La recta final de LaLiga ha convertido la zona baja en un campo minado donde cada error puede ser definitivo. Seis equipos están separados por apenas cuatro puntos, una situación límite que mantiene en vilo a clubes históricos como el Sevilla, actualmente al filo del descenso.
El conjunto hispalense es uno de los grandes señalados en esta batalla. Con 34 puntos, su irregularidad le ha condenado a una posición crítica en la tabla, pero el problema va mucho más allá del césped. Un posible descenso podría desencadenar una crisis financiera de enorme magnitud, poniendo en riesgo la estabilidad del club a corto y medio plazo.
Por delante, equipos como el Valencia o el Mallorca intentan mantener una distancia mínima que les permita respirar, mientras que el Elche y el Deportivo Alavés se mueven en una cuerda floja constante, donde el golaverage puede ser decisivo.
Más abajo, el Levante y el Real Oviedo representan el drama en su máxima expresión. Especialmente el Oviedo, que parte con desventaja clara y necesita una reacción casi perfecta para evitar una caída que parece cada vez más cercana.
El calendario aprieta y los duelos directos marcarán sentencia. En un escenario donde lo deportivo se mezcla con lo económico, el descenso no solo significa perder la categoría: es, en muchos casos, un salto al vacío con consecuencias difíciles de revertir. @mundiario
