El fútbol tiene memoria, y pocas jugadas han resistido mejor el paso del tiempo que el penalti a lo Panenka. Medio siglo después, su creador, Antonin Panenka, sigue siendo voz autorizada para analizar una ejecución que mezcla técnica, sangre fría y una pizca de osadía. Desde Praga, el excentrocampista vuelve a escena con declaraciones que no han pasado desapercibidas.
A sus 77 años, el checo observa cómo su invención sigue viva en los grandes escenarios. Lejos de perder vigencia, el gesto técnico se ha convertido en símbolo de personalidad. Sin embargo, Panenka lanza una advertencia: no todos están preparados para ejecutarlo. En su opinión, el penalti no es solo cuestión de talento, sino de carácter y precisión milimétrica.
Su análisis, publicado por el diario Marca, apunta directamente a Vinicius Jr., uno de los nombres propios del fútbol actual. El brasileño, con un historial irregular desde los once metros, no convence al legendario exjugador. Panenka es tajante al asegurar que no le confiaría esa responsabilidad, subrayando que, aunque posee otras virtudes, el lanzamiento de penaltis no es una de ellas.
«Yo a Vinicius jr. no le dejaría tirar los penaltis. Tiene otras capacidades, pero no para los penaltis», dice sobre el delantero del Real Madrid, que ha fallado 6 penas máximas de las 19 lanzadas, incluidas una con la Canarinha y otra con la selección brasileña sub-20.
El origen de una genialidad irrepetible
Panenka recuerda con nostalgia los días en los que perfeccionaba su técnica tras los entrenamientos. En el modesto estadio Dolícek, repetía una y otra vez el gesto hasta convertirlo en arte. Aquella insistencia daría lugar a una de las acciones más icónicas de la historia del fútbol, ejecutada en la final de la Eurocopa de 1976 ante Alemania.
El secreto, según explica, residía en la combinación de carrera, engaño y contacto con el balón. No era un golpeo improvisado, sino el resultado de horas de práctica y una confianza absoluta. Aquella vaselina que sorprendió a Sepp Maier no solo dio un título a Checoslovaquia, sino que cambió para siempre la forma de entender los penaltis.
Su carrera posterior también estuvo marcada por ese sello distintivo. Tras brillar en el Bohemians 1905, dio el salto al Rapid de Viena, donde incluso logró imponerse en la tabla de goleadores a figuras consagradas. Siempre con el penalti como arma diferencial, Panenka construyó una trayectoria singular en el fútbol europeo.
Hoy, desde la distancia, reivindica su legado con orgullo. Reconoce que también falló lanzamientos, pero insiste en que en los momentos clave siempre respondió. Su mensaje es claro: el penalti a lo Panenka no es para todos. Es una obra de arte que exige valentía, precisión y una personalidad fuera de lo común. @mundiario
