo más cómodo es decir “eso es falta de fe”, “es debilidad”, o peor, “que buscó su problema”. Pero lo más valiente, lo verdaderamente humano, es detenerse a escuchar, dedicar tiempo a un amigo, un familiar, un compañero de trabajo, un hermano de iglesia. Ese minuto de atención puede ser el puente entre la vida y la muerte.

Como sociedad necesitamos un cambio radical:

Duplicar el número de psiquiatras y psicólogos en el sistema público.

Crear unidades de salud mental en cada provincia.

Incluir la educación emocional en las escuelas.

Fomentar campañas nacionales de prevención del suicidio, sin tabú ni estigma.

No podemos seguir siendo testigos mudos de este drama. Si no actuamos hoy, mañana serán más las sillas vacías en nuestras casas, más las ausencias en nuestras oficinas, más los silencios que gritan desde los altares de nuestras iglesias.

HASTA UNA PROXIMA 

Aikambiorix@gmail.com

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