La muerte del sargento francés Florian Montorioum, integrante de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (Finul), no es solo una tragedia humana. Es también un síntoma preocupante de la degradación total del escenario en Oriente Próximo. El militar falleció tras recibir un disparo directo durante una operación para despejar una carretera y reabrir el acceso a un puesto aislado de la misión internacional. Otros tres cascos azules resultaron heridos.
La Finul, creada para estabilizar el sur del país y contener los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá, lleva años caminando sobre un alambre. Su presencia pretende actuar como freno y mediación, pero en la práctica se mueve en un territorio donde el poder real lo ejercen actores armados, no siempre sometidos a un mando estatal.
Que un contingente de la ONU sea atacado en plena operación de desminado es especialmente grave. Es como disparar contra los bomberos mientras intentan apagar un incendio. Se trata de una violación directa del principio básico de protección de las fuerzas de paz.
Francia señala a Hezbolá y Líbano promete investigar
Emmanuel Macron reaccionó con rapidez y contundencia, afirmando que todo apunta a Hezbolá como responsable y exigiendo que las autoridades libanesas detengan a los culpables. La milicia chií, por su parte, negó cualquier implicación y pidió cautela antes de atribuir responsabilidades.
Aquí aparece el problema estructural del Líbano actual. El Estado libanés está debilitado, con instituciones frágiles y una capacidad limitada para imponer control en zonas donde Hezbolá opera como fuerza militar y política. Pedir investigaciones rápidas suena correcto, pero en la práctica se parece a exigir a un barco con vías de agua que apague un incendio en la cubierta.
La ONU también ha hablado de “actores no estatales”, una fórmula diplomática que suele emplearse cuando no se quiere señalar directamente a un responsable, pero se sugiere claramente su identidad. Este lenguaje prudente refleja la dificultad de actuar en un entorno donde la verdad es tan explosiva como la pólvora.
La guerra regional convierte la paz en una ilusión frágil
Este ataque ocurre en un contexto de escalada tras la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán, iniciada el 28 de febrero. Desde entonces, el conflicto se ha extendido como una mancha de aceite. Ya han muerto otros cascos azules, incluidos militares indonesios, y Francia ha perdido también a Arnaud Frion en Irak por un ataque de dron atribuido a milicias proiraníes.
El dato clave es que la Finul, con más de 8.200 efectivos de 47 países, se acerca al final de su mandato este año. Y la pregunta es inevitable: ¿sirve todavía una misión de paz cuando la guerra se ha convertido en el idioma dominante?
La comunidad internacional debería abandonar la hipocresía de las declaraciones automáticas y plantear una revisión realista. Si se mantiene la misión, debe reforzarse su protección y su capacidad de respuesta. Si no se puede garantizar su seguridad, continuar enviando soldados equivale a aceptar que la ONU se convierta en un blanco.
La paz no se sostiene solo con banderas azules, sino con voluntad política, presión diplomática efectiva y límites claros para quienes disparan primero y niegan después. De lo contrario, Líbano seguirá siendo ese tablero donde las potencias juegan y los pueblos ponen los muertos. @mundiario
