La noticia cae como un jarro de agua helada en Bilbao: Nico Williams para y lo hace sin fecha de vuelta. La pubalgia que le martiriza desde el curso pasado ha terminado por obligarle a detenerse, justo cuando el Athletic entra en la fase más decisiva del calendario. No viajó a Oviedo y el mensaje, aunque no se diga con letras gigantes, es claro: el cuerpo ya no da más.
Lo más preocupante es que no se trata de una lesión nueva, sino de una herida que nunca termina de cerrarse. Iñaki Williams lo resumió con una frase que suena a alarma: “Empezaba a ver la luz y ahora parece que ha dado dos o tres pasos para atrás”. Y Valverde, siempre directo cuando el problema es serio, remató con una sentencia que retrata la desesperación interna: “Así no podemos seguir”.
El impacto también se refleja en los números, que son más fríos que cualquier discurso. Nico ha participado en 26 partidos esta temporada, 18 como titular, pero con una continuidad claramente insuficiente para un futbolista llamado a marcar diferencias. Ha sumado 1.728 minutos, mientras que Jauregizar, el jugador con más presencia, le saca casi 1.200 minutos. Y en la selección, las últimas convocatorias sin él confirman que el problema va más allá del Athletic.
Tras consultar especialistas externos y probar distintos tratamientos, el club ha activado una nueva hoja de ruta: parar varias semanas e iniciar un tratamiento de refuerzo abdominal. Es exactamente lo que ya había deslizado Mikel González a principios de febrero, cuando admitió que si no había mejoría se valoraría frenar en seco. Nadie se atreve a hablar de plazos, aunque el entorno deja caer que la pausa no sería inferior a cuatro semanas.
La operación, de momento, está descartada, y no por romanticismo: en el Athletic asumen que operar una pubalgia puede suponer pérdida de velocidad y aceleración, y además no garantiza volver al 100%. El problema es que la alternativa tampoco ofrece certezas, y eso convierte el caso de Nico en un dilema doloroso: el Athletic necesita su electricidad, pero también necesita protegerlo. Porque cuando un futbolista juega con miedo, el equipo entero lo nota. @mundiario
