Sánchez y Lula sellan su alianza progresista global con el “no a la guerra” desde “la misma trinchera”

La cumbre bilateral celebrada en Barcelona entre España y Brasil ha sido la escenificación de una estrategia política para articular un eje progresista global capaz de responder a la creciente influencia de fuerzas conservadoras y movimientos nacional-populistas en ambos lados del Atlántico.

La sintonía entre Pedro Sánchez y Luiz Inácio Lula da Silva fue total, tanto en el plano discursivo como en la agenda política. Ambos líderes reivindicaron una visión compartida del orden internacional basada en la cooperación, el respeto al derecho internacional y la defensa de los derechos humanos, en contraste con lo que consideran una deriva global hacia el unilateralismo y la confrontación.

El lema “No a la guerra”, recuperado por Sánchez en el contexto de la crisis con Irán, se convirtió en uno de los ejes centrales del encuentro. Lula, por su parte, reforzó ese mensaje al advertir sobre una “nueva carrera armamentística” y subrayar la necesidad de frenar la escalada de conflictos internacionales.

El rechazo a los conflictos armados ha servido como elemento aglutinador de esta alianza. Lula respaldó explícitamente la posición del Gobierno español frente a la intervención militar en Oriente Próximo, alineándose con la postura defendida por Sánchez en foros internacionales.

Ambos mandatarios coincidieron en que la paz y la estabilidad global pasan por revitalizar el multilateralismo, reformar instituciones como la ONU y fortalecer mecanismos de cooperación internacional. En este sentido, denunciaron el debilitamiento de las estructuras globales creadas tras la II Guerra Mundial y alertaron del riesgo de que el orden internacional quede condicionado por intereses geopolíticos y económicos de grandes potencias.

 

Autocrítica y desafío: reconectar con la ciudadanía

Más allá del discurso geopolítico, la cumbre también sirvió para abordar uno de los principales retos del progresismo contemporáneo, la pérdida de apoyo en amplios sectores sociales. Lula planteó una reflexión crítica sobre las causas del avance de opciones extremistas, señalando la desconexión entre las políticas públicas y las demandas de las clases trabajadoras.

El presidente brasileño insistió en que el aumento de la desigualdad y la percepción de retroceso en derechos han alimentado el descontento social, creando un terreno fértil para discursos antisistema. En esta línea, llamó a reformular el mensaje progresista para adaptarlo a las preocupaciones de las nuevas generaciones. Sánchez, por su parte, subrayó la necesidad de ofrecer respuestas concretas a desafíos como la emergencia climática, la digitalización o la precariedad laboral, defendiendo un enfoque “humanista” del desarrollo tecnológico.

El encuentro también tuvo derivadas en la política nacional española. Sánchez aprovechó la comparecencia conjunta para marcar distancias con sectores de la oposición, en especial tras las críticas vertidas por la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, sobre que los presidentes invitados a la cumbre encabezan gobiernos en “narcoestados”. “Parece que Ayuso y Abascal (líder de Vox) tienen muchas ganas de participar en esta cumbre progresista. Pero lo hacen a codazos, insultando, faltando al respeto a países enteros. No voy a darles el gusto. Pero sí le voy a pedir disculpas al presidente Lula en nombre de la sociedad española, que es abierta y no se siente representada por esos insultos de la presidenta de Madrid”, fustigó Sánchez.

El presidente del Gobierno pidió disculpas públicamente a Lula por esos comentarios, en un gesto que buscaba reforzar la imagen de España como socio fiable en el ámbito internacional y evitar fricciones diplomáticas. Este episodio refleja cómo la proyección exterior del Ejecutivo español se entrelaza con la dinámica política interna, en un contexto de alta polarización.

Barcelona, epicentro de la reorganización progresista

La cumbre bilateral se enmarca en un fin de semana de intensa actividad política en Barcelona, que incluye encuentros multilaterales como el VI Encuentro en Defensa de la Democracia y la Global Progressive Mobilisation. Estas citas reúnen a líderes de Europa y América Latina con el objetivo de coordinar estrategias frente al avance de la derecha global.

La presencia de figuras como la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, o el presidente colombiano, Gustavo Petro, refuerza la dimensión internacional del proyecto impulsado por Sánchez y Lula.

La imagen de unidad proyectada por Sánchez y Lula apunta a la construcción de un relato alternativo al predominante en buena parte del mundo occidental. Sin embargo, el éxito de esta estrategia dependerá de su capacidad para traducir ese discurso en políticas efectivas que respondan a las demandas sociales y económicas de sus ciudadanos. @mundiario