Gonzalo García puede ser una pieza interesante para la España de Luis de la Fuente, y no por romanticismo, sino por pura lógica. El seleccionador ya está mirando al Mundial de Estados Unidos, Canadá y México con mentalidad de cirujano: medir cada perfil, anticipar carencias y construir un plantel capaz de competir por la Copa del Mundo. Y si hay una zona que huele a urgencia, esa es la del 9.
La Roja llega al debate del delantero centro con más preguntas que certezas. Morata atraviesa un momento personal delicado, con el divorcio en pleno proceso, y su temporada con el Como se ha convertido en un desierto: apenas un gol oficial. A eso se suma el golpe de Samu Aghehowa, lesionado para el resto del curso. En ese contexto, De la Fuente no puede vivir solo de la fe: necesita alternativas que no sean un parche, sino una posibilidad real.
Borja Iglesias ha sido uno de los nombres que se ha ganado la confianza del seleccionador, pero el fútbol no se trata de fidelidad: se trata de rendimiento y de impacto. Y ahí aparece Gonzalo García, un delantero que no solo tiene instinto, sino que cuando pisa el campo transmite algo que España lleva tiempo echando de menos: hambre de área. Su último gol ante la Real Sociedad lo llevó a cuatro tantos en la temporada entre todas las competiciones, una cifra discreta… hasta que miras el contexto.
Porque Gonzalo no ha tenido una alfombra roja. Ha tenido migajas. Y aun así, con 950 minutos, firma un gol cada 158. Para un canterano de 21 años, en un Madrid que vive bajo lupa, ese dato no es menor: es una advertencia. No es el típico delantero que necesita cinco ocasiones para meter una, sino uno que, con confianza, puede cambiar el guion de un partido con una acción.
Además, su mejor versión no está en la banda. Tanto Xabi Alonso como Arbeloa lo han usado como extremo derecho, una posición que lo aleja de su naturaleza. Gonzalo es más útil como nueve de referencia: fijando centrales, atacando el primer palo y viviendo donde se deciden los partidos. Y si España necesita algo en el Mundial, es precisamente eso: un delantero que no decore, sino que castigue. @mundiario
