La última jornada dejó una paradoja en la parte alta de la tabla. La derrota del Málaga en Anoeta frente a la Real Sociedad B sostiene al Deportivo de La Coruña en la cuarta plaza de la Segunda División. El tropiezo andaluz evita que los gallegos pierdan posición en un momento delicado, pero no altera el fondo del problema: el ascenso directo se decide en los detalles y, sobre todo, en las áreas.
La clasificación dibuja un escenario comprimido y exigente. Lidera el CD Castellón con 48 puntos, seguido del Racing de Santander con 47 —ambos en puestos de ascenso directo—. Tras ellos, la UD Almería suma 45; el Deportivo, 43, y cierran el sexteto la UD Las Palmas y el Málaga CF con 41, empatados además con el séptimo, el Córdoba CF. La igualdad es tan estrecha que una racha de dos partidos puede alterar todo el tablero.
La historia reciente de la categoría invita a la prudencia. En las diez últimas temporadas completas, el máximo de derrotas firmadas por uno de los dos equipos que ascendieron directamente fue 14, una excepción que confirma la regla. El patrón habitual es mucho más severo: el promedio del “máximo de derrotas” entre los dos ascendidos ronda las diez por curso, con una mediana de nueve. En campañas especialmente ajustadas, siete derrotas bastaron para asegurar el billete directo. Son las que ya lleva el equipo que dirige Antonio Hidalgo.
Siete derrotas no condenan, pero estrechan el margen. Sin gol ni solidez atrás, el ascenso directo es una cuesta más empinada
El Deportivo ya suma siete derrotas. No es una losa definitiva, pero sí una señal estadística clara: a partir de ahora, cada tropiezo reduce el margen de error. El ascenso directo suele exigir una segunda vuelta de fiabilidad alta, especialmente en los enfrentamientos entre aspirantes. Y ahí el balance coruñés inquieta: cinco puntos de 24 ante rivales directos y cero de 12 frente a Racing y Castellón, los dos primeros clasificados.
La derrota en el campo del Castellón duele por el contexto. No fue un traspié aislado, sino una oportunidad perdida. El Deportivo pudo superar en la tabla a un competidor inmediato; en cambio, lo impulsó a cinco puntos de distancia y cedió además el factor particular en caso de empate final. En una liga tan comprimida, esos matices pesan como plomo en mayo.
Ni delantero centro ni defensa central poderoso
Más allá de la aritmética, la sensación competitiva tampoco acompaña. El equipo que confeccionó el errático Fernando Soriano había construido su candidatura sobre un arranque vibrante: 31 goles en las primeras 16 jornadas. Sin embargo, la producción ofensiva se ha desplomado: apenas nueve tantos en los últimos diez partidos. En ese tramo, Zakaria, Mulattieri y Stoichkov han sumado un único gol. El problema no es solo la falta de acierto, sino la ausencia de alternativas.
La decisión de no reforzar la delantera en el mercado invernal, bendecida por el director general, Massimo Benassi, empieza a tener consecuencias visibles. En Segunda, donde la igualdad es norma y los partidos se resuelven por detalles, disponer de un delantero en racha suele marcar la diferencia entre el ascenso directo y la promoción. La categoría premia la regularidad y castiga la esterilidad.
Pero el déficit no es exclusivamente ofensivo. El Deportivo, que carece de un defensa central poderoso, tampoco transmite la solidez que define a los equipos que suben sin pasar por el playoff. Las áreas —ese territorio donde se decide casi todo— no están siendo dominadas. Sin contundencia atrás ni pegada arriba, el equipo compite, pero no impone. Y en la recta final del campeonato, imponer es condición necesaria.
Una carrera de fondo
La buena noticia es que el número de derrotas aún no separa al Dépor del podio. En ese registro apenas hay diferencias con quienes ocupan las dos primeras plazas. La mala es que los precedentes indican que el margen estadístico se agota. Ocho o nueve derrotas han sido, con frecuencia, la frontera de seguridad para ascender directamente. Superarla obliga a una segunda vuelta casi perfecta.
La caída del Málaga permite respirar, pero no despeja el horizonte. En una categoría que castiga la irregularidad con una precisión quirúrgica, el Deportivo necesita algo más que tropiezos ajenos. Requiere recuperar gol, reforzar la sensación de equipo fiable y convertir los duelos directos en oportunidades, no en obstáculos.
La Segunda División es una carrera de fondo en la que la paciencia y la consistencia suelen imponerse al entusiasmo inicial. El Deportivo sigue en la pelea, y eso no es menor. Pero la estadística y las sensaciones coinciden en un aviso: el tiempo de las concesiones ha terminado.
A partir de ahora, cada punto perdido será una grieta en el sueño del ascenso directo. La responsabilidad del tándem que forman Benassi y Soriano es máxima. Tampoco se le puede exigir a Hidalgo que haga milagros sin un defensa central realmente poderoso y un verdadero delantero centro. Si no los tiene en su plantilla no es por culpa suya. @mundiario
