La Super Bowl LX tuvo de todo: campeón inesperado, polémica cultural, política metida hasta en el descanso y una cifra que confirma por qué este evento sigue siendo el gran monstruo televisivo de Estados Unidos. Los Seattle Seahawks derrotaron 29-13 a los New England Patriots y levantaron el segundo Super Bowl de su historia, en una noche que no solo se jugó en el campo.
En términos de audiencia, según informa la prensa estadounidense, la NFL no rompió el récord absoluto del año pasado, pero tampoco lo necesitaba. La final reunió un promedio de 124,9 millones de espectadores en Estados Unidos, una ligera caída respecto a 2025. Aun así, fue la segunda Super Bowl más vista de la historia, solo por detrás de los 127,7 millones que se registraron en la edición anterior, según datos de Nielsen.
El dato más salvaje llegó en pleno partido. El pico máximo de audiencia se produjo durante el segundo cuarto, cuando 137,8 millones de personas estaban viendo el encuentro a través de NBC. Y ahí sí hubo récord absoluto. Es decir: quizá el promedio bajó, pero el momento de mayor atención colectiva fue más grande que nunca.
El espectáculo del medio tiempo, protagonizado por Bad Bunny, también tuvo números gigantescos. Su show registró un promedio de 128,2 millones de espectadores, aunque quedó por debajo del récord que Kendrick Lamar había establecido el año pasado con 133,5 millones.
¿Bad Bunny maneja otros números?
Sin embargo, aquí aparece la gran contradicción: de acuerdo al perfil no oficial del Conejo Malo, el artista asegura que su actuación fue la más vista de la historia con más de 135,4 millones, un dato que alimenta todavía más la conversación y el debate.
Bad Bunny officially has the most-watched Super Bowl Halftime Show in history, with more than 135.4 MILLION viewers. pic.twitter.com/Y4oCOj8YD6
— Bad Bunny HQ (@BBPRTV) February 9, 2026
Y como era inevitable, Donald Trump entró en escena. Criticó con dureza el show y lo utilizó como munición ideológica. Ese choque —Bad Bunny en español, orgullo latino, y la reacción del trumpismo— fue casi tan protagonista como el resultado. Porque la Super Bowl ya no es solo deporte: es el gran escenario donde Estados Unidos discute quién es… y quién quiere ser.
Además, la retransmisión en español también hizo historia. Telemundo firmó un récord con un promedio de 3,3 millones de espectadores, confirmando que el peso del público latino no es una tendencia: es una realidad que ya manda en la cultura popular del país.
Al final, la Super Bowl LX deja un mensaje clarísimo. Puede bajar un poco el promedio, puede cambiar el campeón, puede gustar o no el show… pero el evento sigue siendo un fenómeno que no tiene rival. Y cuando llega el segundo cuarto, el país entero se sienta frente a la pantalla como si se tratara de un ritual nacional. @mundiario



