El Oviedo llega al límite: colista, sin su jefe atrás y con Cazorla como esperanza

El Oviedo vive instalado en la urgencia, pero no se rinde. Ante el Athletic Club, en el Carlos Tartiere, los de Almada afrontan otra final por la salvación en Primera con el mismo guion de siempre: necesidad absoluta, margen mínimo y la obligación de sumar como si cada jornada fuera la última. Son colistas, sí, pero también un equipo que ha mejorado en juego desde la llegada del charrúa.

El gran salvavidas es el Tartiere. Ahí se explica buena parte de la esperanza: seis partidos sin perder, con cinco empates y una victoria. No es una racha deslumbrante, pero sí una base emocional. En un equipo que está en el pozo, no caer en casa ya es un acto de supervivencia. Y en noches como esta, el Oviedo no necesita poesía: necesita puntos.

La noticia más amarga llega desde la zaga. David Costas, líder defensivo y sostén del equipo, se cae por fin después de semanas forzando, dosificando entrenamientos y jugando al límite. Parará entre dos y tres semanas, lo que obliga a Almada a recomponer su defensa sin su referencia. Eric Bailly es el principal candidato a suplirle, con Dani Calvo como alternativa, en un ajuste que puede marcar el partido.

En la lista hay un regreso importante: Rahim vuelve tras perderse tres convocatorias por lesión, recuperando un tramo de temporada que se le había torcido justo cuando mejor estaba. Ovie Ejaria, pese al alta médica, aún no entra: le falta el alta competitiva, ese paso invisible que solo se consigue entrenando y acumulando ritmo en El Requexón.

Y como siempre, cuando el partido se pone serio, el Oviedo mira al banquillo y encuentra un nombre que no necesita presentación: Santi Cazorla. Junto a Thiago Fernández, fue clave en el triunfo ante el Girona hace quince días. Almada sabe que su equipo necesita piernas… pero también cabeza. Y en una final por la permanencia, la cabeza suele valer oro. @mundiario