Trump asegura que Irán se encuentra en un “estado de colapso” y rechaza la propuesta de Teherán

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase donde el lenguaje político pesa casi tanto como los movimientos militares. Las recientes afirmaciones de Donald Trump, en las que asegura que Teherán se encuentra en un “estado de colapso”, introducen un nuevo elemento en la narrativa del conflicto: la percepción de debilidad del adversario como herramienta de presión negociadora. 

“Irán nos acaba de informar de que se encuentra en un ‘estado de colapso’. Quieren que ‘abramos el estrecho de Ormuz’ lo antes posible”, afirmó Trump, sin detallar los canales de comunicación utilizados. Esta afirmación se produce en un momento en el que el estrecho de Ormuz continúa siendo el principal palanca de la República Islámica en las conversaciones: un corredor por el que circula aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos y que se ha convertido en la principal palanca de negociación de Irán.

La última propuesta iraní, trasladada indirectamente a Washington a través de mediadores como Pakistán, plantea un intercambio claro: reabrir el estrecho y aliviar la tensión marítima a cambio de levantar el bloqueo estadounidense y posponer las discusiones sobre su programa nuclear. Este enfoque evidencia una estrategia de Teherán orientada a ganar tiempo y reducir la presión económica inmediata.

Sin embargo, la respuesta de Washington ha sido contundente. La administración estadounidense considera que cualquier acuerdo que no aborde desde el inicio el programa nuclear iraní carece de valor estratégico. En palabras del secretario de Estado, Marco Rubio: “No nos podemos permitir que se salgan con la suya. Debemos asegurarnos de que cualquier acuerdo que se alcance les impida definitivamente avanzar hacia un arma nuclear”.

Esta divergencia explica por qué las negociaciones permanecen estancadas. Mientras Irán busca una desescalada gradual centrada en el comercio y la logística energética, Estados Unidos insiste en un acuerdo integral que limite de forma permanente las capacidades estratégicas del régimen iraní.

La narrativa del “colapso”

El mensaje de Trump sobre un supuesto colapso iraní cumple una doble función. Por un lado, refuerza su posición interna en un contexto de presión política y económica derivada del aumento de los precios energéticos. Por otro, busca debilitar la posición negociadora de Teherán proyectando una imagen de urgencia y fragilidad.

No obstante, esta narrativa contrasta con otros elementos del contexto. Algunos funcionarios estadounidenses han reconocido que no se han tomado decisiones definitivas sobre la propuesta iraní, y que el propio Trump no parece inclinado a aceptarla. Además, la ausencia de confirmación por parte de Irán sobre ese supuesto mensaje pone en cuestión la veracidad o, al menos, la interpretación de dicha comunicación.

El núcleo del conflicto se mantiene intacto desde el inicio de la guerra el 28 de febrero: la incompatibilidad entre las exigencias estadounidenses y las líneas rojas de Irán. En este sentido, Washington reclama el desmantelamiento del programa nuclear, el cese del desarrollo de misiles y drones, y la retirada del apoyo a actores regionales como Hezbolá.

Teherán, por su parte, rechaza estas condiciones y apuesta por una negociación escalonada que preserve sus capacidades estratégicas.

La reciente gira del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, por Rusia y Pakistán confirma que Irán busca apoyos internacionales para reforzar su posición, mientras intenta mantener abierto un canal diplomático indirecto con Washington.

Presión económica y cálculo político

El cierre parcial del estrecho de Ormuz ha tenido efectos inmediatos en los mercados energéticos, elevando los precios del petróleo y generando tensiones en aliados clave de Estados Unidos. Este factor introduce una dimensión adicional en la estrategia de Trump, que debe equilibrar su postura dura con el impacto interno en la economía y el coste político de una guerra prolongada.

En este contexto, la decisión de cancelar reuniones presenciales y apostar por contactos telefónicos refleja una negociación en pausa más que un proceso activo. La extensión indefinida del alto el fuego tampoco ha servido para acercar posiciones, sino que ha congelado temporalmente un conflicto cuya resolución sigue siendo incierta.

Las declaraciones de Trump sobre el “colapso” iraní no solo buscan marcar el ritmo de las negociaciones, sino también definir el marco interpretativo del conflicto. Sin embargo, la realidad sobre el terreno sugiere un escenario más complejo: Irán mantiene capacidad de presión a través de Ormuz, mientras Estados Unidos conserva superioridad militar pero enfrenta limitaciones políticas y económicas. @mundiario