Por : El Pastor Héctor Contreras
Para El Gran Santo Domingo.com
Génesis 33:10, Mateo 6:14-15
“Mi esposa y yo le confiamos a nuestros amigos cercanos el futuro financiero de nuestra joven familia. Pero ellos traicionaron nuestra confianza, me costó mi trabajo y nos robaron nuestros pocos ahorros.
Mi ira crecía cada amanecer. Mes tras mes, escasamente podíamos pagar nuestra casa. La amargura que sentía me creó una úlcera. Tom, es como si hubieras tomado una botella de veneno y esperaras que otra persona muriera, me dijo un pastor bondadoso.
Abandona tu ira, perdónalos. Hazlo por tí, no por ellos”. Este es el testimonio del señor Tom Powell, de Tennessee, USA. Revista el “Aposento Alto” del 5 de Mayo del 2008.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” Mateo 6:14-15.
El perdón consiste en comprender que Dios perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Es incorporar el perdón a los demás a nuestras acciones diarias, como un ejercicio de disciplina cotidiana.
Uno de los mayores énfasis en las enseñanzas de Jesús, es cómo construir y mantener correctas relaciones con Dios y con nuestro prójimo. Conocer a Dios, por medio de su Único Hijo, Jesucristo el Señor, debe ser nuestra máxima prioridad, pero el procurarlo no debe reemplazar o disminuir nuestras relaciones interpersonales con los demás.
Nuestra interacción personal con Dios, debe hacer surgir en nosotros las cualidades del carácter que edifican y sostienen todas nuestras relaciones. Cuando aprendemos a perdonar, nuestra vida da un giro de 180 grados, porque al recibir o conceder el perdón, nuestro corazón, nuestra alma y espíritu, quedan totalmente libres de las cargas que por algún tiempo hemos llevado dentro.
“Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor.
Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor. Y yo te ruego perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor; por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días”, I-Samuel 25:26-28.
En su intercesión delante de David, buscando el perdón para su esposo Nabal, Abigail, hizo mención seis veces de las palabras “mi señor”.
David, en medio de todo lo que le acontece por la persecución de Saúl en su contra, envió mensajeros a donde Nabal con el propósito de que le diera de lo que tenía para comer, él y sus hombres, I-Samuel 25:8. Nabal, cuyo significado de su nombre en hebreo es “tonto”, dijo: “¿Quién es David, y quien es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores. ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son?”, I-Samuel 25:10-11.
La intercesión de Abigail, a quien yo he llamado mujer “valerosa”, evitó el derramamiento de mucha sangre y David pudo perdonar al esposo de ella; por tanto, el perdonar nos muestra que cuando lo aceptamos, podemos convertirnos en personas que podemos ver también el rostro de Dios y vivir su misericordia. ¡Gloria a Dios! por el don de perdonar.
“Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido”, Génesis 33:10. Cuando los hermanos gemelos, Jacob y Esaú se encontraron, el nombre de Jacob ya había sido cambiado por Dios, cuando el ángel de Dios, en medio de una noche muy oscura, Jacob se había aferrado a él en una lucha campal y le dijo al varón de Dios: “No te dejaré, si no me bendices” y el varón le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.
No se dirá más tu nombre Jacob, sino “Israel”; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido, Génesis 32:25-28.
Cuando Jabob, ya convertido en Israel, cuyo significado es “príncipe con Dios”, “El que lucha con Dios” o “Dios lucha”. Ya no existía en su corazón, en su mente y espíritu lo que antes había sido, Jacob el engañador o embaucador.
Dice en los primeros versos del capítulo 33 de Génesis, que al Jacob alzar sus ojos pudo ver que su hermano Esaú venía con cuatrocientos hombres y luego de colocar a sus esposas, sus hijos y las siervas que le servían, dice la Biblia que se inclinó siete veces a tierra hasta que llegó a donde estaba su hermano.
Esto, en el oriente es un rito que expresa una completa y total sumisión. Luego de su encuentro con su hermano, la Biblia declara que llegó a Siquem, tierra de Canaán sano y salvo, compró una parte del campo por cien monedas, donde plantó su tienda, levantando más tarde un altar, y lo llamó “El-Elohe-Israel”, que significa “Dios, el Dios de Israel”.
Es un acto de fe, por el cual Jacob apropió su nombre nuevo, y a la vez echó mano al poder divino, el único medio que pudiera capacitarle para andar en conformidad a su nombre.
“Me tomó tiempo, un nuevo empleo y muchas oraciones, pero mi carga terminó el día en que acudí al hombre que más nos hirió. El miedo se reflejó en sus ojos y sus manos temblaban. Tranquilo, no te voy a herir, le aseguré. Te perdono.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al darnos las manos, Después sollozó y dijo: Lo siento mucho, mientras lo abrazaba. Así como Jacob al recibir el perdón de Esaú, después de robarle su primogenitura, este hombre y yo vimos el rostro de Dios esa tarde”. Esta es la conclusión del testimonio del señor Tom Powell, del inicio de este mensaje.
Mi reflexión final sobre estos cuadros sobre el perdón, es que tú también te tomes un poco de tu tiempo y te acerques a esa persona que por mucho tiempo has estado lejos de ella.
Si está muy distante, tal vez en otro país, te invito a que te motives y consigas su teléfono o celular y le llames y así también, tanto tú como la persona herida podrán ver juntos el rostro de Dios.
El perdón es el único recurso que nos lleva a una total restauración, a la sanidad del alma, del espíritu y aún de nuestro propio cuerpo. Y sólo Dios puede realizar este cambio, en la persona de su Espíritu Santo. ¡Házlo ya! Ésto cambiará todo tu ser.
Que el acto del perdón llegue a cada vida, siempre en el nombre de Jesucristo y el poder de su Sangre derramada en la cruz del Calvario.
Amados, les bendigo en abundancia, siempre en el nombre de nuestro Salvador, Jesucristo el Señor.