La reactivación de un oleoducto resulta clave para destrabar el auxilio financiero a Ucrania

La Unión Europea ha logrado finalmente desbloquear el préstamo de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania, tras meses de tensiones internas y un veto persistente por parte de Hungría. El giro decisivo no ha llegado tanto por la vía diplomática como por un factor aparentemente técnico pero profundamente político: la reactivación del oleoducto Druzhba.

El paquete financiero, valorado en 90.000 millones de euros, constituye uno de los pilares del apoyo europeo a Kiev en el contexto de la guerra iniciada tras la invasión rusa en 2022. No se trata únicamente de asistencia económica: el diseño del préstamo responde a una lógica de sostenimiento integral del Estado ucraniano.

Dos tercios de los fondos estarán destinados a defensa, mientras que el resto cubrirá necesidades presupuestarias básicas. Además, el mecanismo contempla que Ucrania no devuelva el dinero en condiciones normales, sino que el reembolso dependa de eventuales reparaciones de guerra por parte de Rusia.

Para financiar esta operación, la UE recurrirá a la emisión de deuda respaldada por su presupuesto común, un modelo que requiere unanimidad entre los Estados miembros y que ha sido el principal punto de fricción.

El veto de Hungría: energía y presión política

El bloqueo liderado por Viktor Orbán no se centraba directamente en el contenido del préstamo (del cual está exento), sino en las condiciones que lo hacían posible. Budapest condicionó su apoyo a la reanudación del flujo de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba, vital para su suministro energético.

Este conducto, que atraviesa Ucrania, había quedado fuera de servicio tras los daños provocados por ataques rusos en el contexto de la guerra. Hungría y Eslovaquia, altamente dependientes de este suministro, interpretaron la interrupción como un problema estratégico, llegando a acusar a Kiev de no facilitar su reparación.

Así, el veto húngaro se convirtió en una herramienta de presión que vinculaba dos dimensiones aparentemente separadas: la financiación de Ucrania y la seguridad energética de Europa Central.

El punto de inflexión llegó con la reactivación del oleoducto Druzhba. Ucrania, con apoyo técnico y financiero europeo, completó esta semana las reparaciones necesarias y permitió la reanudación del tránsito de crudo hacia Hungría y Eslovaquia.

Este gesto tuvo un efecto inmediato: Budapest anunció que levantaría su veto “sin demora” una vez restablecido el flujo energético. En paralelo, empresas como MOL confirmaron el reinicio de los envíos, consolidando la credibilidad del proceso.

El resultado fue una rápida descompresión política en Bruselas, donde los embajadores de los Estados miembros aprobaron el paquete y activaron el procedimiento escrito para su validación definitiva.

Más allá del préstamo: sanciones y equilibrio interno

El desbloqueo del préstamo ha seguido una secuencia cuidadosamente calibrada que comenzó con la reparación del oleoducto y la confirmación del tránsito de petróleo. A esto le siguió la señal política de Hungría de que no presentaría nuevas objeciones y la aprobación provisional por parte del Comité de Representantes Permanentes (Coreper).

Finalmente, se activó el procedimiento por escrito, un mecanismo que permite validar decisiones si no hay objeciones en un plazo limitado. Este método refleja la necesidad de evitar bloqueos de última hora y garantizar que el acuerdo llegue a buen puerto antes de reuniones clave del Consejo.

El levantamiento del veto húngaro no solo ha permitido aprobar el préstamo, sino también desbloquear el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. Esto refuerza la coherencia de la estrategia europea, combinando apoyo a Ucrania con presión sobre Moscú.

Sin embargo, el episodio también evidencia las tensiones internas dentro de la UE. Países como Hungría y Eslovaquia han demostrado su capacidad para condicionar decisiones clave cuando perciben riesgos para sus intereses nacionales, especialmente en materia energética.

El préstamo comenzará a desembolsarse previsiblemente entre finales de mayo y principios de junio, en dos tramos principales. Para Kiev, supone una garantía de estabilidad en un momento crítico, cubriendo gran parte de sus necesidades financieras para los próximos años. @mundiario