Sheinbaum y el deshielo con España: giro sobre la Conquista en la antesala de la cumbre de Barcelona

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, reconoce un cambio de tono por parte del Gobierno de Pedro Sánchez y la Casa Real sobre el pasado colonial, en un movimiento que anticipa una nueva etapa en las relaciones bilaterales en plena reconfiguración geopolítica del eje progresista.

La mandataria de México reconoció que “en el último año” tanto La Moncloa como la Corona han mostrado un “acercamiento distinto” hacia el legado de la Conquista, en un punto de inflexión político en la relación entre ambos países. Las palabras de la dirigente del partido izquierdista Morena, además, abren la puerta a una redefinición estratégica del vínculo histórico entre México y España, tras años de tensiones heredadas del mandato de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Este giro llega en una semana clave porque a presidenta mexicana viajará a Barcelona para participar en la cumbre internacional de la Global Progressive Mobilization de líderes progresistas impulsada por Sánchez, en la que las cabezas de cartel serán los principales presidentes de izquierdas en América Latina. En Barcelona durante este fin de semana estarán Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Yamandú Orsi (Uruguay). El contexto no es menor: el encuentro se produce en un momento de presión global sobre los gobiernos de izquierda y de auge de fuerzas conservadoras de distintas sensibilidades en el ámbito internacional a cargo del presidente de EE UU, Donald Trump.

Durante años, la exigencia de una disculpa formal por los abusos cometidos durante la Conquista tensó la relación bilateral. La carta enviada por López Obrador a Felipe VI en 2019 marcó un punto de ruptura que congeló los contactos al más alto nivel. Sin embargo, la estrategia de Sheinbaum introduce matices. Sin renunciar a la memoria crítica, al insistir en que el proceso “fue muy violento y, además, saquearon nuestros territorios durante 300 años”, la presidenta mexicana ha optado por rebajar la confrontación directa.

Este desplazamiento del eje —de la reparación simbólica a la cooperación interpretativa— responde a una lógica política de reconstruir puentes sin renunciar al relato histórico propio.

Barcelona como escenario de un nuevo equilibrio

El reconocimiento por parte de Sheinbaum no se produce en el vacío. En los últimos meses, tanto el Gobierno de Sánchez como la Casa Real han aplicado cambios discursivos relevantes. Especialmente significativo fue el gesto de Felipe VI al admitir públicamente que durante la colonización “hubo mucho abuso” y “controversias éticas” en su visita a la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena.

A ello se suman declaraciones del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, en la misma línea, así como iniciativas culturales conjuntas que han servido como canales discretos de acercamiento. Estos movimientos, aunque medidos, han sido interpretados por México como señales de apertura.

Para el Ejecutivo español, este cambio también implica reconocer matices en el relato histórico sin alimentar tensiones políticas domésticas, donde la oposición del PP y Vox rechazan cualquier revisión crítica del pasado colonial. Además, la cumbre progresista se perfila como un espacio donde convergen agendas políticas que buscan reforzar alianzas frente al contexto global donde, al menos en Europa, Sánchez es el último líder progresista que gobierna un gran país de la UE, y del otro lado del Atlántico la izquierda va quedando más reducida.

En este marco, la presencia de Sheinbaum adquiere un doble valor ya que refuerza el liderazgo internacional de México en el bloque progresista y a la vez consolida el deshielo con España en un escenario multilateral. Aunque la presidenta mexicana se reunirá con Sánchez en la Ciudad Condal, no está previsto por ahora un encuentro con el Rey, por lo que se subraya que la normalización es aún parcial y cuidadosamente calibrada. @mundiario